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TEMAS DE LA SEMANA

Maltratos en el Zoo porteño

La muerte de dos lobos de mar precipitó el primer paro en el Zoo desde su creación. El personal dice que los animales están mal alimentados. Y muchos hacinados entre escombros y en recintos inundables.

Por Alejandra Hayon
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Por primera vez desde que fue fundado, en 1888, los trabajadores del zoológico porteño se declararon en paro. El 4 de septiembre pasado decenas de trabajadores se instalaron con bombos y una ruidosa batucada en la entrada de la calle República de la India, abrazaron el edificio y les contaron a los asombrados transeúntes que el descuido de los animales que custodian ha llegado a un punto crítico, del mismo modo que la situación de la treintena de edificios declarados monumentos históricos que componen el Zoo. “Necesitamos que el gobierno intervenga urgentemente o no llegamos a 2017 con los animales vivos.” El reclamo –que tiene un dejo de súplica– lo hace uno de los trabajadores más antiguos del zoológico, cuidador de algunas de las jirafas y los hipopótamos, sus “animales estrella”, según se jacta con una sonrisa leve.
Ninguno de los cuidadores entrevistados por Diario Z puede dar su nombre. Después de que difundieron la situación de los animales y los edificios del zoológico –y llevaron esa denuncia a la Legislatura– recibieron cartas documento e intimidaciones de la empresa Jardín Zoológico de Buenos Aires SA, actual concesionaria del predio. Insólitamente, también recibieron telegramas de la Subsecretaría de Trabajo porteña donde los exhortan a cesar los conflictos y “mantener la paz social”.
Los 300 trabajadores piden condiciones mínimas de trabajo, realizar sus tareas en un contexto seguro y una actualización salarial “urgente”. Pero el reclamo no es sólo gremial. “Nuestro trabajo depende de los animales. Si ellos no están bien, nosotros tampoco vamos a estar bien”, opina un empleado de mantenimiento que hace siete años trabaja poniendo en condiciones las jaulas y recintos donde viven los “bichos”, como los llaman cariñosamente.
Según explican, la falta de inversión de los últimos años llevó a un importante deterioro de los recintos donde viven los animales. En el caso del rinoceronte, por ejemplo, los trabajadores dicen que el suelo se encuentra en estado “calamitoso”.

rinoceronte_

Otros ámbitos, como el de los bisontes y ñandúes, se inundan cuando llueve y los animales quedan con treinta o cuarenta centímetros de agua. “El hábitat de los animales tiene que ser adecuado según su porte. Los elefantes necesitan un espacio muchísimo más grande del que tienen, lo mismo el rinoceronte o los monos, que actualmente están en unas jaulas que fueron diseñadas para aves”, explican.
La lista de problemas que enumeran los empleados no termina ahí. Algunas de las instalaciones donde guardan a los animales por la noche están llenas de humedad, lo que afecta gravemente su salud. Las puertas de los recintos de los animales más grandes o peligrosos deberían estar automatizadas y no lo están, lo que pone en riesgo la seguridad de los cuidadores. Hay muchos bebederos rotos y en el caso de los ciervos deben compartir un único comedero para cincuenta ejemplares. Además, los trabajadores afirman que para cuidar un parque de dieciocho hectáreas se necesita más personal y que faltan veterinarios y profesionales calificados en conservación.
Quien quiera ver que vea
La decadencia del patrimonio y muchas de las denuncias están ahí a la vista. El recinto donde vive el oso hormiguero está repleto de yuyos y pasto crecido, parece abandonado. Un grupo de chicos pasa sus brazos por la reja para intentar alcanzar al rinoceronte, echado en una esquina de su morada. Del otro lado, un charco de agua estancada emana un olor a podrido insoportable.
Las cabras descansan al sol entre restos de materiales de construcción, el suelo está repleto de piedras. Los quince ejemplares de papión sagrado y el mono patas miran a través de las rejas de su jaula, una de las pocas que aún conserva la morfología antigua tipo celda.  
Las fuertes lluvias de agosto derribaron un árbol en el predio donde estaban las vicuñas. Sacaron a los dos animales pero el tronco sigue ahí.
La pintura descascarada y el color óxido es parte infaltable del paisaje. Así se pueden ver la mayoría de las fachadas de los edificios centenarios. Construidos a principios del siglo XX, funcionan como morada de los animales e imitan la arquitectura del país de origen de cada especie, como el Palacio de los Elefantes, inaugurado en 1905, que es una réplica de un templo hindú de Bombay.
Entre las mayores preocupaciones de los trabajadores se encuentra la continuidad de los programas de conservación del cóndor andino y el yaguareté. “Hace meses que la empresa no pone la plata para estos programas y corren riesgo de desaparecer. Siguen funcionando por amor, convicción e iniciativa de los compañeros”, plantean los delegados.
Hasta del artificioso paseo de los dinosaurios, que desde el sitio web del zoológico se anuncia como una experiencia “para conocer el mundo jurásico”, sólo quedan en pie las réplicas de plástico. Ya no están ni las aves rapaces ni los murciélagos ni las mariposas. Tampoco funciona la cascada, el agua está estancada y clausuraron los puentes colgantes que antes podían ser transitados como parte de la aventura.
Explotación y abandono
A fines de julio murieron dos lobos marinos. Las organizaciones animalistas denunciaron que uno murió luego de realizar quince shows en un mismo día y el otro, por comer alimentos que le dio público.
Los lobitos no fueron los primeros en poner de luto a la comunidad del Zoo. En octubre del año pasado murió Lara, una jirafa de un año, después de ser trasladada en pésimas condiciones al zoológico Bubalcó, en Río Negro. La empresa dijo que el traslado se realizó de acuerdo con los protocolos vigentes y estuvo supervisado por especialistas. Los trabajadores afirman que el vehículo era mucho más chico que el animal, de casi tres metros. Lara tuvo que viajar doblada más de mil kilómetros.
La muerte del oso Winner, el 26 de diciembre de 2012, generó indignación entre los defensores de los animales. Winner era un oso polar joven y se descompensó la noche de Navidad, cuando la sensación térmica llegó a los 50 grados. El comunicado oficial adjudicó la muerte a las altas temperaturas, el temperamento nervioso de Winner y el estrés por la pirotecnia.
No son sólo las muertes. El estado de deterioro de la orangutana Sandra motivó una experiencia sin precedentes en el mundo. Frente al habeas corpus interpuesto en mayo de este año por la Asociación de Funcionarios y Abogados por el Derechos de los Animales (Afada), la Justicia le reconoció a Sandra derechos básicos como “sujeto no humano”. Y sentenció que debía ser trasladada a un santuario para vivir en condiciones de “semilibertad”. Sin embargo, la orangutana continúa en su recinto vidriado. Según los trabajadores, lo único que hizo la empresa fue armar una estructura de troncos, sogas y cuerdas para que se pueda trepar.
Un jardín ecológico
La concesión actual del zoológico vence a fines de 2017 y la Legislatura ya discute dos proyectos que proponen una transformación radical del predio. Con algunos matices, ambos plantean reconvertir este zoológico estilo victoriano con exposición de animales en cautiverio en un centro de conservación de fauna autóctona.
“Desde que el PRO remató la concesión al mejor postor, en 2012, venimos planteando discutir la transformación del Zoo, pero desde el bloque oficialista siempre se negaron. Abrir el debate es un gran triunfo cultural. La sociedad porteña está tomando conciencia de que los zoológicos son un resabio del pasado”, expresó Adrián Camps, autor del proyecto que impulsan las organizaciones agrupadas en SinZoo.
Desde SinZoo explican que la idea es una transición gradual a un centro de rehabilitación, reinserción y conservación animal. Allí se estudiaría cuáles son los animales que pueden ser devueltos a sus hábitat y quiénes deben ir a áreas protegidas. A los que no puedan ser derivados se les evitaría el estrés de la exposición al público.
“Además de que la situación actual es lamentable, como vecinos crecimos acostumbrados a que el zoo es un emprendimiento privado cuando en realidad es parte del espacio público”, afirma Gerardo Biglia, de SinZoo.
En las próximas semanas, la Comisión de Ambiente de la Legislatura continuará el debate para unificar los textos y llevar al recinto una única propuesta. Por el momento, el proyecto cuenta con la adhesión de todos los bloques menos la del oficialismo.
Los cuidadores y trabajadores del Zoo quieren ser parte de la reconversión, y de hecho se sumaron al debate legislativo, pero insisten en que son necesarias medidas urgentes. Sus condiciones actuales de trabajo –sin elementos de seguridad, indumentaria adecuada ni herramientas necesarias– y un aumento salarial son la otra pata de su reclamo.
“Lo nuestro es un pedido de auxilio que le hacemos al Gobierno de la Ciudad. Necesitamos que intervengan ya porque todavía estamos a tiempo de salvar muchas vidas”, enfatizan.

Fuente Redacción Z
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