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Los cool hunters: cazadores de tendencias al acecho

Buenos Aires es una de las cinco ciudades del mundo que marcan el ritmo de la moda.

Por Cecilia B. Díaz
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Desde mediados de esta década, cada año se suman unos 200 cazadores de tendencias que se escabullen entre mesas de restoranes y vidrieras de shoppings para detectar nuevos hábitos e intereses de consumidores y usuarios, como un alimento informativo para las campañas publicitarias y de marketing. A pesar de lograr pasar desapercibido, el cool hunting se instaló en la Ciudad por ser considerada una de las usinas de mayor influencia de Latinoamérica.

«El cool hunting es un entrenamiento en la capacidad de observación, descubriendo lo nuevo en la sociedad, para esto se camufla entre la población que investiga», definió la directora de la sede Extramuros de la Escuela Superior de Creativos Publicitarios, Fabiana Renault cuando fue consultada por Diario Z respecto a esta nueva metodología de investigación que no sólo se queda en la observación, sino en la escucha e interacción.

El nombre de este empleo tiene su origen en la revista New Yorker, cuando en 1997 bautizó de ese modo a la labor de Dee Gordon, la pionera en esta especialización, que cruzaba todos los datos obtenidos y los volcaba en su agencia de tendencias Look-Look.

En cada ciudad del mundo, estos radares humanos detectan no sólo nuevos patrones de consumo, sino también los valores que sustentan cada elección de compra. Con lapicera, anotador y una cámara de fotos, los cool hunters realizan su tarea territorial para elaborar lecturas imprescindibles para las empresas y las agencias de publicidad.

Por ejemplo, para trabajar sobre un público adolescente no dudan en mimetizarse con grupos a la salida de los colegios o en un local de comidas rápidas para escuchar sus conversaciones acerca de lo que les gusta o aborrecen.

En Buenos Aires, los centros de mayor atractivo son los barrios de Palermo, Recoleta, San Telmo, los festivales culturales y de diseño.

Aunque no se ignoran escenarios como las canchas de fútbol, recitales, peloteros y plazas. En este sentido ven a Buenos Aires como «una de las cinco ciudades que marcan tendencias en el mundo», calificó Renault. Y el microclima creativo indica que «hoy la mirada latina es el eje de la vanguardia», agregó. De este modo, prensa especializada y empresas ubican a la Argentina en tercer lugar a nivel mundial como país influyente en tendencias, detrás de Estados Unidos e Inglaterra.

La profesionalización La demanda de ojos bien atentos se traduce en la oferta educativa especializada en formar nuevos cazadores de tendencias.

Para Renault, «es una disciplina que atrae a creativos publicitarios, Djs, diseñadores y es utilizada por marcas vinculadas a los jóvenes y las vanguardias». En esa institución, el primer curso de cool hunting se realizó en 2005 con el convenio de una empresa de consumo masivo que requería de este tipo de investigadores para instalar sus marcas.

Asimismo, desde la Universidad de Palermo ofrecen cursos de capacitación donde «los participantes desarrollarán sus habilidades para interpretar cómo la dinámica de los estilos de vida, las actitudes y las preferencias de los consumidores abren caminos que debemos detectar antes que otros, percibir curvas de crecimiento y de declinación de cada ciclo, conocer cómo y quién decide cuándo comienza y cuándo finaliza un ciclo de moda».

En ambos centros, especializarse como cool hunting oscila entre dos mil pesos (para argentinos) y mil dólares (precio para extranjeros) y lleva hasta un cuatrimestre de cursada, ya que toma la forma de seminario de posgrado.

«Se trata de agilizar la mirada para descubrir los insights, es decir esas verdades con carga emocional que inspiran campañas publicitarias o el desarrollo de nuevos productos», detalló Renault sobre los objetivos de la formación de un cazador de tendencias.

Más allá de la mencionada capacidad de atención, los cool hunters trabajan elaborando informes «que contienen relevamiento fotográfico, de videos, entrevistas en profundidad, contactos en redes sociales y foros de internet», describió Renault. Éstos son analizados, luego, por sociólogos, antropólogos y creativos para desarrollar estrategias de mercadeo.

En cuanto al actual mercado laboral, la invisibilidad propia del oficio parece boicoteadora. Por eso quienes desean ser buenos cazadores, deben tener «mucha actitud para socializar con diferentes grupos, ser desinhibidos, creativos, inquietos buscadores, proactivos», caracterizó Renault para saber vender su propio trabajo y adaptarse a distintos escenarios, siempre cambiantes.

El trabajo para mimetizarse con el público que desea analizar para recabar información, se suma a una nueva metodología que se complementa con los focus group, encuestas y los estudios sistemáticos de tracking de marca.

Incluso, desde empresas multinacionales se contratan servicios para buscar nuevas tendencias en el interior de los hogares. En este sentido, el baño y la heladera de las personas que viven solas son un objetivo para interpretar el cuidado, la estética y la alimentación. También, los cuartos de los adolescentes son un campo a inspeccionar, dado que su relación con las marcas constituye un nicho para fidelizar.

Asimismo, la tecnología expandió el abanico de usos y de públicos. La brecha digital se achicó entre clases altas y bajas por el acceso masivo a internet y al celular, con ciertos matices en el consumo. La información recabada resulta de interés para empresas de equipos y servicios de telefonía móvil.

Con los sentidos alertas, los cool hunters recaban información sobre los consumidores en bares, conciertos, shoppings y hasta en hogares. Una nueva profesión que combina a un inspector con un intruso con los que convivimos aunque aún no lo hayamos notado.

 

DZ/LR

 

Fuente Redacción Z
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