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TEMAS DE LA SEMANA

Malena Solda: ‘Si uno no disfruta, nada tiene sentido’

Antes que la masividad de la tevé, prefiere el teatro, el cine y las miniseries independientes.

Por Cecilia Alemano
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En Inventarios, la obra de Philippe Minya­na que se presenta en el Konex, Malena Sol­da interpreta el papel de Ángela, quien compite en un programa de televisión con Bárbara y Jackeline. Las tres exponen sus vidas, sus re­cuerdos más íntimos, sus miserias. Y lo hacen porque, en el fondo, quieren ser queridas. Malena, que hace tiempo se corrió del frene­sí de la tira diaria, encontró así un modo de hablar de la caja boba. «Me gustó la ironía que hace el autor sobre los programas donde la gente cuenta sus aspectos ínti­mos, como talk shows y realities», dice ella, que en las entrevistas nunca se refirió a su vida privada. «No me gusta que me pregunten por mi situación sentimental, y si lo hacen me voy por la tangente. Como actriz me conviene que se sepa lo menos posible sobre mí, porque si no se produce un pre­juicio en el espectador.»

¿Cuándo descubriste que te sentías más cómoda sobre un escenario que en la tele?
En el escenario uno tiene más liber­tad, porque puede usar todos sus recursos. El cuerpo, la voz, la pro­yección. Te exige más, pero sos más libre para expresarte. Además ma­nejás tus propios tiempos. direc­tor de cine corta a piacere y creo que en la tele ni lo piensan. Cuan­do hago televisión me gusta jugar­me con proyectos alternativos, de productoras independientes. Como Guita fácil, la miniserie que grabé el año pasado de Lucía Cedrón.

¿Cómo se hace para correrse sin temer que te olviden?
Tiene que ver mucho con la edu­cación, con lo que te dieron en tu casa. Cuando en 2005 yo tomé esa decisión, y sentía todos esos miedos, había algo que me respal­daba. Una parte de mí misma me decía «Va a estar todo bien». Esa confianza en vos misma la tenés un poco innata, y otro poco por­que en tu casa te dijeron «Mirá, acá va al rebaño, pero vos podés hacer otra cosa. Tenés que hacer lo que te haga feliz». Mis padres nos estimularon mucho de chiquitos. Fuimos a cerámica, canto, guitarra, lo que quisiéramos. Entre esas ac­tividades estaba teatro. Y yo sen­tía que eso era lo que quería hacer, aunque de entrada no se lo toma­ron muy en serio. Era como un jue­go, para mí, y para ellos también.

Fuiste alumna de Hugo Midón. Imagino que él también habrá forjado esa autoconfianza…
Sí, es la infancia, Hugo… lo mejor de la infancia. Había una canción que decía «Me miro en el espejo, me quiero como soy, no importa si soy flaco, petiso y panzón, así soy yo». Amí me llevaban porque la ideología de mis padres coinci­día con la de él. Fueron seis años que me marcaron muchísimo. Hugo siempre planteó la actua­ción desde el juego, y el placer; le­jos del divismo. Y eso es muy im­portante, Si uno no disfruta, nada tiene sentido.

Integrás Teatro por la Identi­dad, ¿cómo vivís los avances en derechos humanos?
Cuando nació Teatro por la Iden­tidad, a fines de los 90, fui a ver la obra A propósito de la duda y salí muy conmovida, porque era la primera vez que se hablaba de los nietos de esa manera, en un con­texto muy frívolo como el que es­tábamos viviendo. Por eso cuan­do terminó la función le pedí a Valentina Bassi, que era una de las fundadoras, que por favor me llamaran cuando necesitaran a al­guien. Desde ese entonces hasta hoy, sigo. Entonces era muy dis­tinta nuestra función social como actores. Años después, un pro­grama como Montecristo pudo hablar de esto, y lo celebro.

¿Cómo te llevás con Buenos Aires?
Bien, le tengo mucho cariño. Me gusta que todo el año haya sol. Sí veo la cantidad de autos que hay, y me deprime un poco. Y la multi­plicación de torres me termina de deprimir. Pero me gusta andar en subte, me gustan los trenes -aun­que me gustaría que estuvieran mejor- la diversidad cultural.

¿Qué es lo mejor de los porte­ños?
reo que la avidez por la cultura.

¿Y lo peor?
El racismo del cual no tenemos con­ciencia. Ahora con esto de Mauri­cio Macri y sus declaraciones saltó más de uno. A veces escucho co­sas que no puedo creer. «¿Qué te pensás, que soy peruano?», «Sos reamarrada, sos rejudía», ¡¿cómo?! Eso me da vergüenza, porque me parece que ni siquiera hay registro de que está mal.

DZ/km

 

Fuente Redacción Z
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