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TEMAS DE LA SEMANA

Luis Salinas: ‘Básicamente soy un bicho de ciudad’

El genio de la guitarra vuelve con disco triple.

Por Cecilia Alemano
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Su último disco se llama Sin tiempo. Un título que, explica, tiene dos sentidos: por un lado, la inmediatez con que fueron grabados muchos temas. Por otro, la atemporalidad del repertorio, que incluye el bossa «Años» («Un tema que en mi juventud no podría haber tocado como lo hago hoy») y un rock and roll como bonus track «que tocaba cuando era más pibe».

A sus 53 años, Luis Salinas da la impresión de ser él mismo. Así, sonriente y con una informalidad que roza lo desaliñado. Pero en su caso se ve cómo los años pulen el talento, y cómo en vez de enmarañar la cabeza del genio, la purifican. Esa simpleza es la que hace que, por ejemplo, el guitarrista más deslumbrante del país pueda dedicar diez minutos a hablar de su admiración por otro músico. Y acá lo tenemos, a Salinas, explicando por qué Luis Alberto Spinetta «es» el rock nacional. «Es nuestro artista más original, nadie armoniza como él y su forma de cantar no se parece a la de nadie. Para este disco nos prestó su estudio y se despejó los días para estar con nosotros. Cuando llegábamos, nos abría la puerta y nos iba a comprar medialunas. Irradia luz. Cuando terminó de cantar le dije ‘Gracias por hacerme escuchar un sueño'». Como también Lito Vitale le prestó su estudio, Salinas resume: «Este disco estuvo bendecido por la amistad de Lito y la luz del Flaco».

¿Cómo se genera esta empatía?
Soy selectivo con mi entorno. Mi vieja me decía: «Primero la persona, después lo que haga». Tampoco es cuestión de que porque el tipo toca bien, o la mina es linda, haya que bancarse cualquier cosa.

¿Y en tus decisiones priorizás a Luis antes que al músico?
Sí. Cuando nació mi hijo Juan, quise ser un padre presente, y hay muchas cosas que no hice porque quería estar con él. Sabía que si viajaba, o me prendía en algunos proyectos, me iba a perder su crecimiento. Eso después ayudó a mi manera de tocar, porque cuando vos estás espiritualmente bien, tocás bien.

¿Cómo se hace para atravesar todos los géneros musicales?
Es la diferencia entre una pareja que te dice «quiero verte» o la que te dice «necesito verte». Cada cosa que hice fue por necesidad. Así fue el disco de música argentina, en 2003, en una época dificilísima en el país. Como nos fue bárbaro el de la compañía quería otro, y yo le dije: «Pero ahora necesito tocar la viola eléctrica». Y ahí vino Ahí va, que ganó un Gardel. Los premios fueron llegando, pero yo nunca dejé de responder a mi deseo.

Es obvio que «especulación» no entra en tu diccionario.
No me gusta especular en ningún sentido, mucho menos en el arte. Una vez me peleé con un tipo que me decía «Vamo’ a tocarle esto, total no entienden nada». Pero creo que el público sabe cuando un artista es sincero. Más que llegar a algún lado, intento encontrar un camino, y transitarlo hasta donde dé. En el arte, como en el amor, todo puede ser de mucha formas.

Y en lo estético, ¿alguien objetó tu look?
Una sola vez, en un sello norteamericano. No sé qué cosa pasaba con mi pelo. Entonces le hablé de otro tema al tipo y lo miré de tal manera que creo que no le quedaron ganas de decirme nada. Uno debe aceptarse como es.

¿Cómo convive tu parsimonia con la neurosis porteña?
(Sonríe) Nací en Monte Grande, viví en Villa Diamante y casi la mitad de mi vida la pasé acá. Para mí la calle Corrientes es como mi casa. Lo primero que hice cuando Juan aprendió a caminar fue llevarlo a Callao y Corrientes, y ahora le encanta. Soy mitad porteño: me gustan mucho San Telmo y Palermo… aunque ahora ha perdido un poco la personalidad. Básicamente soy un bicho de ciudad.

¿Qué cosas te malhumoran de Buenos Aires?
Y… hay una energía densa. Ésta puede ser la habitación más hermosa del mundo, pero si somos veinte peleándonos por el espacio, es difícil disfrutarla. Para mí, Buenos Aires es una de las ciudades más hermosas del mundo, y mirá que he visitado 22 países. Pero la energía que hay durante el día es muy jodida, y si no armás tu círculo de gente, puede dañarte.

Colaboró: Guillermo Llamos.

 

Fuente Redacción Z
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