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TEMAS DE LA SEMANA

Mauricio Macri en su laberinto

Por Roberto Bacman, Director Ejecutivo de CEOP.

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Mauricio Macri no llegó a la política de un modo tradicional: es un empresario educado en el exclusivo colegio privado Cardenal Newman y recibido de ingeniero civil en la Universidad Católica Argentina.

Se forjó como empresario en el holding familiar que creó su padre. Trabajó en Sideco Americana, fue gerente general de Socma y hasta ocupó la presidencia de Sevel.

Pero en realidad su arribo a la política se produjo de la mano del deporte: fue presidente de Boca Juniors entre 1995 y 2007.

Incursionó en la política en tiempos turbulentos, cuando el contrato social de la convertibilidad estallaba en mil pedazos y la crisis del sistema de partidos políticos de nuestro país era fatal e irreversible. Fundó el partido Compromiso para el Cambio y en agosto de 2003 se presentó como candidato a jefe de gobierno porteño. Ganó la primera vuelta (obtuvo el 37,55% de los sufragios), pero Aníbal Ibarra lo derrotó en el ballottage. No pudo superar la barrera de su imagen negativa, su falta de carisma, sus dificultades de oratoria y su dureza estructural como candidato. Posicionado como dirigente de centroderecha creó el PRO (Propuesta Republicana) junto a Ricardo López Murphy. Fue electo diputado nacional en las legislativas de 2005.

Su futuro político cambió cuando contrató a Jaime Durán Barba. El asesor de imagen ecuatoriano logró revertir sus debilidades, sobre la base de una estrategia sostenida en el marketing político. Lo fue convirtiendo en un dirigente que intentaba ocupar el espacio de la «nueva política»: dejó de llamarse Macri, para pasar a ser Mauricio, se puso énfasis en potenciar su perfil, sostenido en valores de eficiencia y buena administración como correlato de su formación como empresario.

En este nuevo contexto pudo dar su primer salto. En 2007 fue electo en segunda vuelta jefe de Gobierno. Pudo superar el estigma de su imagen negativa. Obviamente, en el triunfo mucho tuvo que ver Durán Barba: Macri fue un excelente alumno y cumplió a rajatabla los consejos de su asesor. Ablandó su imagen, su bigote se fue raleando hasta desaparecer, dejó de usar elegantes corbatas, para lucir un «look casual» más desestructurado y moderno. Se convirtió en el «alcalde» de esta Buenos Aires, algo para lo que se preparó durante muchos años.

En 2011 todo parecía indicar que sería uno de los candidatos a enfrentarse a Cristina Fernández en las elecciones presidenciales. Luego de muchas especulaciones y versiones de todo tipo y tenor, sorpresivamente renunció a tal postulación. Nuevamente el marketing político pudo más: prefirió abroquelarse en su cargo de alcalde, asegurar una reelección que sólo él garantizaba, y no competir en los comicios nacionales, donde la oposición (heterogénea, desorientada y dispersa) no lograba presentar un proyecto alternativo de gobernabilidad, y por lo tanto se convertía en una aventura de difícil pronóstico. Fue conservador y prefirió esperar una mejor oportunidad, sostenido en la idea de que cuatro años más de gestión lo ayudarían a consolidarse como un candidato presidencial, con más posibilidades y mayor anclaje nacional.

El pasado 2 de enero acordó con el gobierno nacional el traspaso al ámbito municipal del servicio de subterráneos. Y firmó un Acta, sellando tal acuerdo. Sin lugar a dudas un nuevo desafío que, seguramente, le permitiría prepararse para dar un nuevo salto cualitativo en su carrera y demostrarles a los argentinos que estaba construyendo un formato alternativo de gestión al que ofrece desde hace casi nueve años el gobierno que hoy preside Cristina Fernández.

Pero nuevamente el marketing pudo más. Macri sorprendió a propios y extraños, y en una conferencia de prensa anunció que la Ciudad no se podía hacer cargo de los subtes, que los números no le cerraban, que su gobierno no estaba en condiciones de asumir los costos de dicho traspaso. Nuevamente evitó el riesgo, y su decisión impactó en su imagen positiva, y en marzo y a nivel nacional, descendió 7 puntos porcentuales con respecto al mes anterior.

Mucha agua deberá correr debajo del puente con respecto a ese tema. Habrá que ver cómo termina. El macrismo está dispuesto a judicializar la cuestión y llegar hasta la Corte Suprema. El Gobierno usó otra estrategia y envió al Congreso Nacional una Ley de Traspaso que ya tiene media sanción del Senado. Frente al desafío optó por la seguridad y volvió a cobijarse en su rol de alcalde. Quizás vale la pena tener en cuenta que un dirigente político para encontrar la salida de un laberinto (por más complejo que sea) además de formación debe poseer carisma y tomar decisiones que mayormente implican asumir riesgos. Y el carisma es un don, algo que de modo inexorable no puede construir el marketing político.

 

DZ/sc

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