En una campaña con repercusión nacional, el PRO necesita afianzar los planes presidenciales de Macri. El Frente para la Victoria espera que Jorge Taiana le gane nuevos votos. Unen pretende conservar los votos que obtuvo en las PASO. A la izquierda, el FIT tiene su chance.

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Legislatura: hay 30 bancas en juego

En una campaña con repercusión nacional, el PRO necesita afianzar los planes presidenciales de Macri. El Frente para la Victoria espera que Jorge Taiana le gane nuevos votos. Unen pretende conservar los votos que obtuvo en las PASO. A la izquierda, el FIT tiene su chance.

Por Laura Mendoza
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Aun mes vista, nadie tiene la certeza de cómo cerrará el mapa electoral y cómo se distribuirán las 30 bancas que de¬ben renovarse en la Legislatura. En palabras del consultor Hugo Haime, los resultados pueden de¬parar sorpresas. Son 24 los partidos –algunos ciertamente fantasmáticos- que han pedido que la Justicia los oficialice. Tal vez sean tantos porque el distrito conjuga su gran vitalidad política con magníficas oportunidades de negocios.

Con frecuencia se acusa a Buenos Aires de imaginarse diferente del resto del país. Sin analizar la verosimilitud de una acusación tan subjetiva, la isla porteña siempre termina dándoles carácter nacional a sus elecciones. No hay que olvidar que Buenos Aires produjo las más grandes gestas populares de la historia nacional (con excepción del Cordobazo). Tal vez porque lo que decide Bue¬nos Aires repercute en el país y los avatares del escenario político nacional se imponen por mucho a las cuestiones municipalistas.

Sin embargo, pasado un mes de las PASO y a otro de las elecciones legislativas, el electorado exhibe esa típica versatilidad que desconcierta a políticos, consultores e interesados, obligándolos a desconfiar de sus pronósticos. El escenario político local tiene otra particularidad que lo distingue y que tal vez hable más de las peculiaridades del pueblo que de la voluntad de los can¬didatos. Y es que las siete lis¬tas completas están presididas por hombres –sí, ninguna mujer- que exhiben un tinte progresista o francamente de izquierda. En la Ciudad de Buenos Aires no hay candidato con ambiciones políticas que se pueda decir de derecha. Ni de centro. Tenga donde tenga su corazón.

Quién es quién
Para octubre pueden diferenciarse varios bloques. Los hegemónicos son sin duda el PRO, el Frente para la Victoria y Unen, que disputan con fuerza pareja una porción de poder en la Legislatura, su aporte al Congreso de la Nación y, desde luego, quién gobernará la ciudad -¿y el país?- en 2015. El PRO pretende que los resultados hagan reverdecer la condición de presidenciable para Mauricio Macri, un tanto mustia a partir de la victoria de Sergio Massa en la provincia de Buenos Aires.

El Frente para la Victoria apuesta a aumentar los votos que obtuvo en las PASO. Suponen que muchos porteños ya perdieron la ilusión de que la derecha fuera capaz de hacer una buena gestión. Y saben que sus candidatos principales –Jorge Taiana, Daniel Filmus y Juan Cabandié– se parecen bastante más a un porteño típico que el ingeniero millonario que anda en bici.

En segundo lugar vienen los partidos que pasaron airosos las PASO y tratan de traducir a una banca el espacio político que ya tienen ganado en organizaciones sindicales y estudiantiles. Es el caso del Frente de Izquierda y los Trabajadores –una alianza del PO, el PTS e Izquierda Socialista que presenta candidatos en todo el país y ya tiene un millón de votos en el bolsillo. También de Camino Popular, formado por el Buenos Aires para Todos de Claudio Lozano y Marea Popular. Y de Autodeterminación y Libertad, el núcleo organizado al¬rededor del ex legislador del MAS Luis Zamora.

Finalmente, hay más de una docena de “listas cortas” del estilo de las de Rafael Gentilli y Graciela Ocaña, que se presentan solo en la ciudad sin correlato nacional (diputados y senadores). Tienen muy pocas probabilidades de obtener un escaño. Están en carrera porque la Ciudad no suscribe la ley electoral y entonces no tuvieron que medir su fuerza en las primarias.

El conjunto no es poca alternativa para una ciudad que desconoce amores eternos y no ha jurado jamás fidelidad más que a sí misma. El que lo dude puede recordar las jornadas del “que se vayan todos”.

De izquierda, todos

Es indiscutible que la capital tiene algunas rarezas políticas que describen, de alguna manera, las contradicciones de sus habitantes. Una de las más curiosas es el carácter progresista que invariablemente reclaman para sí todos los candidatos con chances.

El ex canciller Jorge Taiana, que encabeza la lista a legisladores del Frente para la Victoria, siempre formó en el peronismo histórico. Hombre de tono amable, limpia trayectoria y discurso mesurado, “hay que dialogar con los porteños”, dice y repite, lejos de cualquier prédica jauretchiana. Y la colectora del FpV –donde van Pablo Ferreyra, hermano del militante del Partido Obrero asesinado por una patota ferroviaria, y la ibarrista María Elena Naddeo– llama directamente a votar al kirchnerismo “desde la izquierda”.

En el frente Unen hay candidatos de variadas procedencias. Pero Gustavo Vera, un enfático maestro de Villa Soldati, desplazó a los economistas Alfonso JP Morgan Prat-Gay y Martín Lousteau. Cierto es que Vera tiene inmejorable relaciones con el Vaticano. Pero más conocido es por su lucha contra la trata, la explotación sexual y el trabajo esclavo.

Finalmente, hasta el primer candidato a legislador por el partido amarillo, el teólogo doctorado en Harvard Iván Petrella, se adaptó a las exigencias rioplatenses. En una larga entrevista al diario La Nación afirmó: “El PRO es la fuerza más progresista que existe hoy en Argentina. En Estados Unidos sería la izquierda del Partido Demócrata”. Créase o no.

Detrás de las tres opciones que juegan fuerte viene un pelotón minoritario pero con posibilidades de ubicar algún legislador. Es el que integran los tres partidos de izquierda que lograron superar el piso de las PASO: el Frente de Izquierda tiene más chances: sacó el 4,20. Lo siguen Autodeterminación y Libertad (3,30) y Camino Popular (2,17). El economista y docente universitario Marcelo Ramal encabeza la lista del Frente de Izquierda. Por Camino Popular, el aeronáutico y actual legislador Fabio Basteiro, y el abogado Luis Zamora va por Autodeterminación y Libertad. En 2003, AyL superó el 10% de los votos pero su bloque se disgregó con pases fulminantes a otros partidos.

Finalmente entre los candidatos de lista corta, que señalan casi orgullosamente este carácter, digamos, parroquial, se encuentra la flamante agrupación del legislador Rafael Gentilli (ex Proyecto Sur), llamada Sumar I+D (Izquierda democrática).

Ante este panorama un distraído podría suponer que los porteños votan a la izquierda. Falso. La Ciudad de los candidatos à gouche lleva dos turnos votando a un hombre de la derecha empresarial, que tiene un gabinete donde se cruzan militantes clericales, agentes de la patria contratista, constructoras, especuladores inmobiliarios y nostálgicos del orden de los cementerios. Aunque en el último escrutinio haya perdido la friolera de 200 mil votos.

Escala nacional
Que las elecciones locales tienen relevancia nacional es lo que planteó Jorge Taiana en la presentación de los candidatos de FpV: “En estas elecciones se pone en juego el nivel de apoyo político (al gobierno nacional) y necesitamos de ese apoyo para seguir luchando por un país más justo. Como candidatos del Frente para la Victoria, del mismo modo que hemos transformado el país, queremos transformar la Ciudad”, dijo desde el escenario.

Para Taiana, es la oportunidad para que el Frente para la Victoria “que desde hace 10 años viene llevando adelante un proyecto nacional de inclusión, producción y empleo, pueda reconciliarse con los porteños. Creo que ha habido un desentendimiento entre el peronismo y la Ciudad y muchos porteños no nos han votado aunque piensan como nosotros y apoyan las mismas causas que nosotros: derechos humanos, pleno empleo, desarrollo tecnológico”, arriesgó.

El PRO, en cambio, en un principio trató de desnacionalizar las elecciones. Y modeló una estrategia basada en el “interés del vecino”, fantaseando sobre los méritos que tendría su gestión, con un tono entusiasta y festivo. El propósito era ganar voto por voto, con reuniones pequeñas al estilo de las que hace en Estados Unidos el tea party, la extrema derecha republicana –mal que le pese al “progresista” Iván Petrella. Para eso dividió la ciudad en cuatro zonas y midió las preocupaciones de sus habitantes comuna por comuna. La orden fue rehuir discusiones ideologizadas y confrontaciones políticas. Pero la realidad suele ser más poderosa que el deseo. Y el riesgo de que Mauricio Macri pierda el metrobus que lleva a las presidenciales del 2015 puso en tensión el tono naif de sonrisas y globitos multicolores.

Iván Petrella comparte la bonhomía liviana que caracteriza a los jefes macristas (mientras no hablen de los estudiantes, trabajadores de los hospitales, del subte, docentes o manteros). Pero cuando Diario Z le preguntó qué se jugaba el PRO en estas elecciones, dijo, sin diplomacias, que su partido debería “asegurar una derrota del kirchnerismo para que no se pueda seguir agitando el fantasma de la re-reelección”. Y evaluó que el PRO es la “única alternativa” porque “votó consistentemete en contra de los proyectos kirchneristas -sea YPF, Ciccone, etc”. “Los demás –dijo- han sido funcionales, han sido parte del kirchnerismo o han votado sus leyes. Eso significa que en el fondo comparten la misma visión de país”. Chau globitos.

El frente Unen tiene otros problemas. El primero, que no se le desgranen los votos de las PASO porque a los que les gustó Prat-Gay no les guste Vera o porque los que se encendieron con Elisa Carrió se depriman con Pino Solanas. Pero no fue de esas tribulaciones internas de las que habló Vera cuando Diario Z le preguntó por el escenario político de la ciudad: “Es muy complicado porque hay mucho descontento con el gobierno, que está tomando decisiones inadecuadas para combatir la inseguridad y la inflación. Además, hay un sector empresario que está operando en contra del gobierno. Nuestra posición es defender el escenario constitucional para que el mandato de la presidenta se cumpla como es debido. Unen está con un ojo puesto en las dos cosas. Hacer su elección y evitar un golpe de palacio que sería otro golpe en la larga historia del peronismo, en el kirchnerismo en este caso”.

Unen, opina Vera, “se juega a ser una alternativa nueva por las primarias por su fondo profundamente democrático. Está marcando una esperanza en un frente anticorrupción y antimafia indispensable para reconstruir la república. Esperamos ganarle tanto al kirchnerismo como al PRO”, apuntó.

En la contracara del espectro político, Marcelo Ramal, del Frente de Izquierda y los Trabajadores, tampoco se detiene en problemas locales: “La elección de la Ciudad no escapa a las generales de la ley de la elección nacional. A saber: la existencia de una crisis de régimen y de orden social que involucra al oficialismo y a la oposición tradicional. Ello se expresa en un macrismo que ha perdido 250.000 votos respecto de 2011; en un kirchnerismo que reproduce en la Ciudad su declinación general y en un frente circunstancial (Unen) que expresa una versión desteñida de la Alianza”, explica con cordialidad.

Para el hombre del PO, las tres opciones más fuertes del espectro local “acompañan una historia reciente de pactos políticos contrarios a los intereses de la población, como los votados el año pasado para concesionar o privatizar las tierras públicas de Soldati y Lugano, y una historia más larga de haber gobernado –con Macri, Telerman, Ibarra o De la Rúa- en función de los intereses del capital financiero e inmobiliario. En ese contexto, el Frente de Izquierda emerge como cuarta fuerza, avalada por su inserción trabajadora, estudiantil y territorial. Un bloque de legisladores del FIT plantearían una salida anticapitalista a la crisis nacional”, explica. Porque para Ramal, lo que está en juego es quién paga esa crisis, “si los trabajadores -a través de la devaluación y el ajuste que traman oficialistas y opositores- o la clase capitalista”.

Acá hay tres opciones, especula Fabio Basteiro: “un voto que ponga a Buenos Aires en línea con las políticas del gobierno nacional, un voto que favorezca el armado de una sucesión nacional opositora al kirchnerismo o la confirmación de que la derecha pragmática es –aunque no les guste admitirlo- quien mejor representa el espíritu local. Vamos hacia una situación donde se termina de ratificar una nacionalización de las elecciones, pero donde también comienzan a discutirse medidas que afectan a los porteños. En ese marco, nuestra estrategia es mantener la distancia tanto de Unen, que tiene un discurso anti todo, como del kirchnerismo, que funciona formalmente como oposición pero que le vota todas las leyes al PRO”.

Rafael Gentilli no apoya opciones nacionales. El legislador que dejó Proyecto Sur disgustado por el frente con Elisa Carrió, subraya que sus proyectos, sus objetivos y su trabajo “están abocados a solucionar los problemas de nuestra Ciudad, y garantizarles a todos sus habitantes el pleno ejercicio de sus derechos: a la salud, a la educación, a una vivienda digna, al disfrute del espacio público, a la posibilidad de proyectar sus vidas con pisos mínimos de seguridad”.

Esa tarea ya está más que encaminada y debe proyectarse al país, opina Petrella: “El PRO plantea un país ambicioso que invierte fuertemente en su gente y no crea que el orgullo nacional se oponga a aprender de las mejores prácticas mundiales. Esa visión ya se encarna en la Ciudad”, dice. Quien quiera oír, que oiga.

No es lo que opina, claro, Jorge Taiana, que lamenta que Buenos Aires “no haya acompañado el crecimiento con inclusión de los últimos diez años”. Para el candidato del FpV, la desigualdad en la ciudad creció porque “el PRO no concibe a Buenos Aires como parte del área metropolitana, y con esa concepción no se van a terminar los problemas que vienen sufriendo los porteños como las inundaciones, el transporte, y la basura”. Taiana afirma que “la Legislatura tiene que recuperar poder político frente a un Poder Ejecutivo que se ha cansado de vetar e imponer su parecer”. E insiste: “Yo siempre he sido peronista y soy porteño de toda la vida, y creo que los porteños comparten nuestros valores de solidaridad, justicia y ayuda a los más débiles”. ¿Será este el turno para que, a contramano de lo sucedido hasta ahora y en un contexto complejo, los porteños decidan favorecer al kirchnerismo?

El lunes pasado, en el ámbito cool del Buenos Aires Design (un predio municipal por el que pagan un canon de chaucha y palito), Macri pidió “el apoyo de toda la gente en un proceso de cambio”. Juntos se puede, rezaba un cartel a sus espaldas. Pero nadie la tiene fácil. Y si para muestra basta un oprobio, cabe recordar que el PRO se quedará sin personería electoral en la provincia de Buenos Aires por no haberse presentado con boleta propia ni en 2011 ni en estas elecciones. ¿Podrá Macri mantenerse como presidenciable hasta 2015? Hasta su pariente ya le sugirió acompañar la fórmula de Sergio Massa.

Ofertas para todos los gustos en elecciones que no convocan multitudes sino pequeños actos en espacios cerrados, caminatas y fugaces apretones de manos, charlas en una esquina entre candidatos y transeúntes. En un mes, las incógnitas quedarán develadas.

dz / fs 

Fuente Redacción Z
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