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TEMAS DE LA SEMANA

Liberatori: ‘Un juez sabe que muchos de sus fallos no van a gustar’

Apasionada por su trabajo, la jueza reconoce que quizá se involucre demasiado en los problemas.

Por Romina Calderaro
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«Alea jacta est» (la suerte está echada), dice Elena Liberatori con voz dulce y firme, sonriente, luego de firmar la sentencia definitiva sobre la línea 0800 que el ministro de Educación porteño, Esteban Bullrich, había inaugurado en principio para denunciar «intromisión política» en las escuelas y que ahora, merced a la intervención de la titular del juzgado en lo Contencioso, Administrativo y Tributario 4 de la Ciudad, se promociona como «un canal de diálogo entre la comunidad educativa y el Gobierno». La línea podrá seguir funcionando, pero la magistrada estableció por escrito que las denuncias anónimas que surjan de los llamados de ningún modo podrán servir para sancionar a docentes o alumnos sin previa intervención judicial. Liberatori, una de las juezas más temidas por el macrismo -llegó a multar al líder del PRO por un incumplimiento en el Tobar García-, habló de la delicada tarea de administrar justicia cuando, por la naturaleza misma de su cargo, las decisiones suelen molestar a la autoridad máxima de la Ciudad.

Usted acaba de firmar el fallo que resuelve la cuestión de fondo sobre el 0800 que Bullrich abrió para «denunciar» intromisión política en las escuelas. El macrismo dice que su fallo lo beneficia porque la línea puede seguir funcionando. ¿Es verdad?
La línea puede seguir funcionando en tanto y en cuanto sirva, como me planteó Bullrich en su momento, para denunciar que hay un techo roto en una escuela. Lo que digo en el fallo es que la línea tiene flecos sueltos. ¿Qué es intromisión política? ¿Qué un chico vaya al colegio con una remera de La Cámpora? Claramente no. Eso lo tienen que especificar. El Gobierno de la Ciudad tiene que sentarse a escribir una tipificación clara del funcionamiento de la línea y sobre quiénes van a procesar los datos. Y como el sistema se basa en el anonimato, lo que queda claro en la sentencia es que no se va a poder sancionar a ningún alumno o docente por datos recibidos anónimamente.

¿Usted es consciente de que es «el terror» de los jefes de Gobierno porteños?
No creo que me tengan miedo: de hecho, el jefe de Gobierno actual expresa que la Cámara me revoca el 90 por ciento de los fallos. El efecto de la sentencia en los jefes de Gobierno es un riesgo inherente a este cargo. Me parece que un juez contencioso, donde quiera que esté, como todo el tiempo está analizando conflictos de las personas con la administración pública, sabe que hay muchas decisiones que no van a gustar.

¿Cuál es su fallo favorito, el que le hizo sentir que administrar justicia tiene un sentido?
El caso de una beba que tenía una cardiopatía congénita, esos bebés que se ponen azules. Había que operarla y en el medio había una prepaga trucha. Es un caso muy entrañable para mí porque todo el mundo pensaba que tenía que resolverlo la justicia civil y tal vez creo que era así. Pero fue la primera vez que sentí una satisfacción con el trabajo, haber sacado adelante la operación de la niñita en el Hospital Británico, una beba de un año que hoy debe de tener 11 o 12. Alguna que otra vez han venido a visitarme los padres. Con este caso tomé conciencia de que este cargo es una herramienta muy fuerte, muy importante para algunas situaciones tremendas.

¿Por qué usted es señalada como «diferente» entre los políticos e incluso por otros jueces?
Qué pregunta difícil… No tengo una tendencia a pasar de las cosas, todo lo contrario. Una vez, a propósito de un tema de consorcio, un vecino que era psicólogo, a quien yo apreciaba mucho, me señaló que yo tenía una tendencia a involucrarme demasiado en los problemas y me dijo que debía estar atenta porque podía pasarme lo que le pasó a Juana de Arco. También me han regalado un cuadro con una imagen de una mujer en lucha, con una lanza, como que se ve cierta cosa así de mí. Me gusta mi trabajo porque responde a una vocación originaria. Me conmueve la injusticia y esto es un tema que he trabajado en la terapia hasta que un día mi psicóloga me dijo: «Elena: nadie tiene lo que se merece, ni por malo ni por bueno, entonces hay gente que no va a la cárcel y gente que se muere siendo niño».

¿Por qué la gestión PRO produce tantas acciones de amparo?
Acá hay muchísimos amparos todos los días de gente sin techo. Además, ahora estoy a cargo de la secretaría de barrios vulnerables -como denomino a las villas- y ahí todo lo que hay para hacer se advierte con mucha crudeza. A todos nos pueden faltar muchas cosas, pero en esos lugares falta todo. Yo tengo muy presente esa pintura donde dos manos se tocan y no se tocan, que es como el encuentro de dos mundos. La que pintó Miguel Ángel en la Capilla Sixtina. Me parece, y lo vi en el expediente que acabo de firmar, que la gestión del gobierno actual es el mundo de lo privado gestionando lo público, pero sin entender las reglas de lo público. Por ejemplo: mi educación es pública y no conozco las instituciones privadas por dentro, nunca podría gestionar la educación privada si no la conozco.

¿Cómo fueron las reuniones que organizó para destrabar el conflicto entre los alumnos de las escuelas técnicas y el ministro Esteban Bullrich?
Este tema, en cuanto a mi trabajo, fue de una importancia que yo misma todavía no he madurado lo suficiente pero mi cuerpo sí, porque estuve prácticamente cinco días sin poder hablar. Cuando había pasado todo el episodio me quedé sin voz. Soy consciente de que el ministro no tenía la misma mirada que yo respecto del conflicto. Le di al intento del diálogo todas las fichas pero en algún momento me pareció que iba a fracasar y eso me resintió la salud. Me jugué toda a que ésa era la vía por la cual un problema de ese orden tenía que arreglarse.

Bullrich no quería hablar con los chicos y usted lo consiguió.
Debo decir que yo no lo obligué. Quiero que se destaque esto, porque el ministro tuvo siempre, en las ocasiones en que hemos tenido expedientes relativos a su cartera, una predisposición personal distinta y destacable. Quiero decir que es una persona que conmigo habla, que me pregunta, que comparte opiniones, podemos trabajar los problemas. Yo no lo obligué, yo propuse, ofrecí el ámbito del juzgado, me ofrecí a ser la persona que pusiera las reglas de juego y actuara de árbitro, y esto es algo que me interesa destacar en el rol del juez. Bullrich es una persona que tiene herramientas como para componer situaciones. No es una cuestión de ganar o perder. A los estudiantes en ese sentido les costaba comprender que si uno dialoga no es para ganar todo y del modo que yo quiero. Está faltando la utilización cotidiana de mecanismos democráticos, de participación, de deliberación.

¿La Cámara le revoca tanto las sentencias, como dice Macri?
No, no es verdad eso del 90 por ciento. Es más, diría que en temas muy importantes cuento con las confirmaciones y los respaldos de la Cámara, que no es poco. Al ingeniero Macri lo enojó muchísimo la multa personal que le puse por el tema del Hospital Tobar García. Ahí la Cámara no sólo me respaldó, sino que la multa se pagó y hoy el tema del Tobar García es un caso cerrado.

¿Y pagó de su bolsillo?
El dijo que no, que no era de su bolsillo porque estaba donando el sueldo al comedor de Margarita Barrientos, lo dijo en un almuerzo de Mirtha Legrand, mirando a la cámara, como si me estuviera mirando a mí. Eso me impactó mucho: «Sabe jueza, a mí no me saca nada porque yo tengo el sueldo donado al comedor de Margarita Barrientos». Entonces dije bueno, que difícil no entender el sentido de la multa, uno no está hablando del importe.

Se lo pregunto con humor: ¿cuántos jefes de Gobierno la sufrieron ya?
Varios… Voy a contar una anécdota. Tenía una amiga que trabajaba en la Secretaría de Cultura en la gestión de Jorge Telerman. Cuando él concluyó la gestión hizo una reunión muy linda y mi amiga me invitó y fui con ella porque en ese momento conocía a todo el equipo de gente que estaba trabajando en el tema Teatro Colón. Cuando me presentaron a Telerman, me dijo: «Voy a decirte algo, nunca hablé mal de vos». Esto lo valoro porque no es que haya sido complaciente con él, al contrario. En su gestión se generó el problema de los subsidios en el barrio Rodrigo Bueno y lo destrocé. Sin embargo, qué importante, él supo distinguir el trabajo de la cuestión personal. Al resto de los jefes de Gobierno no los traté.

¿Son mejores los animales o los seres humanos?
Muy fácil de contestar con otra pregunta. ¿Hay código penal para los animales?

DZ/km

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