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TEMAS DE LA SEMANA

Mario Pasik: “Yo juego, y cuanto más me crean, mejor”

Mientras estrena nueva obra de teatro, cuenta que le dicen cosas por la calle por su interpretación del perverso fiscal Miguel Ángel de Mendoza.

Por Brenda Salva
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Se hace odiar cada vez que le toca el papel de villano, pero para él es un juego más que lo transporta a otras historias y mundos. Ahora trabaja en la tira Farsantes, interpretando a un abogado, hermano y enemigo de Guillermo (Julio Chávez). Viernes y sábados se sube al escenario junto a Ingrid Pelicori y Diego de Paula para hacer Antílopes, dirigida por el binomio Urquijo–Dufau.

Mario Pasik debutó en la pantalla grande con el cortometraje El gallo ciego en 1972. Luego de esa experiencia, el camino del actor fue cuesta arriba, con protagónicos en cine, teatro y vasto trabajo en televisión. Pasik conversó con Diario Z sobre la tira, el teatro y el público que lo sigue.

¿Cómo describiría a Farsantes?
Como un muy buen disparador. Porque habla de la infidelidad, del amor, de la relación de padres e hijos, de la homosexualidad, del alcoholismo. Creo que lo que está pasando es que los personajes son creíbles porque tocan fibras particulares e íntimas. Me gusta la palabra “disparador”, me parece bárbaro que además de entretener no distraiga. Y creo que se apoya en un muy buen andar y que deja reflexión posterior. Lo de Farsantes es de una calidad particular.

En 1986, protagonizó junto a Arturo Bonín Otra historia de amor, en la que tenían una relación romántica. ¿Qué diferencias ve en el público de entonces y el de Farsantes?
Otra historia de amor era una película romántica. Al director le costó bastante encontrar un productor para hacerla. Hoy la gente está más preparada e involucrada con lo que puede llegar a ser esa problemática. Aquella era una historia de amor muy valiente en su momento, pero por alguna razón se dejó de lado la problemática del SIDA, no se vio ni un fotograma con un profiláctico. Me parece que las cosas han cambiado en muchos sentidos. Creo que va a algo más profundo y más en este momento, donde la identidad sexual no encierra sólo a dos frentes; es como la política, no hay sólo dos partidos, son un montón. Va a pasos aceleradísimos.

¿Hay algo de la tira que no le guste o quisiera modificar?
El tiempo para hacerlo. Estaba previsto hacer un unitario y estamos haciendo cuatro unitarios por semana. No estamos haciendo una tira de cuatro capítulos, estamos haciendo mucho más. Es muy buena la manera que tiene el programa de encarar el trabajo de los abogados con respecto al aquí y ahora. Se ha hablado de cosas muy fuertes, por ejemplo un hijo que tenía en una situación terminal a su padre y decide desconectarlo. Eso es un trabajo muy profundo y eso se da en la tira. Y como esos, se han abordado montones. Farsantes no es una novela común.

¿Cree que hay un cambio de mentalidad en la gente?
Cada vez la gente tiene más ganas de fisgonear, incluso en el momento en el que Benjamín (Vicuña) tenía un compromiso ineludible en Chile y salió de la tira. La gente se involucra y no acepta, y opina como se puede opinar de un reality. La vida como la vida misma no es así. Siempre existió esto con las novelas pero en esquemas más sencillos, acá creo que pasa por algo más. Y en todo caso, más allá de que plantea un tema de relación homosexual, creo que la gente lo que pide es lo genuino de los sentimientos, con una menor cuota de maquillaje y de lo que “debe ser”, porque en general la gente no siente lo que debe ser, sino lo que siente y punto.

¿Le cuesta despegarse del rol de malo?
No quiero decepcionar a nadie, pero la verdad es que no me cuesta nada. Yo juego. Pero lo que te puedo decir es que haciendo de gay, o de abusador de sus propios hijos, no me costó hacerlo pero sí verlo. Lo que trato en mi trabajo es que por ningún lado se me filtre un subtítulo o donde pretenda decir “ojo que yo no soy”. Yo juego, y cuanto más me crean, mejor. Y la verdad es que me están creyendo mucho, no digo demasiado, pero las cosas que me dice la gente… Después está la complicidad, se aflojan en seguida para que yo entienda que no dicen en serio. Pero la gente me quiere eliminar (se ríe).

¿En qué lugar se siente más cómodo?
No exactamente cómodo, sino en qué condiciones. A mí me gusta mucho la comedia en TV. Si hay una buena historia, te diría que me gusta más ejercer la comedia en TV porque va de la mano con la adrenalina que significa hacer una tira. En teatro estás cómodo si entendés lo que estás haciendo, porque si estás en una obra que no elegiste del todo, te juro que a las 8 de la mañana te levantás y ya te imaginás que le decís “te odio” a una actriz que adorás, o “te amo” a una con la que no te llevás tan bien. Con Antílopes, a todos nos encanta el ejercicio que estamos haciendo, el espectáculo, la llegada, el hacerlo nos llena de placer.

¿Cómo llegó a la obra?
Es un equipo que ya conozco. Ya trabajamos con Ingrid hace veinte años en Un clásico moderno, con la señora Hilda Ledesma y Hugo Soto, y estábamos dirigidos también por Hugo Urquijo. Ganamos varios premios por esa propuesta. Yo ya conocía al elenco y al director, también trabajamos con Ingrid. En el espacio que tiene Virginia Lago en Telefé, habíamos hecho de un matrimonio con algunas dificultades, y ahora estamos en Farsantes. Cuando Urquijo me convocó, no me sorprendió porque es la tercera propuesta en la que me dirige. Me halagó mucho la calidad del material, el trabajo de ensayo me pareció fantástico. La verdad es que es una fiesta hacer las funciones.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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