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TEMAS DE LA SEMANA

Macri y el sueño esquivo de ocupar el sillón de Rivadavia

El reelecto jefe de Gobierno alinea sus recursos.

Por Franco Spinetta
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Más de seis de cada diez porteños vol­vieron a depositar su voto -y su confian­za- en el hombre que supo cons­truir un nuevo y exitoso partido de centroderecha posmoderna. Mau­ricio Macri fue reelecto como jefe de Gobierno y consolidó su pecu­liar forma de hacer política. Ni vie­ja, ni nueva: diferente. Cuatro años de gestión fueron colocados en la balanza y la mayoría se expidió en favor del Gobierno que, aun­que no construyó los kilómetros de subtes prome­tidos, puso en mar­cha el Metrobús. Que tiene a su jefe político procesado por la causa de las escuchas ilegales pero que creó la Policía Metropolitana. Que no solucionó la crisis habita­cional pero logró que la Ciudad luzca, en algunos barrios, linda y ordenada. Que acentuó el desca­labro de los hospitales pero imple­mentó un plan para que los chi­cos de escuelas públicas primarias reciban una netbook. Por último, Macri también supo condensar el voto de un sector del electorado con pocas simpatías por el gobier­no nacional.

«Mauricio, Mauricio corazón, acá tenés los pibes para ir por la Nación.» Entre los globos, el co­tillón y las remeras coloridas que conformaron el kit PRO de estas elecciones, los jóvenes militantes expresaron lo que en el macrismo consideran como la principal tarea: trabajar políticamente para que en 2015 Macri se calce la banda presi­dencial. Aunque Macri intente fre­nar las internas y aclara que no ha­brá cambios en su gabinete hasta diciembre, en las horas siguientes a la victoria macrista se filtraron las versiones sobre los planes de crear nuevos ministerios y reacomodar algunas piezas. Todo para darle un perfil más «político» a la gestión.

«Va a haber un cambio en el estilo de conducción: vamos a es­tar mirando más de cerca la políti­ca», señala a Diario Z el ministro de Desarrollo Económico, Francis­co Cabrera. Macri apuesta a me­jorar simultáneamente las relacio­nes con la Casa Rosada -aunque esto no le impide decir a los cua­tro vientos que Cristina Kirchner es la única opción que no votaría jamás en las presidenciales- y con los otros dirigentes opositores al gobierno nacional a fin de conso­lidarse como el primus inter pares de esa franja.

En esa línea se encuentra la anunciada creación del Ministerio de Gobierno, que estaría a cargo del peronista Emilio Monzó, uno de los dirigentes que forma par­te de la mesa nacional del PRO. Monzó trabajará a la par del dipu­tado macrista Álvaro González en construir lazos con el kirchneris­mo y con los opositores en la Le­gislatura.

También se prevé crear el Mi­nisterio de Transporte, que esta­ría dirigido por Guillermo Dietrich, principal impulsor de las bicisen­das y el Metrobús. Dietrich es el actual secretario de Transporte y depende del ministro de Desarro­llo Urbano, Daniel Chain. Por otra parte, está en análisis el desdo­blamiento del Ministerio de Jus­ticia y Seguridad que conduce el michettista Guillermo Montene­gro. Eugenio Burzaco, actual ti­tular de la Policía Metropolitana, quedaría al frente de Seguridad, mientras que Montenegro se que­daría con Justicia. Algunos lo ven como otro recorte al poder de la cada vez más relegada diputada Gabriela Michetti.

Sin embargo, para poder llevar adelante estas modificaciones, el PRO necesita crear una nueva ley de ministerios. Según confirmó a Diario Z una alta fuente de la Le­gislatura, desde el Ejecutivo por­teño se bajó la orden de trabajar «fuerte» para encontrar consen­sos. «Esperemos que la oposición haya entendido el mensaje en las urnas», señala el diputado macris­ta Martín Borrelli.

También se esperan cambios para adaptar el sistema de co­munas. Se creará un área espe­cial dentro del Ministerio de Am­biente y Espacio Público -a cargo de Diego Santilli-, que será coor­dinada por el actual subsecretario de Atención Ciudadana, Eduar­do Macchiavelli. Además, comen­zó la carrera por el reemplazo de María Eugenia Vidal, que deja va­cante Desarrollo Social. Suenan Soledad Acuña (subsecretaria de Promoción Social y esposa del le­gislador peronista Diego Kravetz); la diputada PRO Carolina Stanley, pareja de Federico Salvai, jefe de Gabinete de Vidal, y el ministro de Educación, Esteban Bullrich.

Las dudas sobrevuelan sobre el ministro de Salud, Jorge Le­mus. A pesar de que Macri lo va­lora por su buena relación con el plantel médico, Lemus es blanco de las críticas por la situación de los hospitales porteños y pocos se atreven a defenderlo pública­mente. Diferente es la situación del ministro de Cultura Hernán Lombardi, de extracción radical. Macri asegura que su gestión fue la más «potente» en el campo cultural y se sobreentiende que Lombardi continuará al frente de la cartera.

Cruzar la General Paz

En la Ciudad, el PRO consolidó su base de sustentación política: no perdió ninguna elección desde el 2003 -salvo el ballottage fren­te a Aníbal Ibarra-; tiene mayoría en la Legislatura y un armado te­rritorial fuerte, cortesía del pero­nismo del legislador Cristian Ri­tondo, quien hizo base en el sur y en el oeste porteño. Macri tiene una amplia aceptación en el norte de la Ciudad. A modo de ejemplo: en Recoleta, el oficialismo obtuvo casi el 80% de los votos.

Es indiscutible que la realidad le sonríe al macrismo a escala mu­nicipal. Pero desde la General Paz hacia el interior del país no es tan claro que Macri en algún distri­to pueda reproducir nuevos «ba­tacazos» electorales como el del humorista Miguel del Sel en Santa Fe. El macrismo directamente no existe en por lo menos ocho pro­vincias y en otras tiene una pre­sencia débil, como por ejemplo en Entre Ríos, donde «Mandy» Saliva no luce como gran candidato.

No obstante, en el terreno de las aspiraciones y más allá del es­truendo festivo por la amplia dife­rencia obtenida en Capital, en el partido del jefe de Gobierno que­dó la sensación incómoda de que «se podía más». Algunos se ani­man a esbozar quejas y, sin nom­brar al tándem Jaime Durán Bar­ba-Marcos Peña (ideólogos de la retirada de la candidatura presi­dencial), se encargan de dividir las aguas entre quienes convencieron a Macri de que se postulara para la reelección y los que trabajaron para ampliar la proyección nacio­nal del macrismo.

La autocrítica es justamente ésa: la impericia para conformar un armado nacional. «Faltó políti­ca, faltaron acuerdos con dirigen­tes provinciales», reconoce un re­ferente. Es que la escena se repite: luego de la victoria en 2007, Ma­cri se envalentonó y se animó a so­ñar con el sillón de Rivadavia en 2011. Cuatro años después, el ob­jetivo es el mismo, las limitaciones también.

La principal pregunta es qué rumbo tomar para ampliar la base en el interior. «Todos los caminos conducen a Lomas de Zamora, es decir, a Eduardo Duhalde», acla­ra un operador cercano a Riton­do. Sin embargo, otra importante ala del macrismo (en la que abreva Gabriela Michetti) no está conven­cido de la conveniencia de «pero­nizarse». Un diputado nacional cu­yano, en el búnker PRO, anticipó que esa discusión «forma parte de las internas y también de los esco­llos que te genera no tener un apa­rato propio, pero también es algo que tenemos que superar: no po­demos depender de Duhalde».

«En 2015, Mauricio no puede ser reelecto como jefe de Gobier­no así que su destino natural es que sea presidente y vamos a tra­bajar para eso», dice el ministro de Hacienda y candidato a intenden­te de Lanús, Néstor Grindetti, uno de los que quedó huérfano tras la claudicación de su jefe. «Vamos a tener que alcanzar ese objetivo. Si no alcanza con el PRO tendremos que armar una coalición», advier­te el diputado nacional Federico Pinedo. Un hombre que a duras penas disimuló el disgusto cuan­do se enteró que su jefe -que ya lo había dejado en banda bajándo­se de la arena presidencial- tenía planeadas vacaciones inmediatas. Dicho de otro modo, que no iba a participar de las primarias, lo que no solo lo libraba de declarar su voto: tampoco acompañaría a Pi­nedo en la tarea de validar su soli­taria postulación.

Aunque Macri tenga la res­ponsabilidad de gobernar otro período la Ciudad, todos coinci­den en que destinará muchos re­cursos y tiempo para la construc­ción nacional. Es el mix ideado por Durán Barba: una gestión exi­tosa, enfocada en lo social, dará el impulso necesario para llegar a la presidencia en 2015. Para ello deben sortear cuatro años de go­bierno. En política todo puede pa­sar. Y pasa.

DZ/km

Fuente Redacción Z
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