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Leones y fantasmas

Antiguas estatuas de felinos se asoman desde un jardín de una vieja casona en la Ciudad.

Por valeria-carina-massimino
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La casa de los Leones o Palacio Díaz Vélez, es una mansión anti­gua, algo opaca, extraña y de es­tilo francés, ubicada en la Ave­nida Montes de Oca al 110. Despierta el interés de los transeúntes que observan las estatuas de leones que la rodean desde el amplio y selvático jardín.

El dueño fue el empresario Eustaquio Díaz Vélez, quien adquirió este palacio en 1880 y tenía una obsesión por los leones, por quienes optó como guardianes de su residencia. Comenzó a criarlos de cacho­rros, y mandó a construir jaulas, algunas comunicadas con la casa por una escalera exterior para estar más cerca de ellos y visi­tarlos por la noche.

Cuenta la leyenda que en el año 1911, uno de los animales se escapó de la jaula y atacó y mató al prometido de María Mathil­de, la hija de Díaz Vélez, el día de la fiesta de compromiso. Después de esa tragedia, la jo­ven se suicidó con cianuro. Y según relata el Manuel Vasco da Fonseca en su libro «Cró­nicas Absurdas de Buenos Aires», al poco tiempo, los fantasmas de la pareja comenza­ron a recorrer las habitaciones y el parque de la mansión: susurraban, movían objetos, se oían gritos, llantos, y se percibían sombras y ruidos de animales feroces y cadenas. En ca­rácter de exorcismo, Don Eustaquio se deshi­zo de los animales, pero antes optó por rea­lizarles un homenaje: talló las cabezas de los leones sobre las cúpulas de las puertas de entrada a la mansión y colocó tres estatuas de leones en el parque. La más sorprendente simboliza a una fiera que lucha con un hom­bre, venciéndolo con sus garras.

Después del fallecimiento de su pro­pietario, en 1927, aquella casona quedó a nombre de su hermana Eugenia y, más tar­de, de su hijo Carlos. Finalmente en 1930 es vendida por su viuda, María Escalada, y así llega a manos de la Casa Cuna.

Hoy, la mansión es sede de Vitra (Fun­dación para la Vivienda y Trabajo del Lisia­do Grave), un centro de rehabilitación, y úni­ca sede de escuela primaria y secundaria de toda la Argentina para discapacitados moto­res. Los únicos felinos que pueden verse por el jardín son primos de aquellos que aterra­ban a los vecinos y visitantes del palacio: de­cenas de gatos merodean por el jardín, cerca de las imponentes estatuas de los leones.

 

Fuente Redacción Z
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