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Leonardo Oyola: «Me gusta escribir sobre la nobleza»

El hombre que hace policiales «y le guiña el ojo a lo fantástico» se crió en La Matanza y utiliza un lenguaje barrial. Pero no idealiza el conurbano, «donde muy pocos tienen la posibilidad de elegir».

Por Julián López
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Una de las cosas que impacta cuando Leonardo Oyola se sienta a la mesa del bar donde acordamos la entrevista, después de verlo llegar debajo de la visera de su gorrita característica y de su kefía al cuello, esa pañoleta palestina que siempre usa, es ver a un escritor casi completamente escrito. El autor de Kryptonita y Hacé que la noche venga, entre otros, está escrito o, para decirlo mejor, a medida que pasa el tiempo y publica libros, el Tigre (así lo llaman sus amigos y sus lectores) está cada vez más escrito.

¿Cuántos tatuajes tenés?
Ahora tengo once pero voy a tener más. El primero me lo hice hace más de 20 años y voy a seguir; hay tatuadores que me lo ofrecen como regalo. Me quiero hacer el logo de Superman pero que diga Pini, por el personaje de mi libro Kryptonita y porque era mi apodo cuando era chico. Los últimos son estos cuatro en las muñecas –dice y muestra palabras que parece que le hablaran desde dentro de la piel–: Crear, Querer, Creer, Bailar, cosas que no me quiero olvidar. Hace un tiempo vi un programa en la tele en el que un filósofo mostraba que se había tatuado un “No” y decía que era porque se había dado cuenta de grande lo mucho que le hubiera servido haberse animado a decir no algunas veces en su vida.

¿Cuando eras chico conocías gente tatuada?
Claro, allá en Isidro Casanova, donde me crié, la mayoría de la gente tenía tatuado el escudo de Almirante Brown, el equipo de fútbol, o alguna referencia al Jesse James.

¿El Jesse James es la disco que mencionás en tus libros?
Claro, el boliche de la zona oeste al que íbamos todos y estuvo abierto hasta este año. El Jesse James era sinónimo de alegría, desde que tengo memoria; de muy pibe, era ver a la gente empilcharse para ir a bailar allá; llegaban de muchos lados, los que tenían coche iban en coche y los que no, caminando. Tengo imágenes que no te digo que era la peregrinación a Luján pero más o menos, eran grupos y grupos de gente caminando para el Jesse. Era toda una manzana en la que se reproducía un pueblo del Oeste norteamericano, había varias pistas temáticas, y sobre todo en primavera y verano era hermoso porque era como un saloon, tenía una locomotora y podías estar tomando algo ahí, al aire libre. Cuando empecé a ir a bailar, estaban de moda las botas tejanas y yo me consideré un hombre recién cuando pude llegar a ese mundo de fantasía con mis propias botas.

Leonardo Oyola nació en julio de 1973 y se crió en Isidro Casanova, localidad del Partido de La Matanza, en el Oeste del Gran Buenos Aires. Es fan de Bruce Springsteen y del cine, es devoto de San Jorge, papá de Ramón que tiene ocho y desde hace algunos años vive en Almagro, con su pareja, la escritora Alejandra Zina. Es colaborador de la revista Rolling Stone, tiene un grupo de alumnos escritores que trabajan sus textos con él y cuando habla de eso, se nota que es una tarea que lo emociona. Desde la aparición de Siete y el tigre harapiento, su primera novela, en el año 2005, se convirtió en un referente del policial argentino y lleva publicados ocho libros; algunos fueron traducidos al francés. Su novela Chamamé, editada hasta ahora solamente en España, ganó el Dashiell Hammett al mejor policial en la XXI Semana Negra de Gijón.

Si hay algo que queda claro en la literatura de Oyola, y en la fidelidad de un público que lo sigue como a un verdadero rockstar, es su lenguaje innovador y sus historias con personajes infrecuentes en la literatura argentina: hampones, travestis, médicos del conurbano y grupos que defienden con coraje su pertenencia de clase frente a la historia oficial.

¿Te preguntan mucho sobre tu vida en el conurbano?
Sí, hay gente que hace demasiado hincapié en eso y veo que hay como una idealización; me pasa con chicos que me entrevistan o que leen mis libros en la facultad y vienen a decirme: “¡qué masa el conurbano!” y, por favor, no es por estigmatizar, pero la vida allá es muy dura y son muy pocos los que tienen la posibilidad de elegir.

Tus historias son fuertes, violentas, tienen la dinámica del cómic mezclada con el argot tumbero y hasta elementos fantásticos… ¿vos qué pensás, sobre qué escribís?
Yo escribo sobre la amistad. Me gusta escribir sobre bandas, sobre mejores amigos, gente que se quiere muchísimo pero también se lastima, a veces sin querer. Si pienso en mis libros, veo que escribo sobre eso, gente que se encuentra, se elije, se quiere y se aguanta. Escribo sobre eso, sobre las relaciones y, fundamentalmente, sobre la nobleza; esos gestos que te aúnan al otro sin que importe de qué lado de la ley está, si tiene o no tiene guita. Sí, me gusta escribir sobre la nobleza.

DZ / fs

Fuente Redacción Z
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