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TEMAS DE LA SEMANA

María Negro y un manifiesto insurrecto

El «Manifiesto de las Conchudas» es una edición de autor, lleva cinco ediciones y circula por los lugares más impredecibles. Tomó su nombre un programa de radio de la Universidad de Valencia, se lee en actos escolares y hasta hubo un Encuentro de Conchudas. Este sábado, María Negro lo presenta por última vez.

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María Negro 2

Por Olga Viglieca

María Negro cruza los 40 con una melena oscura llena de rulos, la risa generosa y una mirada entre pícara y confiada, mitad nena que roba caramelos mitad Ava Gardner de las barriadas obreras del Sur.

Nació en un barrio de calles de tierra y pocas promesas de futuro. Pero esta guerrera supo labrarlas desde la adolescencia cuando avanzó sobre la Gran Ciudad protegida por el ala de su capelina y la militancia en el movimiento piquetero.

Así las cosas, la muchacha “caída” en la escuela pública también cayó en los fervores de la literatura. Cuando paró un momento de leer María se mandó el “Manifiesto de las conchudas” -un libro con varias ediciones de autora que circula de mesa en mesa por bares y talleres y grupos de mujeres. A veces lee su manifiesto sobre las tablas. Y a veces despunta el fio de actriz y también del tango, como voz femenina de La Renato.

¿Por qué Manifiesto y por qué Conchudas?

El Manifiesto de las Conchudas es un libro que tiene unos cuatro años. Hay que verlo como en la «prehistoria» del movimiento Ni una menos  y como parte activa del mismo. Hablar de nuestra sexualidad, de nuestra genitalidad, de las múltiples vejaciones que ha sufrido y sigue sufriendo necesitaba ser dicho desde un manifiesto, como una declaración de propósitos.  Casi como el aviso de lo que estaba a punto de estallar. «Ojo, que comenzamos a preguntarnos todo de nuevo, incluso el uso de las palabras». ¿Por qué la virtud es conservar una vagina infantil, pequeña y depilada? ¿Qué se esconde detrás de ese reclamo tácito? El Manifiesto intenta ir un pasito más allá del lenguaje, y convertirse en un espejo donde podamos vernos sin el fastidio de las palabras.

¿Qué les da a las otras y que te dio a vos tu texto?

Bueno, como parte de esa ‘prehistoria’ lo primero que creo que nos dio (y acá hay algo en común entre los otros y otras y yo como autora) fue la enorme sorpresa de la complicidad, de un pensamiento compartido que se hacía visible. La palabra ‘conchuda’ utilizada como insulto siempre ha sido despreciada por las mujeres y, a la vez, muy utilizada por nosotras mismas para insultarnos. Parece contradictorio, pero en verdad forma parte de la fuerte educación que hemos recibido donde nuestra genitalidad y nuestra sexualidad se presentan como sagradas, intocables, incorruptibles. Por lo tanto, despreciables cuando pierden su condición de sacralidad. En esto, la Iglesia tiene una responsabilidad innegable. La madre (la ‘gran’ madre) debe conservarse alejada de su sexualidad para sostener esa condición de pureza. Algo que no ocurre más que en la fantasía de quien puede imaginar que una mujer se embaraza por milagro y de una paloma.

-¿Qué lugar le queda a los muchachos?

Un lugar interesante donde lo único que puede dar luz en el conflicto es recorrer el mismo camino que nosotras: crecer. El movimiento Ni una Menos estalla por el femicidio de Lucía Pérez, que no fue ni el primer femicidio. ¿Por qué, entonces, cientos de miles de personas salieron a las calles, incluyendo a todos los géneros? Por la acumulación de impunidad. La impunidad es el mensaje explícito que dice ‘Puedo hacerte lo que quiera, no le importas a nadie’. Una demostración de poder sobre nuestras vidas que se hizo intolerable. De alguna manera todo este movimiento fue similar a los terremotos, en su esencia. Cuando las placas tectónicas se mueven nos recuerdan que no hay nada firme bajo el suelo que pisamos, y luego de un terremoto hasta la propia corteza del planeta se modifica. Así, luego de este maravilloso terremoto, hombres y mujeres comenzamos a replantearnos qué lugar ocupamos, quién indica qué lugar ocupamos, cuáles son nuestros deberes y nuestras responsabilidades. Todo lo sólido, como dijo el más grande los manifiestos, se diluye en el aire. Las palabras ya no significan lo mismo. Las acciones son resignificadas. Bienvenido sea el tiempo de crisis.

Anunciaste que era la última vez que lo presentás en público. ¿Por qué? ¿Acaso se terminaron los problemas de las conchudas?

En absoluto. Y la violencia de no poder decidir sobre nuestros cuerpos, obligadas por -nada menos que- el Estado es la prueba más aberrante de esto. Lo único concluido es un tiempo de trabajo sobre un libro que nunca soportó ser solo un libro, y se transformó a sí mismo en happenings, en performances, en obras de teatro, que recorrieron una buena parte del país y fue replicado por colectivos artísticos en Chile, México y España. Como todos los trabajos, en algún momento, deben por lo menos descansar, para dejar paso a lo que le continúe. Pero el libro ha logrado, y esa era una de mis mayores preocupaciones por lo que debe decirse que hoy es mi mayor orgullo, ser vivo. Dicen que decía Sócrates que la palabra escrita era palabra muerta. No hubiese soportado agregar una muerte más a la historia. Por eso el desarrollo posterior a la primera edición fue hacer que el Pinocho camine. Y ha crecido tanto, que ya casi no me pertenece en exclusividad. Se lee en actos escolares tanto por docentes como por jóvenes. Existe un programa de radio en la Universidad de Valencia que lleva su nombre y hasta ha tenido su propio Encuentro de Conchudas. En breve se podrá adquirir la quinta edición -la primera en versión digital-, luego de haber vendido más de 700 ejemplares sin ningún tipo de publicidad que lo impulsara. De alguna forma, más que un libro ha sido un hecho político, como corresponde a su condición de manifiesto.

¿Y ahora cómo sigue?

En principio, vamos a cerrar un ciclo este próximo sábado 8 de diciembre en un espacio de gente muy querida, el Ikiru Cineclub de Palermo. Un gracias enorme al azar lógico de Breton que no me dejo realizar la fecha hasta el día de la virgen.  Allí, cada uno de los cinco integrantes del elenco más estable que se conformó alrededor de esta obra, hará un ejercicio teatral propio. Y esto, para mí, es más que importante. Necesito aclarar que más de cincuenta personas (algunos trabajadores y trabajadoras del arte, otros no) colaboraron con las diferentes presentaciones teatrales del manifiesto. En algún momento, esas presentaciones se estabilizaron en este pequeño elenco donde ninguno (y me incluyo) tenía experiencia teatral. Fue tan fuerte el trabajo que desarrollamos, que hoy cada uno está realizando actividades artísticas en otras compañías. Es decir, no solo el libro salió caminando, sino que se fue de la mano de la transformación de un grupo de trabajadores, en artistas. Esa liberación espiritual si se quiere llamarla así, forma parte de la lucha contra la opresión que sufrimos tanto hombres como mujeres, cuando se nos muestra que la vida es una condena donde todo lo posible es dedicarle las horas al trabajo y nada más, por un salario que nunca va a cubrir las necesidades. El Manifiesto se ha comportado como un elemento liberador, y la mejor manera de agradecerle es mostrarle todo lo que crecimos a través de él.

Luego, vendrá un nuevo libro, en este caso de relatos que no solo abordan los problemas de género sino que bucea un poco más allá y se adentra en un cadáver que nos han colgado en la espalda desde el bautismo: la culpa. Pero para eso, primero vamos a dejar que el ‘hijo mayor’ se vaya de casa por el mundo.

¿Quién es María Negro más allá y más acá del Manifiesto…?

Me gusta mucho pensar que sigo siendo una piba de Barrio Uta. Sobre todo porque nadie sabe dónde queda ese barrio, y parece casi un mito o un misterio. La verdad, soy una trabajadora militante, oración válida con sus dos sujetos. Porque equivale a decir que soy una militante trabajadora. Estoy convencida, como dijo Roberto Arlt, de que nos impondremos por prepotencia de trabajo, que no hay iluminación que nos convierta en artistas, que todos lo somos pero nos han quitado esa capacidad al encerrarnos en la explotación. Que acabaremos con la barbarie, también, inoculando belleza. Que la poesía es un arma cargada de futuro. Que seguiremos naciendo. Que haremos justicia por Lucía. Que no se va a caer, sino que lo vamos a tirar.

 

Fuente Diario Z
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