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TEMAS DE LA SEMANA

Martín Palermo, un goleador de otra época

Por Alejandro Fabbri. Vélez es un justo campeón, pero las miradas se posaron en él.

Por Alejandro Fabbri
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Si el fútbol se corporizara en una persona, si pudie­ra hablarle a la gente que lo mira, a los millones de seres humanos que se apasionan más de la cuenta por el depor­te de la pelotita, debería hacerlo pronunciando una frase conoci­da y reveladora: «Dicen que soy aburrido…», tal como ar­gumentaba en la propagan­da electoral Fernando de la Rúa, antes de vencer a Eduar­do Duhalde en 1999.

Pero si el fútbol de hoy es aburrido, los últimos días han sido entretenidos, con una enorme dosis de irregulari­dad, con equipos que pasan de mejor a peor en cuestión de horas y con una defini­ción apasionante en el tor­neo Clausura. Ese entreteni­miento nos llevó a disfrutar al Barcelona español, a seguir la pelea con Real Madrid, a ve­rificar que el engendro de se­lección que paseó dudas y moles­tias por Nigeria y Polonia no fue una buena idea.

Y en la quincena que se está yendo, asistimos a la eliminación injusta de Vélez en la Copa Liber­tadores y a su consagración en el campeonato local. Fue el mejor de todos, tuvo los puntos altos en ren­dimiento individual y pudo festejar sacándose de encima la margina­ción de la Copa. Por una vez, fue­ron Vélez y Lanús los mejores. Por una vez, los dos clubes que mejor trabajan por el socio se pelearon para quedarse con el campeonato. Por una vez, hubo justicia.

Pero claro, se despidió Martín Palermo. Convocó a una multitud en la Bombonera como no se veía en los últimos años y fue el centro de un homenaje espectacular. Qui­zá no haya estado a la altura de las fiestas que se hacen en Euro­pa, pero que cincuenta mil perso­nas coreen solamente el nombre de una persona, no ha pasado nunca en el fútbol argentino. Una trayec­toria exitosa, una presencia temi­da en el área rival, goles converti­dos de todos las maneras posibles y una vida fuera de la cancha con situaciones dignas de una película, inclinaron definitivamente a los hin­chas de cualquier equipo hacia Pa­lermo, a quien hasta los más faná­ticos anti-Boca le rinden honores y respetan su condición de goleador e ídolo, sumando a eso el respeto ganado por su profesionalismo y su hombría de bien.

Palermo llegó en los números a un lugar increíble. Superó en el último año y medio a goleadores históricos como Bernabé Ferreyra, Carlos Bianchi, Oscar Mas, Ricardo Infante y ahora le toca el turno al irascible «Nene» Sanfilippo. Se que­dó muy cerquita de Pelegrina y se ganó a fuerza de meterla y meter­la, un lugar imposible de imi­tar, aventajado sólo por Ar­senio Erico, Ángel Labruna y Herminio Masantonio. Hizo suya la leyenda de que na­die, en los tiempos vertigino­sos que corren, iba a estar en condiciones de llegar a pasar los 225 goles. Lo imposible, la utopía, cedió lugar al feno­menal goleador.

Algunos detalles lo dis­tinguen a Palermo respecto de la mayoría: tuvo un pro­fesionalismo fuera de lo co­mún para recuperarse de sus lesiones, nunca tuvo pala­bras fuera de lugar para na­die, se preparó para volver como ninguno, se ganó la idolatría de los hinchas de Boca pero nun­ca le dijo a nadie que era simpa­tizante boquense desde la niñez, como hacen la mayoría de quienes se calzan la camiseta auriazul. In­cluso, en su discurso final ante la multitud, les recordó que él seguía siendo hincha de Estudiantes de La Plata y nadie se enojó, porque se ocupó siempre de aclararlo. Ho­nestidad intelectual, que le dicen.

Esa manera de actuar, esa bús­queda incesante del gol, esa idea de entrenarse y prepararse para cada partido como si fuera una fi­nal, lo distinguirá para siempre. Ex­celencia en su gestión, hombría de bien. Algo que lo emparenta con Barcelona y su sinfonía futbolera que brilló en un nivel imposible de alcanzar, tanto en la liga española como en la Champions League.

Barcelona deslumbró porque fue mejor que todos sus rivales. Porque nunca se dejó marear por el éxito y porque tiene a Messi, a Xavi, a Villa, a Iniesta y a un grupo de futbolistas notables que lo han puesto en la vidriera como el me­jor equipo del mundo. El equipo catalán se subió a la tarima don­de se ubican el Santos de Pelé y el Ajax de Cruyff. Llegó a un lugar por mérito indudable y porque hoy no hay equipo de club en el mundo que juegue como ellos.

Por esa razón los hechos vivi­dos en el fútbol de los últimos días han sido apasionantes y diver­tidos, más allá de la calidad que ofrece el Barça. Ahora viene lo mejor: la definición en la tabla de los promedios, el morbo alrededor de River y su pésimo momento de­portivo, la llegada de Messi y com­pañía para intentar ganar la Copa América. Se vienen tiempos mejo­res porque hay expectativa.

Aunque Palermo se haya retira­do, aunque el Barça esté de vaca­ciones, aunque la Selección todavía no haya dado su prueba de fuego en el torneo continental. Así, el fút­bol sigue vivito y coleando.

DZ/km

 

Fuente Especial para Diario Z
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