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Los riesgos que corren los políticos que utilizan la web 2.0

Facebook,Twitter y otras redes pueden depararle a sus usuarios ‘famosos’ comentarios ‘no deseados’.

Por Ignacio Guebara
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Casi en silencio, Twitter se fue con­virtiendo en un pequeño boom entre los políticos argentinos. Mientras que hasta hace poco tiempo su mayor presencia online se limi­taba a un sitio web oficial o, en contados casos, un perfil en Facebook, ya son mu­chos los que eligen la red social del pajari­to para expresar de primera mano sus pos­turas o debatir con otros internautas. Entre los «tuiteros» se cuentan desde el legen­dario dirigente comunista Patricio Etchega­ray hasta casi todos de los funcionarios de primera y segunda línea del Gobierno de la Ciudad. Aunque, claro, la libertad de inter­net abre las puertas a comentarios «no de­seados» y hasta a identidades falsas.

La aparición de cuentas apócrifas de personajes públicos en Twitter es mone­da corriente. Pero, a diferencia de los per­files falsos de famosos, que buscan pasar por verdaderos, los de los políticos giran en torno a lo humorístico. Un «clásico» es @jorgealtamira, que satiriza desde febrero de 2009 al líder del Partido Obrero. El falso Al­tamira decora su perfil con el clásico sím­bolo del martillo y la hoz y anuncia todos los días por qué suspende la revolución so­cialista. «Revolución suspendida por fiestón en el Comité. Chicas, bourbon y cigarros Cohiba» fue la última entrada publicada.

Los perfiles «truchos» abundan en ambos extremos del arco político: Gabriela Michetti logró que Twitter diera de baja una imitación que llevaba un nombre de usuario muy simi­lar al de ella: mientras que su cuenta origi­nal es @gabimichetti, la apócrifa era @gaby­michetti. Como respuesta al cierre, el creador (o la creadora) de la cuenta falsa registró el usuario @gabymichotta, en el que mantiene el tono irónico del anterior, dejando en claro que no se trata de la Gabriela real.

Claro que el «realismo» no pa­rece ser la inten­ción de estos usua­rios: Francisco De Narváez sufre los embates de la versión en Twitter del sitio «mapa del Colo», que se burla del mapa de la inse­guridad creado por el diputado.

Elisa Carrió, Néstor Kirchner y Horacio Rodríguez Larreta tienen sus dobles virtua­les, y hasta Ciro James cuenta con un perfil falso en el que declara: «Todavía no encuen­tro UNAsola prueba que impute a Mauricio Macri en las escuchas. Me faltan 630 pági­nas, después les cuento».

Para Sebastián Lorenzo, experto en co­municación 2.0 y creador del sitio PJ Digital, la existencia de cuentas apócrifas de polí­ticos sin presencia en la web es un proble­ma grave. «Su identidad digital se constru­ye en torno a lo que dicen personas alejadas a su entorno y, muchas veces, esas personas tienen malas in­tenciones.» La estrategia que re­comienda es casi de trinchera. «En política hay que ocupar los espacios, en la web también y si no, alguien lo ocupa por nosotros.»

Los equipos de prensa de los políticos se mantienen en guardia para evitar incon­venientes en sus cuentas de Twitter y Face­book. «Las claves de acceso a los servidores y a las redes sociales se modifican frecuen­temente, es parte del manual», asegura Martín Rodríguez, coordinador de nuevos medios del equipo de prensa de Francisco de Narváez.

El ministro de Educación porteño, Es­teban Bullrich, es un usuario habitual de Twitter. En la última semana recibió de­cenas de reclamos por el despido de tra­bajadores en su cartera y la intención de cerrar 258 grados en escuelas porteñas. Una de las usuarias más activas en la dis­cusión contra Bullrich es Noelia Lynch, una docente que comenzó su «reclamo virtual» hace tres meses por el pago de sueldos atrasados que, asegura, aún no se normalizó.

Amén de estas complicaciones, la web parece lograr el cometido de acercar vir­tualmente a funcionarios y votantes, siem­pre y cuando los dirigentes acepten jugar el juego. «Si se mantiene un mensaje uni­direccional, se desaprovecha el poder de Twitter», explica Lorenzo. Para el militante peronista, el ida y vuelta soluciona los in­convenientes: «Si los políticos son activos en la web e interactúan con sus seguido­res no hay demasiado espacio para la con­fusión con falsas identidades».

 

Fuente Redacción Z
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