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Luis Machín: ‘Nunca dudé de esta carrera’

Mientras trabaja en La última sesión de Freud en Buenos Aires, el actor, conocido por sus papeles de malo, confiesa que prefiere los personajes sentimentales.

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Luis Machín empezó actuando en su ciudad natal, Rosario, a los dieciséis años, pero poco tiempo después viajó a Buenos Aires y comenzó una carrera que abarca teatro, cine y televisión. En su última obra, La última sesión de Freud, con adaptación y puesta de Daniel Veronese, interpreta el papel del escritor británico C. S. Lewis en un hipotético encuentro con Freud, papel que hace Luis Suárez, durante la Segunda Guerra Mundial.
¿Es cierto que no te gustan las entrevistas?
Yo lo que digo es que las entrevistas me dan la posibilidad de escucharme, como si fuese una especie de terapia, donde puedo escucharme a mí mismo hablar de mi actividad y a su vez eso me hace repensar, que es la operatoria que se produce en una sesión de terapia psicoanalítica. Escucharse y revisar algunas cuestiones más profundamente. Y en general me pone muy nervioso las notas en vivo. Me gustan mucho más las notas cuando puedo escribirlas.
¿Te psicoanalizás?
Sí, desde los 25 años.
¿Alguna vez te planteaste dejar tu carrera actoral?
Nunca. Es una de las pocas cosas que nunca he dudado, arranqué a los dieciséis y nunca barajé esa posibilidad. Tengo 44 años y en todo ese tiempo nunca dudé de esta carrera que disfruto y deseo.
Tenés a Lorenzo de cinco años y Aurora de cuatro meses, ¿cómo lográs congeniar el tiempo de la familia con tu trabajo?
Hasta ahora lo llevo muy bien, desde que nació Lorenzo, salvo en alguna que otra ocasión, ya no viajo como viajaba antes. Viajo por períodos cortos, siento que se me dificultaría la relación tiempo y familia si no puedo viajar con ellos. Me fui un día y medio a Mar del Plata y había algo que no estaba, no pude contarle su cuento a Lorenzo. Eso me sacude. Si pienso que tengo que viajar durante un mes, lo primero que siento es una sensación de padecimiento.
¿Qué tiene Rosario que no tiene Buenos Aires?
Rosario tiene la posibilidad de cierto reposo, es una ciudad chica para ser grande y grande para ser chica. Tiene una medida que está muy bien y que todavía conserva una impronta pueblerina, más allá de que es una ciudad. Tiene algo de posibilidad de encuentro y de cercanía, que es mucho más difícil que en la ciudad porteña. Rosario tiene como un cierto orgullo de serlo. Rosario mira al río de una manera más amplia, tiene la posibilidad de reposar la vista y descansar en el agua.
¿Volverías a vivir en Rosario?
No en este momento, van a cumplirse 20 años de que vivo acá, y en los viajes que he hecho no tuve la posibilidad de disfrutarla, de reencontrarme con la ciudad, son viajes que están vinculados al trabajo o al encuadre familiar, la casa de mi madre, los amigos, entonces no me puedo vincular con la ciudad desde otro territorio. Me cuesta pensar en un desarrollo profesional allá.
Con tantos años en la actuación, ¿hay algún personaje con el que te hayas identificado?
Hice tantos… (piensa). Curiosamente no tengo uno en particular, pero en general siento que me representan más los que menos se conocen. En televisión la gente reconoce a personajes que están más vinculados a los villanos. Pero me gustan más los personajes que tienen una historia más desarrollada en el aspecto sentimental, amoroso, poético. En lo personal me siento más identificado con esos papeles que con los otros. Pero estos últimos me divierten mucho, componerlos, construirlos e interpretarlos. Los tomo como un juego. Me parece que ser un verdadero actor requiere no sólo de técnica, sino de cierta naturalidad que nace en uno. Se puede estudiar mucho y llegar a algo, pero se necesita más que técnica y vocación.
¿Qué artistas nacionales ves con esa naturalidad que mencionás?
Tato Pavlovsky es un gran artista, además de médico y periodista. Cuando lo veo actuar me produce algo que no me producen otros actores, hay algo que está atravesado por un sentimiento muy poderoso que atraviesa cualquier posibilidad técnica. También Norman Briski, Cristina Banegas, Mirta Busnelli, Roberto Carnaghi, Leonor Manso, Patricio Contreras…
¿Con quién te gustaría compartir escenario?
Con Anthony Hopkins, Jack Nicholson, Charlotte Rampling, Catherine Deneuve, Susan Sarandon y Shirley MacLaine.
¿Qué destacás de La última sesión de Freud?
La obra de Freud la recibí cuando terminé de hacer la Familia argentina (en el teatro del Centro Cultural de La Cooperación), tuve un problema de salud por el cual estuve internado cinco días, me llevaron la obra al sanatorio y la leí con casi 39 grados de fiebre, yo creo que esa cuestión febril me llevó a aceptar el papel. Sabiendo que trabajaba Jorge Suárez y que la dirigía Daniel Veronese, me pareció bien aceptarlo. Me resultó muy atractiva porque está vinculado a la psicología, de hecho en la Familia argentina interpreté a un psicoanalista.
¿Cuáles son tus proyectos?
El martes 11 de diciembre finalizó La viuda de Rafael en Canal 7. Hay muchas otras series que todavía no han salido que son de la televisión digital abierta, entre ellas Las huellas del secretario, Se trata de nosotros, Diálogos fundamentales del Bicentenario”.

 

En pocas palabras

• Nació en Rosario hace 44 años.
• Tiene dos hijos: Lorenzo y Aurora.
• Ganó cinco Martín Fierro.
• Trabajó en La viuda de Rafael, en la Televisión Pública.

 

Fuente Redacción Z
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