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TEMAS DE LA SEMANA

Malvinas, Cristina y su ruta, por Eduardo Blaustein

La presidenta planteó la estrategia sobre Malvinas.

Por Eduardo Blaustein
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El Gobierno sigue administrando con holgura las turbulencias desatadas sea por los roces con el secretario general de la CGT, las derivadas de la eliminación gradual de los subsidios.

Por si le faltara soltura al manejo de la cosa pública la Presidenta, en un gesto que no forma parte del catálogo de audacias kirchneristas (no es su fuerte convocar a otros sectores con representación parlamentaria), primereó una vez más convocando a fuerzas políticas, sociales y gremiales para compartir un acto por el tema Malvinas. Eligió un buen momento para hacerlo: son tiempos de relativa fortaleza nacional potenciada no sólo a nivel latinoamericano, sino desde el respaldo nacido en naciones del Caribe que alguna vez fueron colonias británicas, más buenos gestos de Washington, más un «último momento» venido desde España con el anuncio del gobierno del Partido Popular de reanudar los reclamos por el legendario Peñón de Gibraltar.

Convocar por Malvinas a dirigentes opositores y gremiales fue una iniciativa astuta que permitió conciliar en una misma apuesta un gesto de buena voluntad hacia la dirigencia cegetista, apertura a los opositores en un tema en el que existen vastos consensos y por el mismo precio una señal tácita: la Presidenta está por encima de las pequeñas cosas o -dicho en sus palabras- «gobierno para los 40 millones de argentinos».

Hubo riesgos porque la movida fue un típico ejemplo de excesiva repentización kirchnerista (no es muy fino imponer invitaciones con apenas 24 horas de antelación) y los opositores debieron pensarlo mucho hasta que decidieron poner los cuerpos. Hubo riesgos también porque la expectativa creada fue mucha y uno de los anuncios centrales -la desclasificación del informe Rattenbach- ya había sido realizada. Sin embargo, el discurso presidencial fue tan preciso y tan alejado de todo patrioterismo, tan contenido además, que Cristina Fernández de Kirchner una vez más se situó por encima de la política media nacional.

Por lo demás, el secretario general de la CGT, acompañado por sus hombres más cercanos, estuvo en la Rosada. Pero ya para las previas del acto él y su gente venían bajado decibeles, retrocediendo con prudencia varios casilleros hasta las declaraciones de tregua del propio Moyano: «La relación no está rota, hay un compás de espera». Malas noticias esta vez para quienes desean que se pudra la relación entre el Gobierno y el sector que hoy dirige la CGT.

Afilen las profecías

Hay un cuadro estructural que continúa inconmovible. Tiene que ver con la prolongada rutina de las profecías incumplidas. Profecías opositoras, profecías mediáticas. Contrariamente a lo que sostuvieron algunos cuando la discusión de la Ley de Movilidad, los jubilados vienen recuperando capacidad adquisitiva de manera notoria, incluso por encima de los asalariados formales.

El casi 18% de aumento anunciado la semana pasada (séptimo desde la aplicación de la ley y el más importante) es uno de esos datos duros contra los cuales no hay rebusque posible. Lo es tanto como otra cifra demoledora: el hecho de que la masa de jubilados que perciben ingresos haya pasado de 3,5 millones en 2003 a cerca de siete millones.

Hay que retroceder algunas semanas hacia atrás para volver a verificar de qué modo nuestros pequeños Nostradamus espasmódicos persisten en fracasar. Los controles del cambio de divisas lejos de envolvernos en una pesadilla soviética dieron resultados, las reservas del Central subieron, del dólar paralelo no se acuerda casi nadie. Los importadores argentinos no se suicidan en masa pese a la creación de la ventanilla electrónica única. La «sintonía fina» por ahora dista de ser sinónimo mecánico del «ajuste» con el que sueñan ciertos opositores (algunos de los cuales militaron en el ajustismo ortodoxo) esperando un desgaste del Gobierno que ellos no saben provocar con argumentos y proyectos propios. Esto no quiere decir que no lleguen futuros aumentos en los servicios y el transporte. Pero no parece que vaya a ser al estilo del tarifazo que sí se aplicó en los subterráneos.

Desde el subsuelo

En un tema en el que el oficialismo la juega más bien de distraído -la minería a cielo abierto- la larga movilización popular que demoró el proyecto de Famatina no tributa a ningún espacio político en particular. Es un dato llamativo, y acaso valioso. Y allí donde el Gobierno estudia el modo de corregir lo que no hizo bien en estos años -la cuestión petrolera, la baja dramática de la producción de combustibles- parece ir buscando un nuevo discurso y nuevas políticas. Cuando afine ambas cosas seguramente incurrirá en contradicciones con lo hecho. La eliminación súbita de beneficios fiscales a las petroleras que produjeron aún menos de lo que producían antes de esos estímulos es una aceptación tácita del error, de que algo anduvo mal.

Pero mientras el oficialismo explora la manera de reencarar el asunto y mientras la Presidenta abre el debate públicamente sincerando el problemón que significa importar combustibles por miles de millones de dólares, la oposición asombra por su silencio. ¿Se valora lo suficiente, más allá de los errores que haya cometido el Gobierno en la materia, el hecho de que la Presidenta comparta con la sociedad la existencia de un problema y abra la discusión por cadena nacional? ¿O sólo importa decir «Mirá que te avisamos» o advertir sobre una «nueva operación de propaganda K»?

Está de más decir que jamás Mauricio Macri diría lo mismo que Pino Solanas en materia petrolera. Es lógico y legítimo que sea así. Pero hilando más fino es oportuno decir que seguramente tampoco dirían lo mismo Oscar Aguad -cabal representante del radicalismo conservador- y Ricardo Alfonsín. Vaya a saber qué dirían Daniel Scioli, Francisco de Narváez… ¡Miguel Del Sel! ¿Tiene o comparte la gente del Frente Amplio Progresista algún proyecto o visión común del tema energético, petrolero, ambiental? La pregunta es una manera delicada de decir que tenemos una oposición en bolas. Pero no para afrentar a la oposición (conducta en la que caen con excesiva frecuencia voceros políticos y mediáticos del oficialismo), sino para decir que se necesita, de todos los sectores, mejores propuestas, mejor política.

DZ/rg

 

Fuente Especial para Diario Z
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