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TEMAS DE LA SEMANA

Los dos llegan agrandados, por Alejandro Fabbri

El superclásico llegará el domingo 6 de octubre con rivales agrandados, que confían en sus fuerzas.

Por Alejandro Fabbri
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Los buenos resultados que han obtenido en los últimos partidos River y Boca van a generar una expectativa muy grande, porque los dos equipos llegan con todo su potencial anímico y con apoyo masivo para jugar el Superclásico, como hace rato no sucedía. River consiguió redondear una semana feliz, con tres triunfos que le permitieron mantenerse a una distancia aceptable del líder Newell’s y avanzar en la Copa Sudamericana, lo que significa que si derrota a Lanús en la llave, ingresará después de cinco años en la Copa Libertadores, el gran objetivo.

Boca recuperó a Juan Román Riquelme después de un mes de ausencia por un desgarro y pudo darse el lujo de juntarlo con Fernando Gago, la dupla creativa selecta que todos estaban esperando. Si bien no se lucieron ante un juvenil Quilmes, lo hecho alcanzó para entender que con semejante dupla Boca tiene argumentos de sobra para discutir el torneo Inicial.

Lo cierto es que hoy Boca tiene 16 puntos y River, 14, cuando en realidad la ecuación debería estar invertida. ¿Por qué? Boca fue favorecido claramente por un arbitraje lamentable de Carlos Maglio cuando derrotó por 2-1 a Belgrano, en Córdoba. Eso ocurrió el 6 de agosto, cuando el equipo de Carlos Bianchi debutó en el torneo. Dos goles mal anulados y dos infracciones dentro del área penal boquense fueron la causa de un resultado injusto y descalificador. En el caso de River, ocurrió lo contrario: fue perjudicado por los jueces cuando Fernando Rapallini obvió tres penales contra Colón en el Monumental y cuando el asistente Fernández obligó al árbitro Pablo Díaz a hacer ejecutar nuevamente el penal atajado por el arquero Barovero a Buffarini, por el supuesto adelanto de Barovero, ante San Lorenzo.

A todo eso, se puede agregar el inexistente penal sancionado por Ceballos en la primera jornada en La Plata, que terminó con gol de Lucas Licht dándole el triunfo a Gimnasia sobre River y, por si faltaba algo, una situación peor en Mendoza ante Godoy Cruz que no fue cobrada, al no pitar Echenique un tremendo agarrón sobre Maidana en el área mendocina. River no se ha lucido, pero lentamente está encontrando un conductor como Lanzini (que no cumple exactamente esa función) y un goleador como el colombiano Teo Gutiérrez, que no convierte demasiado, pero se asocia con Lanzini y conforma un tándem promisorio y preocupante para cualquier rival.

Boca disfruta de Gago-Riquelme, pero no consigue reunir nunca a todos sus titulares juntos, dada la epidemia de lesiones. El uruguayo Ribair Rodríguez se sumó a varias ausencias como Cristian Erbes, Leandro Marín, Emanuel Insúa y Daniel Díaz, aunque en el caso del Cata, se supone que jugará contra River “como sea”. Los problemas defensivos de Boca todavía no tienen solución aún, porque los constantes cambios han complicado el fondo. Sin embargo y a pesar de los once goles recibidos en nueve partidos, Boca lleva tres partidos con el arco invicto.

El equipo de Carlos Bianchi tiene un panorama más alentador si juzgamos el desgaste de disputar varios torneos a la vez, como lo hace River. Ocurre que Boca no participa de la Copa Sudamericana y fue eliminado por All Boys en la Copa Argentina. Tiene un plantel numeroso y, más allá de los ausentes, elementos de jerarquía para reemplazarlos. River, en cambio, disputa dos certámenes pero tampoco tiene un plantel abundante. Es más: entre sus delanteros no hay hoy quien sea el acompañante ideal del colombiano Gutiérrez. El uruguayo Mora no alcanzó todavía su mejor forma física y los juveniles Simeone y Andrada no parecen estar lo suficientemente maduros como para ser la otra pata, a la hora de ir juntos con Teo a buscar el arco contrario. El problema es que no hay más delanteros y River deberá “vivir con lo nuestro” si pretende seguir creciendo.

Por todo esto, el ánimo es el mejor y habrá un superclásico con un Monumental repleto, pero solamente de riverplatenses. El absurdo de la prohibición de los hinchas visitantes es el sello para una absoluta falta de capacidad de los poderes públicos en la cuestión seguridad y en todo lo que significa permitir que el fútbol sea una fiesta popular pero controlada. Que los violentos se hayan logrado filtrar en los partidos donde no hay rivales en las tribunas, es un triunfo de ellos y de tantos personajes oscuros del fútbol que conviven con la violencia, la corrupción y una manera cultural de entender un deporte tan querido y tan ingrato al mismo tiempo. Lo cierto es que hoy por hoy, el superclásico llegará el domingo 6 de octubre con rivales agrandados, que confían en sus fuerzas y creen que podrán inclinar la historia para su lado.

DZ/rg

Fuente Redacción Z
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