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Martín Slipak: ‘Hay cierta picardía porteña que me cae bastante bien’

Mientras se prepara para volver a la tevé en Babylon, cuenta su gusto por los papeles difíciles.

Por Magalí Sztejn
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Hace tiempo que Martín Slipak dejó de ser una revelación para convertirse en un actor interesante. Algunos lo recuerdan como El Coya de Magazine for fai y otros como Damián en el exitoso unitario Tratame bien. Su placer por la actuación, oficio que descubrió de muy pequeño, crecen a la par de las críticas elogiosas y de los premios. Se lució en el papel de Leslie en la obra Sallinger, de Bernard-Marie Koltès, que dirigió Paul Desveaux en el San Martín. Ahora se prepara para volver a la televisión con Babylon, un policial producido por Gastón Portal que irá por Canal 9 este mes. En cada capítulo, los personajes tendrán que resolver un caso diferente. Luis Luque, Norman Briski, Federico Olivera y Martina Gusmán forman parte del elenco.

Slipak dice que su participación en Sallinger lo marcó: «Decir esos textos arriba del escenario y en un teatro como el San Martín está ligado a un rol de responsabilidad cultural -digo cultural en relación con lo social- que me gusta y me excita».

¿Habías leído a Sallinger?
Voy a quedar como un ignorante, pero no leí a Sallinger, y tiene una novela de las que más se han leído en la historia. Fue una disyuntiva leerlo o no antes de la obra y creo que la mayoría del elenco decidió no meterse para poder anclar el trabajo en la construcción sin preconceptos. La propuesta del director fue no cargar a ninguno de los actores de ninguna información extra, porque quería concentrarse sólo en lo que sucedía en el escenario.

¿Qué sentís cuando te encontrás con críticas tan buenas?
Creo que la felicidad que te generan está relacionada con el esfuerzo que uno pone cuando hace este tipo de obras. Es halagador y ayuda a seguir con la cabeza levantada. Fue como un nuevo oxígeno que me permitió salir a hacer la obra y estar seguro, pero realmente demanda mucho del actor, y siento que eso es lo que se reflejó y por qué las críticas destacaron el trabajo. Si te relajás y te hacés el canchero sobre el escenario, algunas obras te pasan por encima.

¿Cómo salís de cada función?
Uno va aprendiendo a administrar la energía. Cuando salgo del teatro, el día se transforma en una espera. Descanso, no gasto energía de más. De Sallinger, particularmente, salí siempre bastante arriba.

¿En qué momento la actuación se convirtió en una profesión?
Nunca hubo un momento en el que decidí ser actor, se dio. De lo que sí tuve conciencia desde el comienzo es que era un trabajo. Para ser tan chico, tenía una responsabilidad que a la gente le sorprendía. Siempre me gustó mucho. Desde que empecé a estudiar trabajé, porque surgieron propuestas que me generaban deseo, como Magazine for fai. A veces me entusiasmé demasiado con cosas que debería haber pensado más o más en familia. El deseo me llevaba a hacerlas y después me arrepentía. Por suerte cada vez tengo más ganas de hacer y menos de hacer cosas que no me motivan. Fui viendo, aprendiendo y decepcionándome.

¿De qué manera influyó en vos tener padres psicólogos?
Más que nada en analizar, aunque eso me trae problemas. En una época supongo que me sirvió para encarar cierto trabajo de la actuación, estaba un poco obsesionado por la psicología de los personajes. Después no fui tan psicologista en la actuación y busqué trabajar más con mi estado. Creo que en ese momento estoy ahora, en poder recorrer una escena lo más sincera y vívida posible pero sin demasiado preconcepto.

¿Cómo es ser padre joven?
Creo que hay ciertas libertades que se acotan un poco. Pero construir este vínculo tan temprano y crecer juntos es hermoso. Es tan increíble estar con mi hija, ver cómo se fascina con las cosas más chiquitas. Ahora está encantada con los pintores. Es increíble ver cómo le empiezan a gustar las mismas cosas que a vos o cuando empieza a enseñarte cosas ella.

¿Qué te gusta de la ciudad?
Te diría que todo. La valoricé mucho después de viajar. El nivel cultural que tiene es impresionante. También el arquitectónico. Me gusta pasear y mirar.

¿En qué te sentís porteño?
No me gusta la soberbia de los porteños, pero hay cierta picardía que me cae bastante bien y que uno la empieza a pescar cuando viaja. Creo que el argentino es bastante ingenioso.

DZ/sc

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