Tiempo en Capital Federal

17° Max 13° Min
Cubierto con lluvias
Cubierto con lluvias

Humedad: 67%
Viento: Este 35km/h
  • Jueves 22 de Octubre
    Cubierto con lluvias14°   17°
  • Viernes 23 de Octubre
    Muy nuboso17°   21°
  • Sábado 24 de Octubre
    Cubierto18°   22°
Estado del Tránsito y Transporte
Actualizado: 20/09/2016 09:27:39
Tránsito
Trenes
Vuelos
Cargando ...

TEMAS DE LA SEMANA

Mario Roberto Alvarez: El arquitecto nacional

Su estilo elegante y funcional marcó el rumbo estético durante décadas. Su estudio tuvo a cargo algunos de los proyectos más importantes del país. 

Email This Page
ARQUITECTO copy

Docente de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (UBA) y autor de reseñas y diversos artículos sobre su obra, Fernández Rojas opina que Álvarez “es de los pocos arquitectos que logran tener 50 años de coherencia arquitectónica en una misma línea”. Ésa sería la diferencia con otros que no supieron mantenerse dentro de un registro de una modernidad tan sofisticada, gracias a “una consistencia muy extendida al margen de las modas”. “Lo interesante de Álvarez es que es el arquitecto más importante que dio la ciudad, pero también en la Argentina y en gran parte de América del Sur: es uno de los más importantes del siglo XX, posiblemente junto a Oscar Niemeyer, el gran arquitecto brasileño. Álvarez es el más emblemático de la segunda generación de arquitectos modernistas”, afirma. “La ciudad está regada de sus obras. Hay varias en las zonas de Retiro, Belgrano y Microcentro. Tiene alguna en Caballito y en otros barrios, pero son edificios de menor escala”, comenta Fernández Rojas. Y añade: “Sobre Alem, entre Retiro y la Casa Rosada debe tener como diez edificios de su autoría. Era la época de las constructoras alemanas en Buenos Aires, que trabajaban con un racionalismo más purista”.
¿Cómo fueron los primeros pasos de Álvarez?
Él se recibe en 1936, con lo cual el período más representativo de la modernidad era como que ya había pasado. Entonces, él se incorpora a un modelo de producción que ya estaba funcionando. En 1948 recibe unos encargos para lo que eran los centros sanitarios en el interior del país, y lo interesante es que empieza a trabajar con materiales locales como ladrillos, techos inclinados con tejas, con lo cual se puede pensar que se fertiliza e incorpora nuevos argumentos formales que permiten que su arquitectura tenga identidad propia, que no sea simplemente una mera transcripción o copia de la arquitectura de Europa. A partir de ahí, él tiene una serie de encargos muy importantes, pero a mediados de la década del 50 recibe el encargo del Teatro San Martín, que es uno de los complejos culturales más importantes de Buenos Aires.
¿Cuáles fueron los años de mayor actividad para Álvarez?
Yo diría que su arquitectura que va entre 1948 hasta prácticamente finales de la década del 80 es su época más productiva, y con una “media” de edificios muy buena que recorre casi cincuenta años. La verdad que las décadas del 40, 50 y 60 fueron muy productivas. Él se incorpora a la modernidad desde un ámbito de producción distinto al de modernidad emblemática.
¿Comenzó a proyectar los primeros edificios de propiedad de horizontal?
Sí, había un modelo de desarrollo que tiene que ver con una necesidad de trabajar con un modelo tipológico de viviendas que se inscriben dentro de la casa de rentas. En el 40 y el 50 se libera lo que es el régimen de propiedad horizontal, se comienza a trabajar en altura y él se incorpora a ese modelo productivo. Es decir, recibía encargos privados que daban cuenta de las necesidades de vivienda para un determinado tipo de público que aspira a tener una vivienda propia. Luego hará otras cosas: edificios de oficinas entre las décadas del 50 y el 80, muchísimos, como la Torre IBM, el Edificio American Express, que son muy emblemáticos. Y sobre todo el Somisa.
¿En qué corriente arquitectónica se inscribía Álvarez?
Él se inscribió en la llamada corriente “profesionalista”, que se diría que no tendría que ver con cierta “artisticidad”, porque se incorporaba al modelo productivo. Eran edificios parecidos a los que tenías al lado. Pero la diferencia era que Álvarez los hacía mejor: lo artístico en él residía en que lo que proyectaba era superior a diferencia de otros arquitectos. Me parece que lo suyo no es una cuestión singular, generó conciencia en el resto de los profesionales, que permitió la reproducción de su forma de hacer la arquitectura en muchos lugares. Por ejemplo a Clorindo Testa le tocó hacer edificios muy singulares, en cambio a Álvarez le tocó hacer esta arquitectura del “día a día”. Y realmente la hizo muy bien, generando una gran cantidad de detalles constructivos innovadores hasta una organización de planta totalmente diáfana.
¿Qué palabras definen a su arquitectura?
Me parece que si hay una palabra que lo define es la “precisión”: Precisión en los detalles, en la constitución y organización del espacio. Y también la sobriedad y la universalidad.

 

CLORINDO TESTA
Dos estilos contrapuestos

Como si fuera un River-Boca dentro de la arquitectura nacional, Clorindo Testa –autor del edificio de la Biblioteca Nacional, entre muchos otros– representaría a los arquitectos que operan más desde la singularidad, al margen del modelo productivista de grandes edificios en los que Álvarez trabajaba.
¿Cómo define usted el estilo de Mario Roberto Álvarez?
Yo diría que siempre fue muy preciso. Sus obras estaban perfectamente estudiadas y vos sabías cómo eran. Había una perfección en sus obras. Él me llevaba como diez años a mí, yo siempre lo vi como un tipo mayor. O sea, las obras de él uno siempre las miraba. Era muy buen arquitecto.
¿Cómo era su relación con él?
Éramos amigos aunque no tan cercanos, porque estaba esa diferencia de edad. Más allá de las diferencias entre su arquitectura y la mía, siempre había mucho respeto entre ambos.
Usted sería paradigma del “arquitecto-artista” y él del “arquitecto-ingenieril”.
Claro, eso lo sabíamos, pero nunca hubo ninguna conversación ni discusión sobre cómo tenía que hacer tal cosa cada arquitecto. Cada uno respetaba el punto de vista del otro.
¿Puede contar alguna anécdota de sus encuentros con él?
A ver… la anécdota que recuerdo es que hace muchos años nos juntábamos con otros amigos una vez por semana en La Biela para hablar sobre arquitectura. Y un día yo me olvidé de ir, cosa que me recriminó siempre. Y entonces, dijo que había que ponerle una multa al que no iba: tenía que pagar todo el próximo encuentro (risas).
¿Cuál es el legado que deja Álvarez para Buenos Aires?
La perfección de sus obras. Cuando uno pasa por el Teatro San Martín, lo admira siempre: adelante y atrás. Me gusta la obra en sí, cómo está resuelto el hall de entrada. Es una obra muy bien efectuada y que permanece en el tiempo.

 

Circuito Alvarez

  • Teatro y Centro Cultural San Martín (1953-60): Av. Corrientes 1530.
  • Sanatorio Güemes (1970-86): Acuña de Figueroa 1240.
  • Edificio Somisa (1966-77): Diagonal Sur y Belgrano.
  • Puente Reconquista (1966-67): Av. Juan B. Justo y Av. Córdoba.
  • Ampliación Teatro Cervantes (1962-69): Av. Córdoba 1155. 
  • Ampliación Teatro Colón (1969-72): Libertad 621.
  • Galería Jardín: Florida 537.
  • Torre Club Alemán (1970-72): Av. Corrientes 327.
  • Torre IBM (1978-83): Ing. Enrique Butty 275.
  • Torre Le Parc (1992-96): Demaría 4500.
  • Hotel Hilton de Puerto Madero (2000): Macacha Güemes 351.
  • Museo de Esculturas Luis Perlotti (2008): Pujol 644.

 

Fuente Redacción Z
Email This Page
0 Comentarios
Sé el primero en dejar un comentario!

Deja tu comentario