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TEMAS DE LA SEMANA

Liliana Herrero, la heredera

La profesora de filosofía devenida folklorista de fuste no se ahorra opiniones.

Por daniel-castelo
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Las bibliotecas que reinan en el living de su casa en San Telmo son motivo de embrollo. «Un caos», define la cantora y ex profesora de filosofía Liliana Herrero, que comenta el conflicto limítrofe permanente que se da entre sus libros y los del director de la Biblioteca Nacional, Horacio González, su pareja. Sin embargo, esta entrerriana que hizo larga escala en Rosario antes de venir a grabar a Buenos Aires hace más de dos décadas, apadrinada por Fito Páez, se ha constituido no sólo en una voz central del folk nacional, sino también en alguien que le clavó impronta intelectual a la música popular, además de ser elegida por Mercedes Sosa como su heredera.

¿Pesa el título?
Yo sacaría el peso de esa palabra. Creo que Mercedes lo pensaba, pero ella hubiera sumado un montón de nombres más. Me enorgullece y me honra. Ella amaba a los cantores, pero no todo lo que yo hacía le gustaba. Una vez escuchó mi versión de «Cosechero» y me dijo «a vos los del Litoral te van a matar». Y no me lo dijo en joda. También hacía otras cosas; una vez la llamaron de Canal 7 para pedirle un tema que las dos habíamos grabado y les dijo que pongan mi versión porque era mejor. Creo que vio que yo fui al fondo del folklore, me atreví a desarmar canciones. Ese gesto riesgoso siempre lo valoró. La voz de Mercedes está repartida en muchas personas que perciben que no se puede cantar como si ella no hubiera cantado.

¿Qué mirada tenés sobre el folklore masivo?
Intento ser amable y cordial, pero no lo logro… Hay músicas que no escucho, me producen rechazo. No las voy a nombrar, pero reproducen en su sonoridad, en su estética, las formas más estandarizadas y comerciales.

Algunos estuvieron en la fiesta del Bicentenario…
Que se convoque a todo el mundo me parece bien. Yo no hubiera convocado a determinadas personas, pero no soy política. Además hubo ausencias de personas y géneros. El jazz no estuvo presente, por ejemplo.

¿A quien te hubiera gustado ver en la jornada folklórica?
A Raúl Carnota, a Juan Falú, a tantos otros… Creo que yo la ligué de costado, es muy azaroso.

¿Cómo seleccionás la música de tus discos?
Escucho mucha música, estoy al tanto de lo que pasa en todos los géneros, desde Béla Bartók al Cuchi Leguizamón, Rubén Juárez…Hay discos clave y que me gusta escucharlos por su textura. Escucho mucho Afinity de Bill Evans, me tranquiliza, lo reconozco. Otros los escucho para aprender, como Para los árboles, de Spinetta.

¿El título Nueva, de tu ciclo de recitales de este mes, te condiciona?
Obliga a dar otra vuelta de tuerca. Aún cuando no hiciera ni un solo tema nuevo voy a tocar con una banda nueva, entonces los temas van a sonar distintos. Siempre estamos recomenzando. Es una extraordinaria tensión entre lo que somos y lo que vamos a intentar. «Tira el caballo adelante, y el alma tira pa´ atrás», como decía Atahualpa.

¿Como entrerriana cómo ves el conflicto por Botnia?
Lo veo con preocupación porque la relación con Uruguay es muy intensa. El corte debería terminar porque atenta contra las economías y la relación cultural y hasta familiar entre la provincia y Uruguay. Al mismo tiempo no coincido con la contaminación de la pastera. Amo al pueblo uruguayo, que no se ha entregado a las condiciones de la vida moderna, a la globalización, a las formas más salvajes del neoliberalismo.

¿Y la patria?
Soy optimista. Desde la polémica por las retenciones repito que es un momento óptimo; todos estamos discutiendo todo; la relación campo-ciudad, la asignación universal, las jubilaciones, la justicia, los medios. Me parece que esto al lado del menemismo, donde no hubo cuestionamientos a la entrega bastarda del país. Es una época para debatir.

 

Fuente Redacción Z
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