Tiempo en Capital Federal

27° Max 18° Min
Despejado
Despejado

Humedad: 51%
Viento: Nordeste 26km/h
  • Sábado 28 de Noviembre
    Cubierto21°   29°
  • Domingo 29 de Noviembre
    Parcialmente nuboso21°   31°
  • Lunes 30 de Noviembre
    Nubes dispersas16°   23°
Estado del Tránsito y Transporte
Actualizado: 20/09/2016 09:27:39
Tránsito
Trenes
Vuelos
Cargando ...

TEMAS DE LA SEMANA

Públicos y privados: cómo se distribuye la matrícula

En Núñez, Belgrano y Colegiales, el 74 por ciento de los chicos de nivel primario se educa en colegios privados. En La Boca y Soldati no llegan al 30 por ciento.

Email This Page
Colegio_Hans_Christian_Andersen

La educación privada tiene un largo arraigo en la Ciudad pero su morfología fue variando. Desde opción única y exclusiva para las familias patricias en épocas del virreinato y primeras décadas de la independencia, monopolio del clero durante años, sobrevivió sobre la base de la ilusión de la “excelencia” y de su base confesional a la competencia de la educación pública, laica y gratuita generalizada a partir del último cuarto del siglo XIX.

Desde los años 90 a esta parte, sin embargo, la educación privada “se democratizó”, gracias a un crecimiento de la oferta y a un abaratamiento de los aranceles. La subvención de la educación privada parte prácticamente desde la génesis del Estado nacional. Se dictó legislación al respecto tanto bajo el gobierno del general Perón como durante la Libertadora. Recién en 1964 un decreto de Arturo Illia reglamentó la distribución de los subsidios. Más tarde, aquella normativa fue reemplazada por el aún vigente decreto nacional Nº 2.542/91 de Carlos Menem. Allí se define el objetivo de la subvención a la educación privada como “asegurar la opción de los padres a elegir la escuela para sus hijos, en el marco de la libertad de enseñar y aprender que garantiza la Constitución”. La Convención Constituyente porteña, en 1996, le dio estatus constitucional a los “aportes al funcionamiento de establecimientos privados de enseñanza, de acuerdo con los criterios que fije la ley, dando prioridad a las instituciones que reciban a los alumnos de menores recursos”.

El aporte estatal se aplica al financiamiento de un porcentaje de los sueldos –incluidas las cargas patronales– de docentes, auxiliares y directivos. Las instituciones que no cobran aranceles y son reconocidas como gratuitas por la Dirección General de Escuelas de Gestión Privada pueden recibir contribuciones que cubren toda la carga salarial del personal. En cambio, las instituciones que cobran cuota o arancel reciben un porcentaje que variará de acuerdo con las características económicas de la zona y de la población escolar. Aunque finalmente todos las consideraciones se resumen en la presentación de una “declaración jurada” por parte de las autoridades de la institución interesada.

Los privados están autorizados a cobrar aranceles por tres conceptos: por enseñanza programática (la que sigue los programas oficiales), por enseñanza extraprogramática (cursos de extensión o a contraturno, por fuera del programa oficial) y “por otro concepto”, el más lábil, que se refiere a prestaciones de servicios no educativos (el transporte, por ejemplo). En promedio, el Estado aporta el 32 por ciento de los ingresos de las escuelas primarias. Al margen de los costos laborales y del monto de los aranceles, a la hora de determinar el subsidio no se toman en consideración donaciones u otros ingresos extraordinarios recibidos por la institución.

El monto previsto para estos subsidios en el presupuesto 2015 asciende a más de 2.800 millones de pesos. Según el cálculo del sindicato docente Ademys, esto significa que se destina un peso por alumno de escuela privada por cada tres pesos que se aplica a cada alumno de la escuela pública estatal. “El caso más llamativo es el de las escuelas especiales privadas que, cobrando aranceles mensuales de más de $7.000, reciben subsidios de hasta el 80%, lo que supone una fragrante diferencia con lo que se invierte por alumno en una escuela especial pública”, asegura la dirigente gremial Laura Marrone.

La comuna que menos aportes estatales requiere es la 13 –que incluye los barrios de Núñez, Belgrano y Colegiales– donde se subsidia el 23 por ciento de los aranceles. En el paquete barrio de Recoleta (Comuna 2), el Estado subsidia el 33 por ciento. Las que más subsidios requieren son las comunas de la zona sudoeste, como la 4, que incluye La Boca, Barracas, Parque Patricios y Nueva Pompeya, que recibe del Estado el 48 por ciento de sus ingresos. La 9 –Liniers, Mataderos y Parque Avellaneda– y la 8 –Villa Soldati, Villa Riachuelo y Villa Lugano– reciben el 44 y 43 por ciento, respectivamente.

Hay barrios y barrios
En la ciudad, actualmente la matrícula se distribuye entre establecimientos públicos y privados en partes iguales, con apenas una luz de ventaja a favor de las instituciones estatales.

La privada es la que más creció: mientras que la matrícula estatal pasó de 380.547 alumnos en 2003 a 390.612 alumnos en 2013, la de la educación privada saltó de 304.570 a 365.662 estudiantes en el mismo período.

Según un relevamiento de la Dirección General de Calidad Educativa, que depende del Ministerio de Educación de la Ciudad, la mayor concentración de la matrícula de nivel primario en instituciones privadas se da en las comunas de la zona norte. En Núñez-Belgrano-Colegiales, las escuelas privadas reúnen el 74 por ciento del total de los alumnos. Le siguen Recoleta con el 59 por ciento y Palermo (Comuna 14) con el 58 por ciento. Allí, además, casi el 80 por ciento de los docentes trabajan en escuelas privadas.

En el otro extremo, la que menos alumnos tiene en el sistema privado es la zona sur, entre el 27 y el 30 por ciento en la franja que va de La Boca a Villa Soldati.

Los interrogantes son muchos. ¿Corresponde esta transferencia de recursos del erario público a instituciones privadas, creadas en su mayoría con fines de lucro?

El monto que se destina –aproximadamente el 16 por ciento del total del presupuesto educativo–, ¿no podría aplicarse a resolver las acuciantes necesidades de infraestructura que padecen los colegios porteños? Actualmente, reciben poco más del uno por ciento del total para paliar sus necesidades edilicias y, para colmo, esas partidas se subejecutan.

La equiparación formal entre educación pública y educación privada significó, sin duda, un progreso para los privados.
Detrás de la libertad de elegir, ¿no hay un velado incentivo a la educación privada y un progresivo abandono de la escuela pública, laica y gratuita?

DZ/ah

Fuente Redacción Z
Email This Page
0 Comentarios
Sé el primero en dejar un comentario!

Deja tu comentario