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TEMAS DE LA SEMANA

Maquillaje para reírse de lo terrible

Carlos Calostro Meconio, un personaje para tratar con humor temas como la vejez y la enfermedad. 

Por Brenda Salva
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Con la cara pintada descubre historias, revive momentos y es capaz de robarle una carcajada de improvisto a cualquiera. Walter es sinónimo de creatividad y en sus espectáculos se transforma en un tipo jodido de 84 años, un único clown de blanco y negro.
Si bien sus presentaciones giran por Alemania, Brasil y España, en este último país descubrió la vocación de trabajar en geriátricos –tarea que le trajo el apoyo de la Asamblea Permanente de los Derechos Humanos– se presenta en Buenos Aires con su show Rescate emotivo en Guapachoza del barrio de Abasto.
Velázquez compone un personaje ácido, “jodido” como el mismo lo describe, pero tierno y tan bizarro que le da mérito a su nombre: Don Carlos Calostro Meconio, toda una definición escatológica que mezcla las primeras huellas de los neonatos.
Walter era un joven de dieciséis años, estudiante de medicina que siempre sintió atracción por la actuación y que las vueltas de la vida lo llevaron a realizar un remplazo actoral. De ahí en más le dijo adiós a los apuntes y comenzó su carrera de la mano de Raúl Serrano y Roxana Berco. Los papeles dramáticos no los llevaba muy cómodamente, pero sí los cómicos. Berco lo introdujo a un mundo que él desconocía: el clown.
Los geriátricos son su escuela y Velázquez asegura que todas las personificaciones se las debe a los ancianos, “Siempre aparece algo de lo que vi o escuché de ellos, entonces me veo como una especie de puente entre los ancianos y los jóvenes que van a ver los espectáculos. Además las historias son impresionantes. Me pasó en El Bolsón, hace poco, que me llevan al geriátrico y aparece Martita, una señora muy bajita, y al preguntarle si tenía hijos, ella respondió que los cinco hijos que había parido resultaron muertos al nacer. Investigando, resultó ser que la señora era una peona de estancia y que al nacer sus hijos se los sacaban y los vendían”, explica Velázquez.
Walter llega siempre un rato antes de las presentaciones para investigar a su público, se internaliza acerca de si hay ciegos, mudos o alguien con problemas mentales, para hacer su trabajo de la mejor manera y para todos.
Cuando llega la hora de la merienda, aparece como un interno más, pero sosteniendo un micrófono con un cable larguísimo. Ahí arranca la intervención. Mientras todos están sentados en círculo, canta un tango y luego se detiene en cada uno haciéndoles preguntas; de sus respuestas nace la magia.
Pero su Rescate emotivo es una obra que con música, imágenes y la ternura de este Calostro, logra conmover hasta la carcajada sin evitar esas preguntas que perturban a más de uno: ¿Por qué la muerte? ¿Por qué las guerras? ¿Por qué el joven no quiere saber sobre la vejez? ¿Por qué vivimos como si nunca fuésemos a ser viejos? Una obra para no perderse y hacerle frente a este octogenario con cuerpo de cuarentón. Si se atreven.

Guapachoza. Jean Jaurés 715, Abasto. 18 de enero y 2 de febrero, a las 21. Auspiciado por la Asamblea Permanente para los Derechos Humanos.

Fuente Redacción Z
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