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TEMAS DE LA SEMANA

Los mejores amigos de Macri

Las peleas por los cargos en la Coalición Cívica y en Proyecto Sur favorecieron al PRO.

Por Paula Mendoza
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Las fuertes internas entre los opositores a Mauricio Macri sumadas a los intereses y funcionarios que tienen en los organismos de control impidieron que la Comisión Especial de Seguimiento de Organismos de Control tenga plenos poderes. El grupo fue creado para investigar el trabajo de la Auditoría, la Defensoría y el Ente de Servicios Públicos, Por el contrario, se armó una comisión especial muy acotada y ya se habla de un vaciamiento de su poder para realizar informes. Mientras tanto las internas en la oposición amenazan con beneficiar al jefe de Gobierno. La oposición en la Ciudad no sólo está lejos de ser un bloque homogéneo sino que, por el contrario, está sumamente fragmentada.
Esta atomización, que beneficia al gobierno de Mauricio
Macri, también se reflejó en el reparto de cargos en organismos de control y entes descentralizados. Por ello, cuando en diciembre se renovó la mitad de la Legislatura porteña, la idea del espacio de Pino Solanas de armar una nueva comisión que se dedique exclusivamente a investigar el funcionamiento de las dependencias dedicadas a controlar los servicios públicos y al Ejecutivo fue resistida por prácticamente todos los bloques opositores.
Es que cada uno había colocado dirigentes, ex diputados o amigos en estos organismos que debían ser mirados con lupa, de aprobarse la comisión. Por supuesto, el bloque que más se opuso fue el macrismo. Esto llegó a trabar la conformación integral de las comisiones y frenó el trabajo legislativo durante casi tres meses en los que no hubo sesiones ni se empezó con los debates parlamentarios.
Finalmente, tras la fuerte presión de los «pinitos», como los llaman a los seguidores del cineasta, y la imposibilidad política de desentenderse del tema del resto de la oposición, se decidió que se arme la comisión como desprendimiento de la Junta de Ética. Sin embargo su funcionamiento será acotado: si bien será la primera que reciba cualquier informe de los organismos de control y podrá realizar un dictamen o recomendación, no será vinculante y deberá ponerlo en consideración de la Junta de Ética que domina el PRO y cuya titular es la macrista Mónica Lubertino.
Recién en la Junta se pone a consideración para que sea, o no, aprobado en el recinto. O, como podría ocurrir, sea cajoneado. A esto se le suma otro cepo: será especial y no permanente como pretendía Proyecto Sur.
«La nueva comisión dictamina con un suerte de consejos pero no van a consideración de los diputados sino que están obligados a pasar por la Junta que maneja el PRO. La comisión que se creó es más política pero no tiene fuerza institucional, a lo sumo podrá hacer lío en los medios», detalla a Diario Z un legislador opositor de la Coalición Cívica que prefiere mantenerse en las sombras.
«Esto implica que, por ejemplo, no pueda interpelar a los funcionarios de los organismos de control. Pueden citarlos, pero ellos también pueden excusarse sin problemas ni aclaraciones. Creo que esta movida asustó a todos los bloques», completa.
En concreto: Proyecto Sur, que se alzó con la presidencia de la comisión a través del economista Martín Hourest, es el único bloque que, por ser nuevo también, no tiene dirigentes en los organismos con lo cual no tiene ataduras para investigarlos.
Además, el temor es doble: es que Hourest no sólo es uno de los opositores más incisivos que tiene la Ciudad sino que acumula mucha experiencia en el área ya que trabajó desde 1993 hasta 2007 (con intermitencias por cargos políticos en medio) en la Auditoría General de la Nación, donde trabajaba como empleado de planta permanente (de licencia desde que asumió como legislador). «No van a querer investigar demasiado, los limitan sus acuerdos políticos», reflexiona un diputado de Proyecto Sur.
«Salvo la gente de Pino, el resto de la oposición va a querer vaciar la comisión por los intereses creados en los organismos, ésta va a ser una batalla complicada para los bloques opositores», concluye la fuente de la CC.

Intereses e internas en la Coalición

La Coalición Cívica es uno de los bloques que tiene intereses en los organismos de control. El caso más resonante es el de Paula Oliveto, una de las directoras de la Auditoría General de la Ciudad y ferviente devota de Elisa Carrió.
Abogada, militante del radicalismo de la línea que conducía Jesús Rodríguez, ingresó en la Auditoría a principios de 2000 de la mano del cacique de la UCR mientras militaba tibiamente en la Juventud Radical.
En esos años conoció a quien le presentara a Lilita: el ex legislador Alejandro Rabinovich, quien luego la llevó al ARI. Rápida de reflejos, la auditora fue armando una relación directa con Carrió ninguneando a su viejo líder político a partir de su trabajo en el Instituto Hannah Arendt, donde se encargó, junto a otros, de un centro de políticas públicas e investigación para realizar denuncias penales en temas nacionales.
Ya en esa época cierta falta de rigurosidad en las denuncias hizo naufragar las causas. Años después esto se vio materializado en el caso que le inició por el manejo de la Obsba, la obra social de los municipales, contra Patricio Datarmini, su ex titular y hombre fuerte de Sutecba.
Oliveto, además de integrar la Auditoría, tiene trabajando a su marido como secretario administrativo (quien maneja los fondos) del bloque de la Coalición porteña:Ernesto García. Según cuentan en la bancada, no bien se enteró de la comisión especial desató su furia. Llamó al jefe del bloque, Fernando Sánchez, y le rogó para que no se conformara. Esto también lo expresó a viva voz en una reciente entrevista para un matutino.
Además de ella la CC tiene dos integrantes en los otros dos organismos: en el Ente de Servicios Públicos está Claudia García (que responde al ex legislador Guillermo Smith) y en la Defensoría del Pueblo Gerardo Gómez Coronado, histórico radical del sector de Olivera.
Mientras tanto, las internas en el seno de la CC amenazan con un trabajo ordenado y homogéneo. La misma Oliveto pelea con Sánchez por sentarse más tiempo en el living de la casa de Carrió en Palermo y el bloque está partido.
Por un lado se encuentra Oliveto, y las legisladoras Rocío Sánchez Andía, de Jóvenes por la Igualdad, (JxI) y Diana Maffia. Ellas no están conformes con la conducción de la bancada y ciertas actitudes que consideran personalistas.
Por otro lado, Sánchez tiene dos aliados: Adriana Montes (una histórica militante del ARI con poco peso legislativo) y Juan Pablo Arenaza (mano derecha de Patricia Bullrich pero con autonomía de acción).
Mientras tanto, Sergio Abrevaya (quien llegó de la mano de Enrique Olivera) se muestra más acuerdista y ensaya acercamientos con el radicalismo.
Los primeros roces ya se dieron luego de que Maffia presentara un proyecto para legalizar el aborto en casos puntuales y parte del bloque se negara a acompañarlo.
Si bien realizaron un gran esfuerzo por armar una agenda parlamentaria en común, sus diferencias prometen acrecentarse.
Capítulo aparte para el Acuerdo Cívico que, en los hechos, cada vez está más lejano. Si bien Abrevaya había contado con el apoyo de la UCR para que tenga un cargo institucional en la Legislatura (terminó siendo vicepresidente tercero), los radicales armaron su rancho aparte y conforman un bloque de dos legisladores. De hecho, los rumores sobre qué actitud
tomarán acechan al Acuerdo Cívico. A tal punto que se vislumbra un futuro complejo en la relación entre Claudio Presman (el radical que preside la bancada del partido) y dos diputados del PRO (Enzo Pagani de Recrear y Martín Ocampo, de la UCR macrista). También hay diferencias en otros dos aspectos. Un sector encabezado por Sánchez se niega tajantemente a mostrarse en conferencias de prensa donde se presente el kirchnerismo. El caso más cercano es el que denunció los despidos de trabajadores del Gobierno de la Ciudad. Por el otro, la joven de JxI prefiere unir a la oposición y no se ve molesta de mostrarse con Juan Cabandié, uno de los símbolos K. El otro conflicto se da por 2011. Allí Patricia Bullrich, Adrián Pérez y Alfonso Prat-Gay pelean por un lugar. Sus adeptos en la Legislatura, en especial de los dos primeros, prometen también ser un punto de distancia.

Los intereses del ibarrismo

También el bloque Diálogo por Buenos Aires, cuyo máximo exponente es el ex jefe de gobierno Aníbal Ibarra, y que preside su ex secretario de Espacio Público Eduardo Epszteyn, tiene intereses en los organismos de control.
Además de cargos menores y dirigentes que ingresaron durante los cinco años de gestión al frente de Bolívar I, en la Defensoría el legislador porteño socialista, Raúl Puy, miembro del bloque, colocó a su mujer, Graciela Muñiz, como adjunta.
En este caso, hubo un conflicto interno. Es que Epszteyn ensaya un acuerdo para conformar un interbloque con Proyecto Sur, en especial a partir de su amistad de más de 25 años con Julio Raffo (el hombre de confianza de Pino), vicepresidente segundo de la Legislatura.

Intereses peronistas

El bloque peronista que conduce Diego Kravetz también tiene, como parte de un acuerdo político integral, fuertes nexos con los organismos de control. Los más reconocidos son: Alicia Pierini, quien está al frente de la Defensoría, y Sandra Bergenfeld, presidenta de la Auditoría porteña. Pierini, histórica militante del peronismo, en rigor también tiene muy buen vínculo con el macrismo. Por su lado, Bergenfeld fue albertista y Kravetz la impulsó para que recaiga, como manda la Constitución, como titular del organismo por la primera minoría opositora de ese momento.
En Proyecto Sur apuntan que Hourest pondrá la mira en la Auditoría en especial no sólo por su conocimiento en la materia sino porque, dicen, está manejada en las sombras por el macrista Santiago «el obispo» De Estrada, quien frenaría las investigaciones y le bajaría el tono a los informes. Además, el kirchnerismo tiene a Josefa Prada, vinculada al sector de Guillermo Olivieri, como directora de la Agcba, y a Adriano Jaichenco, hombre del secretario general de UPCN (gremio de estatales), Andrés Rodríguez.
Por su lado, Eduardo Amado se encuentra como vocal en el Ente de Servicios Públicos. Amado llegó de la mano del kirchnerismo, en especial por la ex legisladora Silvia La Ruffa.
El bloque del PJ cuenta con dos legisladores vinculados al Suterh Silvina Pedreira y Mateo Romeo, ambos de bajo perfil, el mencionado Kravetz (ex albertista puro, ahora peleado con el otro sector K, en especial con Daniel Filmus) y Claudio Palmeyro, dirigente de confianza del taxista Omar Viviani.

Los casos de Proyecto Sur, el FVP y Nuevo Encuentro

El resto de la oposición tampoco es muy homogéneo. Proyecto Sur está virtualmente partido en tres y tiene un gran debate interno sobre las alianzas. En este último caso, el tema pasa por el ibarrismo donde el acuerdo entre Raffo y Epszteyn para conformar un interbloque tiene fuertes resistencias por la figura del ex jefe de gobierno, en especial tras la tragedia de Cromañón.
En el plano meramente interno, la bancada presenta a su presidente, Fabio Basteiro, quien trabaja en tándem con Laura García Tuñón y Rafael Gentili. Los une su pertenencia a la CTA, en la línea de Claudio Lozano y Víctor De Gennaro. Esto genera roces con Francisco «Tito» Nenna, el docente kirchnerista que juega con Hugo Yasky y que está enrolado con Filmus. A futuro, también habrá inconvenientes. Es que si Solanas decide ser candidato a jefe de gobierno chocará con Lozano, quien ya fue candidato en 2007 y pretende tener otra oportunidad
en 2011.
Por su parte, los dos legisladores del Partido Socialista Auténtico (el médico Jorge Selser y Adrián Camps, quien ingresó casi de casualidad) están preocupados tras la reforma política que podría obligar a que desaparezca el partido. Por ello todavía no tienen decidido dónde afiliarse.
El tercer caso es el más complejo. Es que las dos legisladores del SI (María América González y Delia Bisutti), cuyo exponente es Eduardo Macaluse, no tiene un destino claro en la Nación, mientras que tanto en la provincia con Carlos Raimundi como en la Ciudad con Emilio García Méndez, están enrolados con Nuevo Encuentro, el partido de Martín Sabbatella.
Si bien vale decir que María América González fue la compañera de fórmula de Lozano en 2007 para la jefatura de gobierno, el futuro es incierto. Más aún teniendo en cuenta que desde este año Sabbatella tiene su propio bloque integrado por la periodista Gabriela Cerruti y el vilmista Gonzalo Ruanova.
Irónicamente, a pesar de ser dos diputados nada más, Cerruti y Ruanova no podían ponerse de acuerdo sobre quién presidiría el minibloque, que finalmente quedó en manos de la ex ministra de Jorge Telerman pero tuvo que dejar la titularidad de la comisión de Comunicación Social. «Las dos cosas no, Gabriela», le contestaron en el PRO cuando ensayó un intento por quedarse con ambas cosas.
Más preocupada por su libro sobre Macri que apenas tiene una semana en la calle, Cerruti no logra congeniar con el vilmista un trabajo articulado aún.
Otro capítulo es el Frente para la Victoria. María José Lubertino, la ex titular del Inadi, no está del todo conforme, y Cabandié, el conducto del bloque, piensa en mantener su alineamiento orgánico a Néstor Kirchner, algo que complica la proyección política en la Ciudad. Además, Cabandié ha expresado públicamente que no aceptaría una alianza con Pino ya que lo considera funcional a la derecha cuando vota en Diputados con el PRO. A eso se le suma la tensión que se pudo observar entre Basteiro y Nenna en las dos conferencias de prensa que hicieron juntos: una cuando se dieron los despidos en el Gobierno y otra de UTE (el gremio docente) por los 82 cargos que Educación había dado de baja.

Fuente Redacción Z
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