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TEMAS DE LA SEMANA

Lavalle se queda sin cines

Preocupa el destino de la industria cultural en la segunda peatonal porteña.

Por Cecilia Alemano
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Decir que el paisaje de la calle Lavalle ha mutado es, en cierta medida, faltar a la verdad, porque más bien se ha empobrecido en un grado alarmante. A fines de septiembre, el cierre de los complejos de cine Atlas y Normandie, ubicadas al 400 de esa peatonal, no hizo más que ensombrecer el panorama. De las 15 salas que alguna vez hubo allí, hoy sólo funciona el Monumental. De las restantes (Electric, Ocean, Luxor, etc.), apenas el recuerdo de su nombre y ubicación, escritos en grandes placas negras en el suelo, sobre las que cada día caminan miles de turistas que jamás imaginarán que ésa supo ser «la calle de los cines».

El Atlas, que hasta la apertura del Imax en Norcenter ostentaba la pantalla más grande del país, fue diseñado por el arquitecto Alberto Prebisch, autor del Obelisco y del Gran Rex. El Normandie, en tanto, tenía capacidad para 1.100 espectadores. En total, las ocho salas del complejo que conformaban, podían albergar a tres mil personas. La empresa responsable, la Sociedad Anónima Cinematográfica (SAC), que tiene sus oficinas allí mismo, prefirió ahorrarse los comentarios. «Permanecerán así hasta nuevo aviso, y es todo lo que podemos decir», dijo la recepcionista.

Es así que, mientras en otras zonas de la Capital crece la oferta de cine 3D, la alguna vez esplendorosa Lavalle tiene que conformarse con sus comercios for export y promotoras de saunas.

El ex director del Incaa y del Instituto Rojas, José Miguel Onaindia, viene observando el fenómeno desde hace tiempo, al punto que cuando semanas atrás cerró el complejo Suipacha, conocido como Tita Merello, hizo una presentación ante la Legislatura porteña para que el Gobierno se ocupe de rescatarlo. Su hipótesis al respecto: «El público se retira cuando se deja de dar servicios acordes», explica. «Éstas son zonas que se transformaron, y que hoy son de difícil acceso. El centro cultural de la ciudad se fue corriendo y no hubo decisiones privadas ni gubernamentales para revertir la tendencia». Es por esto que, desde su punto de vista, la revitalización de la calle Lavalle, más que un emprendimiento unilateral privado, debe ser una acción conjunta de las áreas de Cultura, Espacio Público y Seguridad de la Ciudad: «Nadie quiere retornar a 1950, pero los cines se cierran porque Lavalle y alrededores se transformaron en zonas inseguras y marginales. El ámbito ha quedado por fuera de quienes van al cine, que hoy es la burguesía, y no ya los sectores obreros, para quienes es un consumo privativo», señala Onaindia y sugiere dejar de lado la queja.

«Rescatemos a estas salas no como a dinosaurios, sino en un esfuerzo social para que estas zonas recobren vida; que formen parte de nuestra vida cotidiana. El cine es la punta del iceberg del entretenimiento público. En Buenos Aires hay una gran caída socioeconómica y en los hábitos de relación. Es una ciudad con rejas: estamos todos encerrados, poniendo muros de contención. Y el espacio público es el primero en evidenciar las consecuencias», propone.

 

Fuente Redacción Z
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