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TEMAS DE LA SEMANA

Luces y sombras del distrito tecnológico

El proyecto impulsado por el gobierno porteño genera críticas de la oposición.

Por laura-narbais
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En La Rioja al 2011, la principal arteria comercial del barrio de Parque de los Patricios, un cartel colgado en el frente de un edificio deteriorado reza: «Parque Patricios está cambiando». Algunos obreros se encargan de cambiar al menos la cara de lo que va a convertirse, según la promesa de la inmobiliaria Puebla, en «un edificio de oficinas en alquiler, totalmente equipadas».

Desde que en diciembre de 2008 se aprobó la Ley 2972 impulsada por el Gobierno de Mauricio Macri para promover la radicación de empresas de tecnologías de la información (TI) y de las comunicaciones, alrededor de 30 compañías se establecieron o planifican hacerlo en algún predio de las 200 hectáreas delimitadas por las avenidas Sáenz, Boedo, Chiclana, Sánchez de Loria y Brasil, las calles Alberti y Manuel García y la Avenida Amancio Alcorta, en ambas aceras.

Allí está enclavado el Distrito tecnológico, un espacio que, lejos de cualquier imaginario futurista, consiste en un habitualmente tranquilo barrio de edificios bajos, verdulerías, algún bar y comercios en donde se insertan de a poco y casi imperceptiblemente algunas de las empresas dedicadas a la tan intangible industria de producción de software y el desarrollo de tecnologías informáticas.

Exenciones impositivas como Ingresos Brutos o el pago de ABL durante una década, créditos blandos a tasas fijas del 17,5% otorgados por el Banco Ciudad (alrededor de 15 pymes están tramitando créditos por un total de $14.642.000 y una grande que recibirá $3.650.000), las promesas de extender la línea H del subterráneo y de mejorar la infraestructura y seguridad del barrio constituyeron un tentador cóctel que ya atrajo a una veintena de empresas de este rubro.

Una de las pioneras en instalarse en el Distrito fue Tao-IT, compañía de capitales nacionales orientada a la provisión de soluciones tecnológicas. La empresa mudó las oficinas de 25 de Mayo y Corrientes a lo que por entonces era un bar y ahora es un moderno local de 400 m2, con paredes pintadas con graffiti, espacios abiertos, un patio con parrilla y una sala para jugar al ping-pong o ver televisión en pantalla gigante. «Además de los beneficios impositivos, estamos contentos con la mudanza; ya no soportamos cortes de calles, embotellamientos ni polución», afirmó Agustina Aguirre, Responsable de Marketing.

Carlos Stella, director de Recursos Humanos de Tata Consultancy Services, organización que ofrece servicios de TI (forma parte del gigante indio Tata Group) también expone como atractivos para la compañía los ya mencionados beneficios impositivos, los menores valores de los terrenos, la facilidad de encontrar estacionamiento y la posibilidad de adquirir edificaciones extensas que son improbables en el microcentro porteño. «Nuestra expectativa es crecer de los 240 empleados a 1.400; hoy ocupamos 2.500 m2 cubiertos, pero el edificio tiene 11.000 m2».

Según explicaron desde el Ministerio de Economía del Gobierno de la Ciudad, el objetivo del Distrito es impulsar una industria calificada como «estratégica», y al mismo tiempo aprovechar los amplios edificios desocupados o terrenos baldíos para transformar al barrio, lo que «significará generar más puestos de trabajo para sus habitantes, mayor actividad comercial y un incremento del valor de las propiedades». El proyecto forma parte del programa de valorización de las zonas más postergadas de la Ciudad.

Pero para el arquitecto José Rozados, consultor inmobiliario, las mejoras son insuficientes y lo que más se aprecia es la mejora de la iluminación en algunas avenidas como Av. Chiclana y Av. Saenz y la instalación de algunas cámaras de seguridad en derredor a donde se encuentran los actuales talleres del G.C.B.A, en las calles Uspallata y Zabaleta. «Por ahora de manera concreta no puede apreciarse mucho más que esto. No se ven otras mayores medidas de control o seguridad que puedan ser diferenciales con otros barrios de la ciudad».

Desde la oposición, también se alzaron voces críticas al proyecto. El legislador Martín Hourest, del bloque Igualdad Social, la iniciativa no redundará en beneficios para la comunidad ni ocurrirá un efecto derrame, ya que no se incluyó la obligación de que las empresas «socialicen la renta». Según Hourest, este modelo de beneficios impositivos generará «islas» dentro del barrio. «Este es un Estado bobo; se traslada el capital por incentivos fiscales, pero no se socializa; se debería haber exigido, por ejemplo, que se desarrolle software libre para informatizar las historias clínicas de los hospitales», concluyó.

Fuente Redacción Z
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