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TEMAS DE LA SEMANA

Martina Gusmán: ‘Soy la misma en La Matanza y Cannes’

Es la protagonista de Carancho, de Pablo Trapero, ahora candidata argentina al Oscar.

Por Alicia Beltrami
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Aunque desde que se es­trenó Carancho, el film que protagoniza con Ricardo Darín, debe ha­cer magia para repartir su tiempo entre los viajes de lanzamiento, la producción cinematográfica, la ac­tuación y las clases de piano, a la hora de definirse Martina Gusmán elige ser «sobre todo la mamá de Mateo», el hijo que tiene con su marido Pablo Tra­pero, director de todas las películas en las que actuó y con quien fundó en 2002 la productora Matanza Cine. La pa­reja se conoció en 2000, ella pro­ducía publicidades, él había presen­tado su ópera prima Mundo grúa. Desde entonces, familia y traba­jo son parte de un mismo relato. «No sé cómo es no trabajar con Pa­blo. Es intenso, difícil, todo se jun­ta y nunca lográs separar los temas, pero también es creativo y hermo­so poder acompañarnos», dice con tono amable.

¿Es difícil hacer cine en el país?
Es muy difícil. No para un direc­tor como Pablo que tiene inserción en el circuito y apoyo de la prensa, pero sí para muchos otros. Igual es posible, porque se hacen cerca de 45 películas por año y el Incaa ayuda, pero se hace muy difícil lanzarlas. Hay mu­cho movimiento pero no una industria redi­tuable.
¿Qué debe tener una historia para que te interese?
Intensidad y profun­didad, porque entien­do que el actor tiene el poder de ser voce­ro para que la histo­ria llegue a personas que de otro modo no conocerían esos mundos. Es el poder de transmi­tir para generar una reflexión. Me siento más plena con los papeles comprometidos socialmente, pero también me gustaría calzarme los tacos y hacer humor: a través de la comedia también se pueden contar lindas historias.
¿Qué no harías?
Un personaje que no tenga algo in­teresante para transmitir o un pro­yecto con el que no me identifi­que ideológicamente. No haría lo que no estoy capacitada, no podría bailar por un sueño, por ejemplo, porque no sabría cómo. Me pare­ce bien que exista, pero no me veo con plumas.
¿Qué etapa disfrutás más?
La investigación, ir metiéndome en los zapatos del personaje. Aho­ra estoy trabajando para una pelí­cula de Santiago Palavecino, que se llama Tarde. Interpreto a una profe­sora de piano y estoy tomando cla­ses, eso me gusta mucho. El rodaje también lo disfruto, aunque requie­re de una cosa más hermé­tica, la previa es más viven­cial. Y el lanzamiento tiene su encanto porque se cie­rra el círculo, empezás a re­cibir lo que le pasa a la gente y es muy fuerte.
¿En qué modificó tu vida Leo­nera?
Mientras me preparaba para inter­pretar a Julia (una joven universi­taria embarazada que cumple una condena en prisión) escuché y viví situaciones muy intensas con las mujeres en los penales y me que­dó la sensación de la imposibilidad de juzgar a nadie y de estar agrade­cida de poder volver a mi casa, ver a mi hijo y sentir lo privilegiado que somos los que podemos tener una vida sana, trabajar y vivir de lo que nos gusta.
¿Y Carancho, en la que interpre­ta a una médica de un hospital del conurbano bonaerense?
Me ayudó a valorar la inmediatez del presente porque en los seis me­ses que me preparé en un hospital de La Matanza vi muchas situacio­nes en las que la vida cambiaba en un segundo.
¿Cómo te llevás con la exposi­ción pública?
Si bien mi formación es como ac­triz, mi oficio es el de productora y de a poco me fui animando más a la actuación. Estoy agradecida, no me enrosco, creo que son diferen­tes partes del mismo trabajo: yo soy la misma chica que va a un hospital en La Matanza y a Cannes.
¿A qué le tenés miedo?
Alo desconocido, a la muerte, a la degradación y al dolor que puede causar una enfermedad. Antes de hacer Carancho, veía a alguien que se desmayaba y se me bajaba la presión, el trabajo me ayudó a su­perar ese miedo.
¿Qué premio valoraste más?
Cuando se promulgó la Ley de pri­sión domiciliaria para madres em­barazadas o con niños de hasta cuatro años. Sucedió después de estrenar Leonera, que si bien no fue el motivo ayudó a acelerar el proceso. Ese día fuimos a los pe­nales y fue muy fuerte saber que contribuimos con un granito de arena, comprobar que los movi­mientos sociales y culturales pue­den provocar cambios.

Fuente Redacción Z
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