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Mario Alarcón: «El cine es mi gran amor»

Trabaja desde hace 35 años y es uno de los actores de reparto más queridos por el público. Superó un drama personal y ahora gira con una obra de Copi.

Por Magalí Sztejn
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Como un laburante, así se define Mario Alarcón. Con más de 40 años de intensa trayectoria profesional, se sorprende y disfruta de que lo reconozcan en la calle. “Lo que no me gusta es que me vean como alguien superior”, reconoce en el Teatro Cervantes, donde dio sus primeros pasos como actor cuando llegó de Rosario y que lo tiene como uno de los protagonistas de La sombra de Wenceslao, con la que está de gira.

¿Qué te atrajo de la obra?
El delirio de Copi, con los toques metafísicos. Es un autor súper original con una visión en clave de humor de las pequeñas tragedias de la vida. Mi personaje insiste por un amor inútil.

¿Te considerás perseverante?
Me pasó de persistir en cosas que uno a veces sabe que es una vía muerta pero yo pienso “tengo que ir hasta el final”. Si no, siento que me transformo en alguien que meramente va al resultado. El trabajo es buscar el por qué y el para qué.

¿En estos últimos años obtuviste mayor reconocimiento?
Pienso que sí. Yo divido mi vida en dos: antes y después del alcohol. Fui un alcohólico perdido. Pienso que por algo te pasan las cosas. Hace 20 años que no bebo más y encontré otra manera de encarar la vida a través de mi profesión. Te puedo asegurar, y no es jactancia, que no paro de laburar, y rechazo trabajos porque no tengo tiempo.

¿La actuación te apuntaló para salir del alcoholismo?
Sí. Es más, cuando salís del alcoholismo hay problemas de concentración. Me había llamado Lito Cruz para un personaje en teatro y estaba nervioso como un principiante. Un doctor me dijo una frase clave: “Es que sos un principiante. Ahora sin alcohol es todo nuevo”. Ahí entendí. Yo andaba desorientado en la vida. Lo más importante para mí es que después del alcoholismo no tengo miedo de quedarme sin trabajo. Algo voy a hacer, soy una persona capaz. Perdí el miedo básico del actor.

¿Qué aprendiste de esa experiencia?
Hasta ese momento encaraba la profesión como alguien que trabajaba de actor. Ahora quiero que me reconozcan como un artista, con todas las dificultades que eso tiene. Además uno ya pasó la etapa donde el ego te mandaba. Lo mando yo a él, y lo tengo bastante guardadito. Siempre digo que es un enemigo disfrazado de amigo.

¿La humildad es una virtud que escasea en el medio artístico?
Acá y en todos lados, te voy a decir. Es inmadurez, porque una crítica buena no te hace superior, y a lo sumo es momentáneo. Todo pasa, como en la vida. Funciona igual que una droga, hay que dominarlo.

¿Cómo fue dirigir la Asociación Argentina de Actores?
Es un laburo, hay que dedicarse. Lo hice dos veces. Llegué por invitación. En nuestro gremio hay que tener representatividad. A veces se dan conducciones que no son muy conocidas y la mechan con los que sí lo son. En la segunda yo era vocal cuarto pero, como tenía más reconocimiento profesional, era una autoridad y descubrí cosas que se estaban haciendo mal, corrupción. Se metieron en mi escritorio, me quisieron pegar. Les dije: “Miren, muchachos, es simple: a mí en el medio todos me conocen. Si vos decís que estoy robando, no sé si te van a creer. A ustedes no los conoce nadie”.

¿Sos de reclamar ante la injusticia?
No soy de los clásicos petardistas, pero si hay cosas sucias las digo. Me costó un laburo ser así, y de acá hasta que me muera voy a ser fiel a mis pequeñas convicciones domésticas. En definitiva, es simple.

¿Tenés deudas pendientes?
No soy de planteármelo mucho, pero hay algunas cosas que me hubiera gustado hacerlas de otra manera, porque tenía capacidad. Por ejemplo, cuando mis hijos eran chicos haber estado más con ellos. No estuve a full. Ahora lo compenso con mis nietas. Pero arrepentirme no, porque con errores y aciertos estoy acá.

¿Cosas que te gustaría hacer?
He conocido directores que me gustaría que me dirigieran de nuevo. Eso me pasó con Juan Carlos Gené y con Agustín Alezzo. Pero no soy de los actores que sueñan con un papel. Todavía conservo la cosa de que es laburo. Te diría algo hasta grosero: primero pregunto cuánto hay. Eso tengo que revertirlo, porque ahora no tengo apremios económicos. Hago sí foco en quién dirige, porque siento que es una protección.

¿Cómo te llevás con el cine?
Es mi gran amor. Tiene una magia en el momento de hacerlo. También es cultural: cuando era chico no teníamos televisión, entonces era mágico verse tres películas los sábados. Yo creo que me quedó ahí. En la filmación hay otra química. Cuando dicen “acción” y la cámara graba tu imagen, algo pasa. Obviamente voy al cine al rolete.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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