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TEMAS DE LA SEMANA

Mara Brawer: «La inscripción online perjudicó más a los sectores vulnerables»

La legisladora del FPV, especialista en educación, afirma que no hay grandes diferencias de calidad entre las escuelas privadas y públicas. Y que una manera de disminuir el ausentismo docente es mejorar las condiciones de trabajo.

Por Romina Calderaro
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De chica fantaseaba con ser monja tercermun­dista y hoy la vida la encuentra como di­putada nacional por la Ciudad de Buenos Aires. Hay dos temas que la apasionan especialmente: la educación pública y la cuestión de género. Por eso, está indignada con los problemas que la inscrip­ción on line generó en las fami­lias porteñas. Por eso, es la autora de la ley que establece cómo com­batir el acoso escolar en los cole­gios de la Argentina. Este año, la legisladora del Frente para la Vic­toria está muy ilusionada con de­batir proyectos que modifiquen y amplíen el sistema de licencias de la Argentina, que a su modo de ver no refleja ciertos cambios sociales, como la fertilización asistida. En diálogo con Diario Z, Brawer ha­bló de la agenda pendiente y no eludió la discusión sobre la despe­nalización del aborto en la Argen­tina, que hasta ahora no pudo dar­se en el recinto.

Como especialista en educa­ción, ¿cómo vivió el conflicto de la inscripción on line?

El momento de la inscripción, cuando una familia elige una es­cuela, es un momento muy impor­tante para los padres. Es el día en el que conocen el edificio y char­lan con la directora y los docen­tes para conocer el proyecto. Es un momento de mucha integración y sabemos que hay dificultades para que las familias participen de la vida escolar. La inscripción on line desaprovechó ese momento iniciá­tico, que muchas veces es el úni­co. Desde el punto de vista de la formación de una buena comuni­dad educativa, me parece un grave error lo que hicieron. No podemos permitir despersonalizar de ese modo los vínculos en la escuela.

Y además de la despersonali­zación de base que genera el sistema, funcionó muy mal.

Salió 15 millones de pesos, lo hizo una consultora privada y tuvo mu­chísimos errores. Yo me pregunto si no hay en todo el Gobierno de la Ciudad un equipo de informática. El gobierno porteño termina siem­pre contratando empresas priva­das y desaprovechando los recur­sos propios. También me pregunto por qué no escucharon las críticas que se hicieron a tiempo desde la Defensoría del Pueblo y desde los sindicatos docentes. Se generó una enorme cantidad de angustia en las familias y eso repercute en la escuela. Desde el gobierno na­cional, con herramientas como la Asignación Universal por Hijo y el plan Progresar, estamos luchando para que los chicos vayan a la es­cuela y eso requiere facilitar y no complicar el acceso de los secto­res vulnerables. Y sabemos que la inscripción on line perjudicó más a los sectores vulnerables. Se generó una distancia innecesaria. El único efecto secundario beneficioso que tuvo el sistema es que blanqueó la falta de vacantes. Que no es nue­va, eso es cierto, pero quedó claro que en estos siete años no han he­cho nada.

El año pasado se aprobó su proyecto de Ley de conviven­cia para la prevención de la violencia escolar. ¿Sabe cómo está funcionando?

Lo más importante de esta norma es que le da fuerza de ley a cosas que ya se venían haciendo desde las escuelas y, a la vez, plantea una agenda nueva que establece que es obligatorio que en todas las es­cuelas del país y en todos los ni­veles haya instancias de participa­ción de la comunidad educativa. En muchas escuelas del país ya ha­bía consejos de convivencia, pero la ley dice que es obligatorio que existan. Porque apunta a fortalecer la convivencia y la participación, que es la mejor forma de comba­tir la violencia. En una escuela en la que circula la palabra es una es­cuela en la que probablemente no encontremos casos de acoso esco­lar. Porque el acoso se sustenta en el silencio. Para que un chico sea acosado sistemáticamente a lo lar­go del tiempo se requiere un silen­cio de los padres y de la escuela. La ley también obliga al Ministerio de Educación a realizar una guía, que está casi terminada, de interven­ción para los docentes como otra herramienta para acompañarlos en estas situaciones conflictivas.

Estaba pensando: cuánta res­ponsabilidad supone ser do­cente. Además del aprendiza­je de contenidos hay que estar atento a estas cuestiones. Y por poca plata.

Es cierto, pero la convivencia for­ma parte del aprendizaje. El filó­sofo alemán Theodor Adorno de­cía: “De nada sirve la educación si no puede prevenir otro Holocaus­to”. El objetivo de la escuela no es sólo que el chico sepa mucho de matemáticas: una de sus funciones primordiales es formar ciuda­danos. Las habilidades para la vida se aprenden: a respe­tar al otro se aprende, a dialo­gar se aprende, a hacer empa­tía se aprende. Y la escuela es un lugar privilegiado para ha­cer contracultura en todo eso.

¿Habría que cambiar la ló­gica de aquellos padres que tienen un concepto de aprendizaje fuertemente ligado al contenido, la ve­locidad y la cantidad?

Es que no son dos clases di­ferentes: cuando enseñás his­toria, enseñás convivencia y cuando enseñás matemática, también. No es lo mismo una clase de matemática en la que el que termina primero tiene la mejor nota, que una clase de matemática en la que vos estimu­lás que el que termi­ne primero ayude al rezagado. Yo no estoy de acuerdo con dar una clase titulada “Forma­ción en valores”. Es un error gra­vísimo porque enseñar valores de­clamativamente es un “como si”. Si enseñás que no hay que discrimi­nar y en el recreo escuchás “puto de mierda”, algo no está funcio­nando. Esa clase pierde sentido si no hay una intervención en el re­creo. Y vos podés no tener esa cla­se, pero si intervenís en el recreo vale 10 veces más.

¿Tiene asidero la creencia de muchos porteños de que la educación privada es mejor que la pública?

No es una creencia sólo de los por­teños. Pero el propio ministro Es­teban Bullrich difundió un estudio en el que queda claro que no hay mucha diferencia entre la escue­la pública y la privada. Hay públi­cas que son buenas, públicas que son más o menos y públicas que no son buenas. Lo mismo pasa en la escuela privada y no hay ningún estudio que demuestre lo contra­rio. Lo mismo dan las investigacio­nes que se han hecho a nivel na­cional sobre la convivencia: no hay más agresiones en la escuela pú­blica que en la privada. Tampoco hay mejores resultados de apren­dizaje, es un mito. Lo que sí tie­nen a favor las escuelas privadas es que tienen garantizados más días de clase. De modo que una buena pregunta para hacerse es por qué a igual salario, los docentes paran más en las escuelas públicas que en las privadas. Hay docentes que tienen doble pertenencia (a la ma­ñana trabajan en una pública y a la tarde en una privada), ganan lo mismo y en la pública adhieren al paro y en la privada no.

¿Es cierto que los docentes de escuelas públicas faltan mu­cho? ¿Por qué?

Por diferentes motivos. Se puede contestar lo fácil: que los estatutos docentes te permiten tener una enorme cantidad de faltas, pero me parece que hay que abordar las condiciones de trabajo, que tienen mucho que ver con el ausentismo. Creo que hay que interpelar a los docentes en relación con el ausen­tismo, pero también tiene que ha­ber una mirada de política pública en relación con disminuir los facto­res que lo generan. Y ahí hay una responsabilidad del Estado.

Sé que le interesa mucho el tema de género. ¿Cuáles son sus objetivos para este año?

En estos años de kirchnerismo, la agenda de género se ha ido mo­dificando casi revolucionariamente en función de lo que uno soñaba. Pero tenemos que ocuparnos de que las leyes se cumplan. Tenemos que seguir trabajando en todo lo que tiene que ver con violencia ha­cia la mujer (hemos votado la ley de feminicidio), pero si las mujeres seguimos ganando el 40 por cien­to menos que los hombres segui­mos siendo discriminadas y eso genera violencia. Entre las mujeres de los sectores populares, la bre­cha salarial se agudiza. Se produce una doble discriminación. Por eso creo que uno de los mayores logros que hemos tenido es la Ley de Trabajo en Casas de Fa­milia. Porque rompe un patrón cultural que tiene que ver con la premisa falsa de que el tra­bajo en el hogar no es trabajo. Las mujeres le dedican al tra­bajo doméstico 36 horas se­manales. Los hombres, 14. Las mujeres tienen igual acceso al mundo del trabajo que los va­rones, pero si como mujer ya tenés 36 horas destinadas a la tarea doméstica, este acce­so ya no es igualitario. Y si co­brás un 40 por ciento menos, la igualdad es utópica. Y hay muchos proyectos para unifi­car y modificar el régimen de licencias por maternidad, pa­ternidad, técnicas de reproducción asistida o duelo. Hay que re­discutir todo eso.

¿Se dará finalmen­te este año la discusión por la despenalización por el aborto?

Se puede dar el debate, pero hay posturas muy diferentes, muy transversales y aquellas personas que estamos de acuerdo con el derecho de la mujer a decidir to­davía no somos mayoría. Ésta es la casa del pueblo y nadie prohí­be la discusión de la interrupción voluntaria del embarazo. El tema es que todavía no hemos logra­do la cantidad suficiente de dipu­tados y senadores como para que sea aprobado. Pero la Argentina ha avanzado mucho desde el fallo de la Corte Suprema sobre aborto no punible y con todas las políti­cas de derechos sexuales y repro­ductivos que implementamos en estos años.

Preguntas de la A a la Z

Edad 51.
Barrio donde vive. Palermo.
Estado civil. Soltera.
Signo. Tauro.
Religión. Judía.
Equipo de fútbol. Independiente por mi familia y Boca
por Maradona.
¿Sus hijos van a escuela pública o privada? No tengo hijos,
pero en mi familia nadie fue a una institución privada.
Nivel educativo. Universitario completo. Soy profesora
de grado y licenciada en Psicología.
¿Cree en la amistad entre el hombre y la mujer? Sí.
¿Tiene algún vicio que le gustaría dejar? No tengo.
¿Hace terapia? Sí. Hice y hago.
¿Qué está leyendo? El tango de la Guardia Vieja, de Arturo
Pérez Reverte.
¿Su infusión favorita? Café o té frío.
¿Cuál es su lugar preferido de la ciudad? Mi casa.
¿Qué quería ser cuando era chica? Monja tercermundista.
¿Cuál es su dibujo animado preferido? No tengo.
¿Una salida nocturna? Comer e ir al cine o al teatro.
¿Su comida preferida? Los mariscos.
Un defecto. Entro en ebullición más rápido de lo que desearía.
Una virtud. Que soy buena.
Un personaje preferido de la historia. Mandela y Evita. Y
Néstor Kirchner, aunque sigue siendo presente.
Un hecho que cambio su vida. El primer desaparecido del
que tuve noticias en la dictadura.
¿A qué hora se acuesta y se despierta? Me acuesto tipo
12 y me levanto alrededor de las 8.
¿Cena en su casa? Depende.
Un programa familiar preferido. Jugar a la podrida.
Una cábala. Mi abuela nos decía que hay que entrar a
los lugares con la pierna derecha. Trato de cumplir ese
mandato.
¿Cuál fue su primer trabajo y a qué edad? Ayudé al administrador
de un consorcio a los 18 años.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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