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Juicio Luis Viale: la defensa dijo que «los bolivianos son más sumisos»

La defensa de los capataces usó como atenuante que las víctimas «estaban mejor» en el taller clandestino «que en su pueblo». En el incendio de 2006 murieron cinco chicos y una joven embarazada. Los familiares quieren que se impute también al dueño.

Por Alejandra Hayon
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taller clandestino Luis Viale

«Los bolivianos son más sumisos laboralmente», pretendió justificar la abogada de uno de los procesados por el incendio del taller clandestino de Luis Viale, en donde murieron cinco chicos y una joven embarazada. A diez años del incendio, el martes terminó la lectura de los alegatos y ahora los jueces deberán decidir el veredicto. La defensa pidió la nulidad del juicio con argumentos racistas.

“Escuchar esos argumentos racistas nos indigna y nos llena de impotencia. No somos sumisos, somos explotados. Es muy común escuchar que los bolivianos somos re laburadores, decir eso encubre el sometimiento”, critica indignado Juan Vázquez, referente de Simbiosis Cultural, una organización de bolivianos que surgió luego del incendió del taller de Luis Viale para acompañar a las familias y enfrentar el trabajo esclavo.

Desde Simbiosis Cultural denunciaron que, además de referirse a los bolivianos como “sumisos”, la abogada defensora del capataz Luis Sillerico Condolí, Norma Bouyssou, también dijo: «Tenemos que entender que estaban mejor que en su pueblo”, «No sabemos si el fuego lo iniciaron los hijos de Luis Fernando», «Debemos tener en cuenta los delitos culturalmente motivados», «(Sillerico) No sabe qué es la reducción a servidumbre, ya que ni siquiera sabe normas de electricidad porque en Bolivia no tenía nada. Tuvo una educación primitiva ya que apenas terminó la primaria», «Para nosotros es reducción a servidumbre, para Sillerico es alojar a sus paisanos».

Bouyssou fue la abogada defensora del comisario Hugo Lompizano, condenado por el crimen de Mariano Ferreyra, el joven militante del Partido Obrero asesinado durante una protesta de trabajadores tercerizados del ferrocarril Roca. Para defender al comisario, Bouyssou había dicho que los manifestantes agredidos no estaban “indefensos”.

El otro procesado es Juan Manuel Correa, que junto a Sillerito Condolí regenteaban el taller clandestino. Los familiares de las víctimas lograron cambiar la acusación de “Incendio seguido de muerte” a “Reducción a la servidumbre”. Ahora la defensa pidió la nulidad de la causa.

“Los argumentos denigraron también a su representado que es boliviano. La única defensa que esperábamos escuchar era que los capataces también eran explotados por los verdaderos dueños del taller, Damián Fischber y Javier Geiler, que ni siquiera fueron citados a declarar”, opinó Vázquez.

Por su parte, el fiscal responsabilizó a los dos acusados por «incendio culposo seguido de muerte en concurso con reducción a la servidumbre» y reclamó una pena de trece años de cárcel para ambos. El viernes 3 se leerán los contra alegatos y se espera que la próxima semana los jueces Adrián Pérez Lance, Rafael Alejandro Oliden y Fátima Ruiz López definan la sentencia.

“Vamos a estar conformes cuando Geiler y Fischber estén presos. No queremos venganza, queremos que el fallo sirva para que otras empresas modifiquen su esquema de trabajo y se controle todo el sistema de producción”, aclaró Vázquez, que junto con la organización acompañan al único querellante, padre de una de las víctimas.

En el taller de Caballito trabajaban y vivían con sus familias 45 costureros. El 30 de marzo de 2006, un desperfecto eléctrico recalentó el cable de un televisor de la planta superior del taller y se prendió fuego.

Harry Rodríguez, de 3 años; Luis Quispe y Rodrigo Quispe Carabajal, ambos de 4 años; Elías Carabajal Quispe, de 10; Wilfredo Quispe Mendoza, de 15; y Juana Vilca de 25 años y embarazada de seis meses quedaron atrapados y murieron.

Simbiosis Cultural surgió después del incendio. “Nos empezamos a juntar entre conocidos para ver qué podíamos hacer, todos trabajábamos en las mismas condiciones”, contó Juan Vazquez, que creció entre las máquinas de un taller clandestino también de Caballito.

 

DZ/ah

Fuente Redacción Z
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