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Los DJ de las milongas: Los herederos de las orquestas y del vinilo

El éxito de una milonga depende mucho de la sensibilidad de su DJ. Ellos combinan las tandas y “leen” la pista para decidir qué tangos, valses y milongas harán arder la noche.

Por Roberto Durán
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milongas

Sucede en pocas ocasio­nes, pero pasa. Aveces, la milonga se pone pe­sada si alguien no está contento con la tarea del musi­calizador. Puede acercarse a su mesa e increpar la tanda. “¿Qué te pasa, nene? Estás hecho un pelotudo.” Pablo Nieto recuerda ese momento tenso y ahora se ríe. “No sabés lo que son… ¡Te muerden los tobillos!”, ilustra el hombre, coleccionista de tango, musicalizador de tres milongas, bailarín discreto y ex mozo de La Catedral.

Primero fueron las orquestas en vivo para animar el baile. Des­pués el vinilo. Luego la idea de que el tango estaba sepultado. Y, finalmente, el resurgir de un gé­nero que quizá está viviendo una segunda etapa de oro en Buenos Aires. Lo cierto es que la tarea del musicalizador se convirtió en una pieza clave –junto a la calidad del piso y al ambiente del lugar– de las milongas.

El éxito o el fracaso depen­den en buena parte de la forma de musicalizar, la “lectura” de la pista y la selección de las tan­das –cada una dura unos 15 mi­nutos– de tangos, valses y milon­gas. No se programa igual para la milonga descontracturada de Los Jueves de Ana Postigo que para la tradicional El Beso ni la queer de los miércoles en Café Los Lau­reles. Cada uno de los DJ tiene su técnica, su tango favorito en versión inmejorable, su tanda in­vencible…

Horacio Godoy es bailarín, productor, DJ y cofundador de La Viruta, una de las milongas más populares de la ciudad. Dice que el éxito de una milonga de­pende de tres patas: el organi­zador, el lugar físico y el DJ. Los viernes y sábados programa tan­gos más tradicionales y durante la semana se permite jugar con otras cosas, variar siempre den­tro del género.

“Cada tanda que armás de­pende de muchos factores. Veo cómo viene la noche. ¿Hay mi­longueros o no hay tantos? ¿Es gente joven o no muy joven? ¿Les gustará la música más rítmica mi­longuera o melódica? Son mu­chas cosas para tener en cuenta. Eso hace que una milonga perdu­re. Hoy cualquiera abre un lugar para los amigos y los tíos, pero muchos se quedan ahí”, dice el hombre, que pone música hace 23 años.

P.B.T. –así lo conocen en el mundo de las milongas– pone al­gunos tangos todas las noches en La Viruta. Son los que no pue­den faltar. “Esto es una milonga y no un boliche. Hay canciones que forman parte del mobiliario del lugar. Acá el equilibrio es clave; pasa como con la comida: podés comer algo muy dulce que tenga excelente sabor, pero al tiempo te empalaga. Con el tiempo, te das cuenta de que las cosas más sen­cillas, como el pan, terminan sien­do las más sabrosas. Y resulta di­fícil aburrirse de eso.”

Pablo Nieto se crió con una mamá amante de la radio y del tango, aunque en su habitación tenía un póster de The Clash. Con el tiempo, consiguió traba­jo de mozo en la milonga La Ca­tedral; así comenzó a querer el tango y a comprar discos hasta convertirse en un coleccionista obsesivo. Hace 15 años que vive de musicalizar; actualmente tra­baja en “La milonga de las mo­rochas” en El Beso, “Otra milon­ga” en el bar Los Laureles y los viernes de La Catedral.

“Musicalizo lugares muy di­versos. El Beso está lleno de gen­te de 40 a 50 años, que paga una entrada y se viste de manera for­mal. Es una pista pequeña así que tenés que bailar chiquito y siem­pre a media luz. Los miércoles paso música en un restaurante de finales de 1800, pero que progra­mó una milonga queer, gay frien­dly o como quieras llamarle. En un lugar puedo poner tangos que en el otro no. Vos sos el que mandás. Podés hacer lo que quieras, siem­pre y cuando sea rítmico”, sostie­ne Nieto.

De las orquestas tradicionales de Juan D’Arienzo, con el ritmo bien marcado, hasta las pro­puestas más osadas como la del santiagueño Hugo Díaz haciendo tango con su armó­nica. Nieto cree que las posi­bilidades son infinitas. “Los 40, claro, marcan el momento más alto del tango y de influencia de gente en las pistas. Las orquestas grababan cosas para bailar y la producción es gigantesca. Eso arranca en el 35 con D’Arienzo y comienza a decaer en los 50. Yo intento po­ner de todo; imaginate que lo hago desde las diez de la noche has­ta las cuatro y media de la mañana. Y busco que también las cortinas sean una continuidad; me voy a otro ritmo, pero sin cometer un exabrupto musical. Lo más difícil es saber leer la pista. Tenés que armar la milonga, lle­varla arriba y ba­jarla. Buscar el equilibrio en todo”.

Por amor a Ana

Nataly Hundewadt y María Chinnici son dos de las organiza­dores de Los jueves de Ana Pos­tigo, la milonga que funciona ese día en Cochabamba 444. Ellas decidieron continuar la milonga que en 2004 inició Ana, quien fa­lleció hace dos años. “Quiero que mis alumnos se den cuenta de que el tango es propio, que cada uno de nosotros tiene un tango adentro”, solía decir Postigo, ac­triz, bailarina y profesora de tan­go. Nataly y María, habitués de la milonga y amigas de Ana, la re­cuerdan con amor y decidieron seguir con una milonga desacar­tonada, en la que no hay cabe­ceo para invitar a bailar y las chi­cas invitan una tan­da a los chicos, algo poco frecuente en el mundillo machista del tango.

“No buscamos atraer ningún target en parti­cular. La cosa se fue dando natural­mente”, contó Nataly. “El estilo de la música de Cocha­bamba –agregó María, a cargo de las tandas– es bastante románti­co, mayormente de la época de oro del tango (40 y 50). Una cosa que nos distin­gue es que la mayo­ría de los tangos que ponemos son canta­dos. Además, el vals tiene bastante peso en nuestras tandas, que suelen ser de cuatro tangos, tres milongas y cuatro valses. También te­nemos una tanda muy característica que se llama ‘Canta­dos tremendos’, que son grandes tangos in­terpretados por exce­lentes cantores. Mez­clamos cosas que no escuchás habitualmen­te juntas, pero que forman un todo. Puede ir desde Rubén Juárez has­ta Goyeneche. Está bueno saber en qué momento metés un tango. Cuando el baile está muy picado, bajás con algo. Cuando está aba­jo, le ponés swing y así. También sabemos qué tango les gusta a los que vienen; los ponemos y se sien­ten mimados.”

Además de amigas, Hun­dewadt y Chinnici son compañe­ras en la carrera de Historia del Tango del CETBA (Centro Educa­tivo del Tango de Buenos Aires). Esa formación les dio otra for­ma de escuchar tango y de en­tender la lógica de la evolución de la música, además de intentar llevar eso a la pista. Desde hace un tiempo, al inicio de la tanda, en Cochabamba 444 pasa por la pista un señor con un papel que indica el nombre de las obras y las versiones. Es una forma de hacer escuela y de romper con el prejuicio que dice que a los bai­larines no les interesa lo que está sonando.

“La escucha es mérito de quien musicaliza. No es cuestión de poner play y dejarlo sonar toda la noche. Son muchas horas para armar cada noche de milonga”, dice Nataly. “Mucha gente –apun­ta María– se acercaba a pregun­tar qué estábamos escuchando. A partir de eso, se creó lo de los car­teles, que no vi en otras milongas. Cada tanda tiene su cartel; imagi­nate que llevo ocho o nueve horas de música. Es un trabajo.”

Cuando cae la noche y los mi­longueros se preparan para sa­lir, ellos están eligiendo el mejor tango, el vals más dulce y la mi­longa que invite a los firuletes. La tarea de orfebre se renueva to­das las noches. Todo por amor al tango. Y, claro, para evitar que un viejo milonguero se acerque a la mesa y diga: “¿Qué te pasa, nene?”.

  La cita

Algunas direcciones y días de las mi­longas:

Los Jueves de Ana Posti­go. Jueves, desde las 21, en Cocha­bamba 444.

La Viruta. Martes hasta las 23.30; miércoles, jueves y domingo hasta las 3.30; y viernes y sábado hasta las 6, en Armenia 1366.

Los Laureles. Miércoles, de 20 a 2, se hace La otra milonga en Iriarte 2290.

 Los que no pueden faltar

Aunque los estilos varían se­gún el público y la milonga, cada musicalizador tiene su tango favorito, el que no puede faltar.

“La lista es larguísima. Pero po­dría nombrar ‘Amarras’, ‘Maquillaje’, ‘Flor de lino’, ‘Sin lágrimas’ y ‘Torrente’. Tam­bién son clásicas nuestras tandas de milongas de D’Arienzo y de Ángel Pulice y Ruth de Vicenzo”, dice María Chinnici, de Los jueves de Ana Postigo.

Para Pablo Nieto, “la lista es inmensa, pero seguro están ‘Indio manso’, en la versión de Di Sarli; ‘Pablo’, con la orquesta de Troilo del 43 porque la grabó tres veces. E ‘Inspiración’, por Miguel Caló”.

Horacio Godoy, de La Viruta, cree que no pueden faltar “Aconsejo que me olvides” (versión de Francisco Fiorentino) y “Milongueando en el 40” (Di Sarli y Troilo).

Fuente Redacción Z
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