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TEMAS DE LA SEMANA

Martín Sharples: Un luchador que no cede ante los golpes de la vida

Perdió una pierna en un accidente y debió dejar el rugby, su gran pasión. Lejos de resignarse, se dedicó al atletismo y ahora sueña con volver a las canchas.

Por Matías Navarro García
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martin_sharples

Durante 26 años, la vida de Martín Sharples transitó por los andariveles normales: tras terminar la secundaria eligió continuar el camino de su padre y ser bombero. Sin embargo, la carrera no le gustó y se inclinó por el trabajo en los ferrocarriles, mientras lideraba el equipo de rugby del club de toda su vida, Porteño.

Pero una mañana de abril todo cambió: un accidente de tránsito obligó a que le amputaran la pierna izquierda, debió retirarse de las canchas de rugby y descubrió otra pasión, el atletismo.

¿Cómo ocurrió el accidente?

En 1993 fui a Pergamino a ver un partido de Los Pumas y a comer a lo de un amigo. Había ido con la moto, pero a la hora de volver estaba lloviendo y me ofreció traerme a Capital y dejar la moto en su casa, para irla a buscar a la semana siguiente. Tuve tanta mala suerte que cuando volví, ocurrió.

¿En qué pensaste primero cuando te enteraste de la amputación?

En el rugby. Había sido un año muy bueno del equipo, con una gira a Estados Unidos incluida, justo un mes antes del accidente. Yo sacrificaba mucho para jugar. Por ejemplo, cuando coincidían los días de trabajo con los entrenamientos, le pagaba a un compañero para que me cubriera. Era mi pasión.

¿Tenías relación con el atletismo antes del accidente?

Jugando al rugby, había participado de algunas carreras de 10 o 12 km, pero sólo como forma de entrenamiento. Cuando pasó lo que pasó, vi la meta de corredor, con la dificultad que implicaba.

Y arrancaste a pesar de los prejuicios…

Sí, porque en realidad mi categoría es con sillas de ruedas, pero no quería eso, yo quería correr. Estaba muy incentivado. Y eso que tuve bastante negativa de profesionales, que me decían que era casi imposible correr con una prótesis. Me generó una desilusión enorme porque, además, me decían que las prótesis eran muy caras.

¿Cómo superaste ese escollo?

En 1995 tuve mi primera carrera con una prótesis muy básica. Es más, ni corría, casi que saltaba. Estuve así mucho tiempo hasta que pude conseguir la de alto rendimiento, una vez que recurrí a la Superintendencia de Obras Sociales. Igual eso tampoco fue una gran solución: tenía que regular mucho mi esfuerzo en los entrenamientos, porque si me exigía mucho, se me rompía y tenía que estar un mes parado.

¿Cómo te recibieron los atletas convencionales?

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Fuente Redacción Z
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