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Actualizado: 20/09/2016 09:27:39
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TEMAS DE LA SEMANA

Gorelik: «Los nuevos inmigrantes no tienen garantizado el ascenso social»

Desde los 90, Buenos Aires se desarrolla  a través de enclaves que casi no se comunican: villas y barrios cerrados. Lo dice Adrián Gorelik, que acaba de publicar Ciudades sudamericanas como arenas culturales.

Por Juan Pablo Csipka
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Arquitecto e historiador, Adrián Gorelik es investigador del Conicet y dirige el Centro de Historia Intelectual en la Universidad de Quilmes. La cuestión urbana es su tema de estudio, cosa que plasmó en el libro Ciudades sudamericanas como arenas culturales (Siglo XXI Editores), un trabajo coral que compiló junto a la brasileña Fernanda Arêas Peixoto. Allí se analiza el desarrollo en el siglo XX de varias ciudades de América del Sur. Por sus páginas desfilan, entre otras, Caracas, Río de Janeiro, San Pablo, Santiago de Chile, Montevideo y Buenos Aires. “Estuvimos cuatro años para preparar este volumen, convocando a investigadores y conocedores de temas urbanos”, detalla.

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¿Por qué incluyeron a Buenos Aires?

Es una de las grandes metrópolis latinoamericanas y concentra mucho interés y estudios. Es de las que más bibliografía aporta; algo parecido pasa con San Pablo.Buenos Aires es una metrópoli equiparable a Río, Lima, Santiago de Chile, por la cantidad de habitantes. Ahí empieza a haber problemáticas comunes: pobreza, desigualdad, aspectos urbanos como el transporte.

¿Y qué la distingue?

En Buenos Aires se da algo que no han tenido otras ciudades, a excepción, tal vez, de Montevideo: ya era metrópolis moderna al producirse el fenómeno de las migraciones internas en los años 30. En toda la región hay amplios sectores que se mueven del campo hacia los alrededores de las ciudades, en pleno proceso de sustitución de importaciones. Acá ya teníamos una inmigración previa, la europea, comparable a la que tuvo Estados Unidos, y la inmigración interna no afectó las tasas de crecimiento de comienzos del siglo XX, que eran las más altas del mundo. O sea que el impacto de los años 30 no se sintió al nivel de otras ciudades.

¿Buenos Aires sigue siendo un crisol de razas? ¿Alguna vez lo fue?

Lo de crisol de razas es una figura retórica que usaban las élites progresistas responsables de fogonear la inmigración a fines del siglo XIX. Yo veo una gran diferencia entre 1880 y el presente, y es que hoy estamos colocados en un cosmopolitismo al que no estábamos habituados. Esta ciudad era un poco provinciana, y hoy tenemos muchos extranjeros. El proceso de hace un siglo fue muy desigual. No se recibió con los brazos abiertos, si bien se armó un sistema inclusivo con la escuela como pilar para el ascenso social. Y eso que la mitad de los que llegaron se fueron, por distintas razones. Lo que se quedaron aceptaron un contrato implícito que dio beneficios: se argentinizaron y pudieron escalar socialmente. La diferencia es notable si se compara con Estados Unidos, que tiene por ejemplo a los “italo-americanos”, Little Italy, cosas que acá no se dieron. Hoy los nuevos inmigrantes no tienen garantizado el ascenso social. La integración es clave y se hace sentir mucho.

O sea que los coreanos de Flores o los chinos del Bajo Belgrano no son equiparables a los de Nueva York.

No. Es más, Buenos Aires se desarrolla desde los 90 a través de enclaves que casi no se comunican con otros. El modelo de crecimiento urbano tiende a generar enclaves autosuficientes, cuyos modelos clásicos son la villa y el barrio cerrado. Ahí yo destaco a Puerto Madero, el primer proyecto urbano que declara públicamente que la ciudad se va a modernizar por enclaves.

¿Cómo es la relación de Buenos Aires con el área metropolitana?

Hoy no se puede pensar a la ciudad como algo autónomo del cordón que la rodea. El ámbito jurisdiccional no se puede circunscribir a la General Paz. No sólo por la cantidad de gente que entra y sale todos los días, sino porque hay diferencias entre la ciudad y el Gran Buenos Aires que se redujeron. Hay bolsones de pobreza en Buenos Aires peores que algunos del conurbano; y en el área metropolitana hay sectores de riqueza más fuertes que los de la ciudad. El tema del transporte es determinante. El sistema es lento, incómodo y no hay cosas básicas de otras metrópolis, como el boleto único.

¿Hay que verla desde el flujo de personas que circulan?

Así es como hay que entenderla. Desde el punto de vista poblacional, la ciudad llegó a su pico máximo a fines de los 40, con tres millones de habitantes. Pensemos la cantidad de edificios que había entonces, los metros cuadrados se multiplicaron no se sabe por cuánto porque no hay cifras ¿Creció 10, 20, 100 veces? La ciudad se verticalizó a partir de los 50 para la misma cantidad de población estable, recibiendo por día una cantidad que supera su población, y resulta que hay una cantidad no cuantificada de metros cuadrados sin usar. Puerto Madero está ocupado al 30 por ciento.

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¿Eso debe cambiar?

Sí, y a la brevedad. Londres, una de las ciudades emblema del capitalismo, tiene una oficina municipal dedicada a perseguir a los dueños de inmuebles sin alquilar para que los pongan en el mercado. Acá eso no existe y encima tenemos una enorme carencia de datos. No quiero ser injusto, porque en materia estadística se está trabajando muy bien en los últimos tiempos, pero falta mucho.

¿Qué pasa con las villas?

Su crecimiento no se ha frenado. Es un fenómeno que se da en los años 40  en toda América Latina, representando el hábitat precario de muchos migrantes que no hallan un lugar adecuado en la ciudad por su realidad económica. La dinámica de las villas en Buenos Aires es menor a la de otras ciudades. En 1956 se hizo el primer censo de villas y sólo había un 2 por ciento de la población de la ciudad en asentamientos. Para esa época, en San Pablo se hablaba de un 40 por ciento en villas. Después, en los 60, se estabiliza en el 10 por ciento. Hoy estamos en un 10-15 por ciento. Las villas podían ser lugares de tránsito en el ascenso social, hoy son de exclusión permanente.

¿Es el problema más acuciante?

Sin dudas. Pero excede las posibilidades de la ciudad sin el concurso de la Nación. Si Buenos Aires tuviera un gobierno rico y progresista urbanizando las villas, cosa que podría ser factible, el problema no se arregla, porque siguen llegando pobres del resto del país. Hacen falta políticas articuladas. Hay procesos a imitar, como los que se dieron en Medellín o Río de Janeiro.

¿Cuál es el gran rasgo de Buenos Aires respecto de otras metrópolis?

Tiene características únicas. Es una gran metrópoli inmigratoria y a la vez es una ciudad capital. Son rasgos sólo similares a San Pablo, con algunas diferencias, claro, porque San Pablo no es capital y tiene una vertiente industrial, mientras que Buenos Aires es más bien burocrática.

¿Por qué la ciudad creció a espaldas del Río de la Plata?

Porque siempre se lo vio como algo amenazador. Viene de la propia historia de nuestra costa, más barrosa que la de Montevideo, con sudestadas y sedimento del Paraná que se va acumulando. El borde artificial que se hizo en el siglo XX lo volvió más disfrutable.

¿El gran cambio actual es el cosmopolitismo?

Antes no había la cantidad de negros que hay ahora. Lo veo con optimismo, puede haber transformaciones. Lo que sí, están fallando las posibilidades que pueden brindarles un país que no está creciendo. Quiero decir, falta educación de calidad, un mercado laboral que los incluya. La estructura institucional debería ser diferente para poder crecer.

DZ/JPC

Fuente Redacción Z
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