Tiempo en Capital Federal

20° Max 13° Min
Cubierto
Cubierto

Humedad: 58%
Viento: Nordeste 20km/h
  • Domingo 25 de Septiembre
    Cubierto14°   18°
  • Lunes 26 de Septiembre
    Cubierto14°   21°
  • Martes 27 de Septiembre
    Parcialmente nuboso con lluvias15°   23°
Estado del Tránsito y Transporte
Actualizado: 24/09/2022 17:10:30
Tránsito
Trenes
Vuelos
Cargando ...

TEMAS DE LA SEMANA

Los que hacen Buenos Aires: Trabajadores y porteños

Maestros, albañiles, médicas, choferes, auxiliares domésticas, bancarios, agentes de turismo, empleados públicos, músicos, actores. Son más de dos millones y medio. Casi la mitad parte, cuando termina su tarea, a dormir al conurbano.

Por Claudio Mardones
Email This Page
trabajadores_porteños

A las ocho de la maña­na, las avenidas ya están saturadas de vehículos. Autos, mo­tos, bicicletas y peatones compi­ten por un lugar en la calle para llegar antes, a horario. La jorna­da laboral de bancos y las em­presas de servicios, que marca el ritmo entre la media mañana y la tarde temprano es sólo una de las imágenes del trabajo en la ciudad. Después de las cinco, los subtes se llenan irremediablemen­te, los trenes se saturan de pasa­jeros, y aparecen las largas co­las en las veredas para tomar un colectivo o una combi que cuen­tan otras historias laborales. Aesa misma hora, se cruzan con quie­nes entran a trabajar, para irse a sus casas recién cuando amane­ce. Y también con los que se ga­nan el sustento casi sin horario o a destajo. Con todos sus proble­mas y desigualdades crecientes, la metrópolis sigue ofreciendo alter­nativas para ganarse la vida tanto a grandes ejecutivos como a ven­dedores ambulantes y cartoneros. Formal o en negro, con contrato, facturando, con horario o sin él, todos los días los porteños salen como pueden a trabajar.

Oficios y profesiones

La población de la ciudad ron­da, desde hace cincuenta años, los tres millones de habitantes y genera poco más de dos millo­nes y medio de puestos de traba­jo. Según el documento Panora­ma Social Porteño, elaborado por la Dirección General de Estadísti­cas y Censos, del Gobierno de la Ciudad, hay lugar para 2.525.227 trabajadores. De estos, el 52,3 por ciento son residentes en la Ciu­dad, y el 47,7 restante por perso­nas que llegan todos los días des­de el conurbano.

Un análisis por rama señala que el 55,5 por ciento de los tra­bajos que ofrece la Ciudad es en el sector servicios. Le siguen el 20,3 en infraestructura, los empleados de comercio con el 12,7. Sólo el 10 por ciento del trabajo que ge­nera la Ciudad es en el rubro de manufacturas industriales. Dentro de los servicios, el 14,5 por cien­ to (más que los empleados de co­mercio en su totalidad) se lo lleva Administración, Salud y Enseñan­za Pública, con el 14,5 por cien­to, seguido de Actividades pro­fesionales, científicas, técnicas y servicios inmobiliarios (8,5), Ser­vicios de administración y otros (8,3), Enseñanza y salud privadas (7,6) y Servicio doméstico (6,0). En Infraestructura, la mayor can­tidad de trabajadores se dedica a Transporte, comunicación, infor­mación, electricidad, agua, gas y servicios conexos (13,5).

Entre el 40 y el 45 por cien­to de las personas que trabajan en la ciudad proviene de los 24 par­tidos del conurbano, afirma el Pa­norama Social. Los que hacen el recorrido inverso y están emplea­dos en la provincia son muchos menos. A fines del 2012 no supe­raban el 6,1%. Por lo general, es­tos trabajadores ocupan puestos de alta calificación.

En cuanto al régimen de tra­bajo, de los 1.600.000 ocupados que viven en la capital, la mayo­ría, 1.184.000 (75,5% del total) son asalariados. En segundo lu­gar aparecen los cuentapropistas (19,2%) y en tercero (4,6%) son los patrones o dueños. Por último, en quinto lugar, con el 0,7%, figu­ran quienes trabajan en pequeñas empresas familiares. Es el caso de los hijos del dueño de un comer­cio, por ejemplo.

Trabajo en negro

Uno de cada tres asalariados está por fuera de la legislación la­boral y de los convenios colecti­vos. La informalidad –“trabajo en negro”– es una constante: el 37% de las personas tienen trabajo precario y al 20,8% de los asala­riados no se le hacen descuentos jubilatorios. Este nivel de informa­lidad, varía según rama de activi­dad. Los trabajos que exigen me­nor calificación y tradicionalmente peor pagos, el servicio domésti­co y la construcción, son los que más sufren la falta de obra social ni cargas sociales, con su sombra extendiéndose sobre el 73,8% y el 65,1% de cada actividad res­pectivamente. Siguen en la esca­la, “servicios comunitarios, socia­les y personales, con el 44,4%, comercio con 44,1, el trasporte y comunicaciones (43,3%), indus­tria, (39,3%), Educación y Salud (27%) y actividades financieras, inmobiliarias y empresariales el 24,3%. En los trabajos más califi­cados, la informalidad es muchísi­mo menor.

La diferencia de trabajar en blanco o en negro va más allá de la obra social y los aportes jubila­torios. Los precarizados trabajan en promedio 8 horas por sema­na menos que los trabajadores en blanco. Pero cobran 22% menos por la misma tarea. En promedio, los trabajadores formales trabajan 8 horas más por semana y cobran un promedio de 5.967 pesos, mientras que los informales tienen un ingreso promedio de 3.018 pe­sos. Esto indica que son las tareas con menor remuneración aquellas donde el trabajo informal es más común. La informalidad, además, tiene mayor impacto entre las mujeres (24,1% frente al 21,4% en los varones) y en los jóvenes de 18 a 24 años (41% de informali­dad sobre el 19,6% en la franja de 25 a 49, y el 23,1% entre los ma­yores de 50 años).

En ese abanico de ingresos, los ocupados perciben una cifra cercana a los 6000 pesos frente a 933 pesos que ganan los des­ocupados. A pesar de la enorme diferencia, sólo el 2% de los des­ocupados recibe subsidio de des­empleo, que aporta entre 300 y 500 pesos al mes. Semejante bre­cha, a los ojos de los autores de la investigación, resume en el bolsillo el impacto de dos temas puntua­les y “pone en evidencia la preca­riedad de las condiciones del em­pleo anterior en algunos casos y el tiempo prolongado de desocupa­ción entre otros”.

Todo esto en una distribu­ción geográfica donde el sur tie­ne el 45,1% % de habitantes em­pleados informalmente, frente al 36,3 del centro y el 28,6% del norte. Una evidencia de la fractu­ra social porteña, donde desocu­pación, informalidad y bajos sala­rios se posan con fuerza en el sur de la ciudad.

Desocupación

La geografía de la Ciudad está atravesada por una de las grandes fronteras de la frac­tura social: la línea que se­para a los hombres y mu­jeres que tienen trabajo, de los que buscan y no en­cuentran. Según otro estu­dio, “Perfil de los desocupa­dos de la Ciudad de Buenos Aires”, publicado en diciem­bre de 2013 por la Direc­ción General de Estadísti­ca y Censos del Ministerio de Hacienda porteño, los 1.673.000 residentes por­teños que conforman la po­blación económicamente activa se dividen entre un 6,2% de desocupados y un 94% de ocupados, es de­cir entre 103.500 personas que no poseen ocupación y 1.569.500 que sí la tienen. Son las dos caras de la población económicamente activa de la capital. Este panora­ma general ha tenido pocos cam­bios en los últimos años. Indagan­do un poco más fino se puede ver que los sectores más desfavoreci­dos son los jóvenes y las mujeres. Y si sos mujer y joven, ni hablar. Los barrios más afectados son to­dos los del corredor sur (ver re­cuadro).

Haciendo un viaje al pasado hasta el último trabajo desempe­ñado se puede comparar la tasa de ocupación y la de desocupa­ción de las principales ramas de actividad. Algunas, como Comer­cio, Construcción y Servicio Do­méstico tienen más trabajadores del rubro desocupados que ocu­pados, un proceso “que da cuen­ta de la destrucción de puestos en esas actividades en períodos ante­riores” según la investigación. Ne­gocios, hoteles y restaurantes son los rubros que más traba­jadores poseen, pero tie­nen una desocupación de 31,9% y una ocupación del 19,8%. Para esta rama, la tasa es negativa. En se­gundo lugar, le siguen las actividades financieras, in­mobiliarias, empresariales, de alquiler, informática, de investigación y desarrollo, que tienen una ocupación del 22,7 y una tasa de em­pleos perdidos del 21,4, es decir, que tienen un saldo apenas positivo. El tercer puesto, en una ciudad de servicios como la capital, está la industria, donde el 11,3% de sus ex trabajado­res la reconocen como últi­mo empleo, mientras man­tiene una ocupación del 9,6%. En el abanico de ac­tividades, la educación y la salud, tiene un 16,4% de empleos, y un 8% de des­ocupados. El peor lugar lo ocupan el servicio doméstico, que descolla en la destrucción de fuentes labo­rales: tiene una tasa de ocupación del 4,8%, casi la mitad del 7,2% de desocupados que registra, y la construcción, que posee un 3,8% de ocupados, y un 7,2% de des­empleados. El transporte y la co­municación cierran el 2012 con un 5,5% de ocupados y sólo un 1,7% de personas que perdieron un puesto en ese rubro. Son las ramas más castigadas. La administración pública, una de las más grandes del país, tiene un 7,7% de ocupados y un 1,7 de desocupados.

Ni yerba de ayer

En cuanto a la duración del desempleo, el 35% de los des­ocupados lleva de 3 meses a un año sin trabajo. De ellos, el 17% lleva entre 3 meses y medio año sin conseguirlo, mientras que un 18% está en otra etapa más dura: entre seis meses y un año sin ta­rea remunerada. El rango empeo­ra en la categoría que acumula “más de un año” sin contar con ingreso laboral, porque abarca al 30% de la masa total de desocu­pados. Hay que señalar que hay una correlación negativa directa entre el tiempo que lleva desem­pleada una persona y las posibili­dades de conseguir trabajo. Cada vez se hace más difícil.

En el plano educativo, el com­portamiento de la población la­boral porteña revela que “los desocupados tienen –en prome­dio– menos años de es­tudio que los ocupados”, porque mientras “el 35% de los ocupados tiene es­tudios superiores o uni­versitarios completos, los desocupados tienen me­nos de la mitad de ese número”. En los desocu­pados, el 33,6 % no ter­minó el secundario, el 51% no terminó sus es­tudios superiores y sólo el 15,1% tiene un título. En­tre los ocupados la rela­ción se invierte: sólo el 22 por ciento tiene secunda­rio incompleto, en tanto el 42,9 tiene estudios su­periores incompletos y el 34,7 se graduó.

Fuera de los estudios realizados, la investiga­ción revela que el 31% de los trabajadores sin empleo sigue formándo­se, mientras que el 68,7% dejó de estudiar. En el caso de los ocupados la tendencia se profundiza: sólo el 16,4% sigue estu­diando y el 83,5% no lo hace, en un proceso pre­visible, especialmente por el peso del esfuerzo labo­ral ante la posibilidad de compartir el día con algu­na alternativa académica.

El 21,4% de los 3 mi­llones de porteños tienen entre 14 y 25 años. Y son los que más problemas tienen para conseguir empleo. Su desempleo es del 41,5%. Del otro lado de la frontera, esa franja de edad abarca sólo al 14,7% del to­tal de trabajadores con empleo.

Del total de los desocupados, el 21% nunca trabajó, son jóvenes que recién se incorporan al mer­cado laboral. Dentro de este uni­verso, el porcentaje aumenta al 22,3% en el caso de las mujeres y baja al 18,4% en los hombres. Del restante 79, que al menos traba­jó una vez, una mayoría del 52,1% está en búsqueda de trabajo des­de hace por lo menos de 6 meses, y la espera es mayor para las mu­jeres. La confirmación de ese pro­ceso está en un ejército de dife­rencia: a comienzos de 2014 hay 19.000 mujeres desocupadas más que varones, quienes, entre los ocupados, son mayoría.

La desocupación es más acen­tuada en la zona sur de la ciudad. Si el promedio general de desocu­pados en la capital es del 6,2, la tasa más baja está en las comunas 2, 13 y 14 (Recoleta, Palermo, Bel­grano, Núñez y Colegiales) con el 5,4, la intermedia está en la fran­ja central, integrada por las comu­nas 1, 3, 5, 6, 7, 11, 12, 15 (Puerto Madero, San Telmo, Centro, Reti­ro, Once, Almagro, San Cristóbal, Caballito, Flores, Saavedra, Villa Urquiza, Villa Pueyrredón, Villa del Parque, Agronomía, Paternal, Devoto) y la más alta supera en dos puntos al promedio general, y trepa al 8, 6 en las comunas 4, 8, 9 y 10 (La Boca, Barracas, Par­que Patricios, Pompeya, Villa Sol­dati, Lugano, Mataderos, Liniers, Floresta, Parque Avellaneda y ba­rrio Vélez) donde se encuentra el 90% de las villas porteñas.

Un informe revela un paisaje preocupante

Opinión: Si el gobierno cree que las políticas son adecuadas, erra el diagnóstico

DZ/rg

Fuente Redacción Z
Email This Page
0 Comentarios
Sé el primero en dejar un comentario!

Deja tu comentario