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Lola Arias: Cuando vida y obra se funden

La autora y directora teatral explica su trabajo con testimonios reales.

Por Paula Jiménez España
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Lola Arias Lola Arias

«Cuando yo nací, el ovario de mi madre explotó y todo se cubrió de sangre: la cama, el piso del hospital, la ropa de las enfermeras. Era 1976 y el país también había explotado. Por suerte, mi madre y yo sobrevivimos.” El texto lo firma Lola Arias, una joven y talentosa directora que se ha dedicado a profundizar en el teatro documental. Sus obras recorrieron con éxito escenarios argentinos, chilenos y alemanes. Arias se consagró con Mi vida después, un biodrama en que trabajó con hijos y familiares de desaparecidos que aportaban testimonios reales y sirvió como elemento de prueba en causas por crímenes del terrorismo de estado. Melancolía y manifestaciones –una coproducción del Centro Cultural San Martín con el Teatro Wienner Feswochen, de Berlín– también opera en terreno experimental y el material autobiográfico.
¿Lo que contás en Melancolía… es tu propia historia?
Es un texto autobiográfico y literario, no confesión. Hablo de la melancolía de mi madre: es una especie de retrato de una hija que cuenta la enfermedad de su madre a través de los años y las cosas que fueron pasando en relación con eso. Por supuesto que está muy construido, como la literatura. Es un texto narrativo donde no hay personajes, y no es un texto teatral; podría ser una novela. De hecho, tengo la fantasía de publicarlo como una nouvelle. Tiene capítulos cortos donde se va contando lo que le pasa a alguien que empieza a perder su identidad. Está también la relación entre una escritura literaria que narra un vínculo atravesado por la enfermedad.
Intervienen otros materiales, como el video o la música.
Mientras escribía el texto, hice con mi madre entrevistas grabadas y una serie de filmaciones. Y en la puesta, el texto narrativo va siendo interrumpido por fragmentos de estas entrevistas. Algunas la actriz Elvira Onetto las hizo en vivo como si fueran un play back con la voz de mi madre y otras veces habla ella con su voz normal. También hay unos videos que van apareciendo a lo largo de la obra. Yo no aparezco como actriz sino como autora que lee su texto. Y hay una especie de cajita en el escenario con una cortina que se cierra y se abre. Participan también cuatro actores mayores de 70 años que van reconstruyendo las escenas que el texto cuenta, casi como ilustraciones, como esos libros troquelados infantiles.
¿En qué te apoyaste para la escritura?
En Robert Burton, con Anatomía de la melancolía. Un texto hermoso sobre los orígenes de la melancolía donde habla de los humores –la bilis amarilla, la bilis negra–, y de dónde viene filosóficamente y también desde la medicina. Hubo una exposición importante en París que se llamó “Melancolía, genio y figura de Occidente”, que trabajaba sobre la idea de la melancolía como algo que atravesaba toda la historia del arte, desde las representaciones de la melancolía de Durero (la mujer con la mano sosteniéndole el rostro). En el Renacimiento la melancolía era el don de los filósofos y de los poetas, se entendía como algo positivo. Después se fue transformando en la enfermedad de la depresión. Investigué mucho en el tema de la obra, y de hecho la escena final es la reconstrucción del grabado de Durero.
¿En qué género inscribirías esta obra?
Si la obra se emparenta con un género es con el teatro documental. La idea de trabajar con materiales documentales reales, así como existe el cine documental y uno no se lo cuestiona, el teatro documental también existe y como el cine trabaja sobre lo real de una manera explícita, con testimonios y documentos.
¿Todos los miembros del elenco son actores?
No. No siempre trabajo con actores. Personas que cuentan experiencias de su vida, sí. En Mi vida después, por ejemplo, Pablo Lugones es bailarín o Lisa Casullo es música. A mí me encanta la idea de que el teatro pueda ser un territorio no de los actores en un sentido virtuoso, sino un espacio de experimentación de determinado tema representado por las personas que tengan que estar para desarrollarlo. Elijo las personas que necesito para contar sus experiencias sobre equis problemática, como si fueran performers.
¿Trabajaste un tiempo en Chile?
Sí. Me quedé una temporada buscando gente e historias. Hice una convocatoria abierta y se presentaron cincuenta personas de las que elegí veinticinco. El concepto es el mismo que en Mi vida después, pero quedó completamente distinto. La versión chilena es muy fuerte, porque hay mucha más confrontación entre las historias. Conviven el hijo de un militante de extrema derecha que apoyó el golpe, una mujer del MIR que fue asesinada en una operación llamada Fuente ovejuna y la hija de otra militante que se fue a vivir a México. Entre los actores de Mi vida después había un acuerdo mayor en cómo había sido la historia a nivel país, cosa que no pasó en Chile.

 

Fuente Redacción Z
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