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Actualizado: 20/09/2016 09:27:39
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TEMAS DE LA SEMANA

“Los buscas son bohemios que ponderan su libertad”

Los buscas venden en el transporte público, tiene sus propias reglas y no cambiarían lo suyo por un fondo de comercio, dice el antropólogo que los convirtió en su objeto de estudio.

Por Juan Pablo Csipka
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La venta ambulante es una de las marcas de la ciudad. En el tren, en el subte, en el colectivo, en la vía pública con los manteros, los vendedores ambulantes forman parte del paisaje de Buenos Aires. El antropólogo Mariano Perelman (Buenos Aires, 1980), investigador del Conicet y profesor en la Facultad de Ciencias Sociales, se abocó a esta cuestión puntualizando en “los buscas”. “Mi tesis doctoral fue sobre los cartoneros, un fenómeno que me tocó estudiar durante la gran crisis de 2001 y 2002, y de allí salté a la venta ambulante focalizando en el fenómeno de los buscas”, cuenta.

¿Cómo llegaste de los cartoneros a los buscas?

Siempre me apasionó el fenómeno del busca; aquel que sube a un colectivo a vender cualquier cosa, que también está en el tren. Me interesaba ver cómo se articula con el territorio. Siempre ves a los mismos en el transporte público y quise comprender su lógica. En Antropología hacemos etnografía, o sea que consideramos el punto de vista de las personas, cómo viven. Yo venía de la experiencia con los cartoneros y los buscas era una buena continuación.

¿Cómo encaraste la investigación?

Sobre todo en el tren, especialmente en las líneas Roca y Mitre. Me senté a mirar; así es como se los ve en acción y en función de las cosas que querés ver. Quería comprender cómo se vive haciendo eso, cómo arman su espacio.

¿Pudiste conversar  con ellos?

Con algunos, sí. Hay que diferenciarlos del simple vendedor ambulante. Ellos se arman sus propios horarios y trabajan lo que consideran necesario. Son más románticos o bohemios, si se quiere. A diferencia del vendedor común o del mantero, tienen sus propias reglas, y eso configura un espacio cerrado, que tiene que ver con la forma en que ingresan a la venta.

¿Cómo se entra a ese mundo?

No es tan fácil entrar, como muchos pueden suponer. Se ingresa por relaciones, por vínculos familiares, a partir de relaciones personales. No se entra porque sí al mundo de la venta ambulante. Si vas un día con una caja de alfajores, de la nada, te sacan corriendo. Hay todo un círculo de vínculos. No es sólo la relación con otros vendedores, sino con los empleados del transporte público, con los guardas del tren.  O, en los colectivos, saber en qué líneas se puede subir o no, y cuáles son los inspectores que lo permiten.

Siempre que se habla de venta ambulante se dice que funciona como mafia, ¿es así?

No hallé esa cuestión, no me gusta hablar de mafia. En el fondo son tipos que defienden un territorio, que llevan muchos años en esto, algunos arrancaron a los quince años, hoy tienen 50 y siguen como si nada. Yo trato de comprender la lógica, lo que no implica avalarla. Se habla de cómo deben ser las cosas, pero la realidad no se apega a un ideal. El busca se las arregla para conseguir mercadería, a veces de fiado, puede que necesite lugares dónde dejarla en algún momento del día. Eso genera relaciones, y así se mueven. Son relaciones que se mantienen todos los días.

¿Cómo definirías al busca?

Ante todo pondera la libertad. Gasta la plata como quiere y no tiene jefe. El dinero lo gana de forma, y eso lleva a una forma de gastarlo. La noción de ascenso social la ve distinto que alguien que está en una actividad formal, sobre todo si entró de chico a esa dinámica. El busca reivindica ser un busca. El dinero no lo es todo para él. Claro que está el tipo que vende en el colectivo por necesidad, pero la lógica del busca no pasa por ganar dinero en sí.

¿Cualquier podría dedicarse a esa actividad?

Diría que no. No cualquier agarra una caja de chocolate y la vende en el tren. Ahí entra lo que uno acepta hacer. No pasa por cuánto se gana, sino cómo se gana el dinero. Las opciones no pasan sólo por lo económico para un busca.

¿Es posible algún tipo de regulación desde el Estado?

No pondría el acento en ellos. De por sí, la venta ambulante tiene condiciones laborales nulas, sin obra social. Se la estigmatiza como ilegal, cuando hay mucha ilegalidad en lo legal, como la evasión o el trabajo en negro. Caerle al vendedor ambulante es hacerlo en el eslabón más débil de una cadena.

En su momento una respuesta fue la UCEP…

 Que fue una salida a lo bruto. Tuvo que ver con una política de exclusión. Como consideramos que algunos sectores no pueden andar en la vía pública los echamos. Un grupo de choque no acorde al estado de derecho, digamos. La represión no puede ni debe reemplazar a la negociación.

¿Y cómo se relaciona el busca con el control público?

No hay mayores problemas, porque se regulan solos. A lo que más temen es a la policía, pero no ha habido mayores problemas. Depende de espacios en los que se permiten cosas que en otros no se puede hacer. Por ahí entrar a vender a un bar no se puede hacer en Palermo.

¿El destino del busca es ser busca toda la vida?

El busca no cambiaría nunca lo suyo por un fondo de comercio.  Pasan más tiempo en los bares que vendiendo, eso lleva a conocer más gente. Para ellos es un placer manejar sus tiempos, y no lo van a querer perder, aun en detrimento de la plata.

Fotos: Gabriel Palmioli

DZ/JPC

 

Fuente Redacción Z
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