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TEMAS DE LA SEMANA

Marcela ‘Tigresa’ Acuña

La boxeadora recuerda su Navidad inolvidable.

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En 2001 yo tendría que haber peleado por el ti­tulo argentino, pero por los conflictos sociales y eco­nómicos suspendieron la pelea. Se acercaba la cena del 24 y la verdad es que no tenía dinero, apenas un cheque que me había dado la Federación Argentina de Box, como una beca que recibía todos los meses. No sabía dónde cambiarlo. Era lunes, todo era un caos y no tenía un peso. Pero algo muy especial me sucedió.

Había llegado a Buenos Aires junto con mi es­poso, Ramón, y los chicos apenas hacía dos años y no conocíamos mucha gente. Vivíamos en Isidro Casanova y me acerqué a hablar con quien hoy es un amigo entrañable, Nato, dueño de una pizzería del barrio. Le explique la situación: estábamos sin dinero, sólo con un cheque y necesitaba cambiarlo para comprar algunas cosas. Él, desinteresadamen­te, me lo cambió y hasta me regaló las frutas para hacer una ensalada. Con eso pude comprar la cena y regalos para mis hijos; yo no me permitía que no tuvieran un juguete, significaba un golpe muy duro. Finalmente, y gracias a la nobleza de este hombre, pudimos festejar los cuatro nuestra Navidad un poco más tranquilos.

Aquel momento siempre me ayuda a pensar que cuando uno no tiene donde recurrir, piensa que está solo, aparece la mano solidaria de un amigo. La fra­se «Dios aprieta pero no ahorca», es cierta. Fue un año significativo e importante porque con el correr del tiempo nos pudimos dar nuestros lujos y has­ta irnos de vacaciones. Sin embargo, pasó mucho tiempo para que pudiéramos volver a Formosa a pa­sar las fiestas con el resto de la familia.

Si bien hoy logramos un bienestar, creo que lo importante es no perder las esperanzas, trabajar para salir adelante y no caer en el egoísmo, como le sucede a mucha gente que empieza desde muy abajo y, de repente, tiene todo en sus manos. Par­ticularmente, aquel 24 de diciembre me sirvió de mucho porque fue un momento realmente difícil. En cada Navidad, cuando llegue el momento de al­zar nuestras copas, siempre va a estar presente el recuerdo de 2001, como un aprendizaje para nunca bajar los brazos.

DZ/km

 

Fuente Redacción Z
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