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Laura Azcurra: «Me gusta ser anfitriona en esta ciudad»

Le gusta tejer, pintar, cocinar y tiene un TOC por la jardinería, faltaba menos si también triunfa con Toc Toc en calle Corrientes. Con ella me enteré de que las mujeres descargamos la ansiedad por la yema de los dedos y quizás de ahí vengan sus ganas de hacer tanto.

Por Teté Coustarot
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Laura_Azcurra
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Irrumpió como un torbellino en el Multiteatro. Pasea con su bolso de flamenco, las partituras de la clase de música y la lunchera de Marco, su hijo, que lo lleva al taller de ciencias. Le gusta tejer, pintar, cocinar y tiene un TOC por la jardinería, faltaba menos si también triunfa con Toc Toc en calle Corrientes. Con ella me enteré de que las mujeres descargamos la ansiedad por la yema de los dedos y quizás de ahí vengan sus ganas de hacer tanto.
Tengo la sensación de que vos disfrutas de muchas cosas.
Es así. De hecho, recién terminé mi taller de costura. Hice el abecé: me enseñaron un poco de moldería, a trabajar con hilo y aguja, cómo funciona una máquina… Me considero una mujer con el alma en otra época, por eso me cuesta un poco este siglo y toda esto de la tecnología y la despersonalización. Siento que hay que mirarnos un poquito más.
¿Cómo se te ocurrió hacer un curso de costura?
Me había traído de Brasil unas telas maravillosas, coloridas y esplendidas, y tenía la intención de diseñar algunas cosas y pedirle la confección a otro. Me pregunté por qué, si yo disfruto un montón haciendo cosas manuales, me entretiene y es terapéutico. Además, hace dos años, mi tía me enseñó a bordar. Las mujeres descargamos la ansiedad a través de la yema de los dedos, para los seres inquietos como yo, que nos gusta tejer, pintar, cocinar y la jardinería, las actividades nos bajan a tierra. Con la jardinería tengo un viaje, por ejemplo, ¡tengo una huerta en mi terraza!
¿Y qué tenés en la huerta?
Tengo morrones, tomates, lechuga, rúcula… espinaca todavía no, pero podría tener. Tengo una terraza tomada por la huerta. La cuido con Jacques (N. de la R.: Gomes, su pareja desde hace seis años) y además hacemos compost… ¡Hay que estar todos los días!: “Che, se embichó la maracuya”; “che, hay que ponerle fertilizante a esa que está por florecer”. Tenemos el TOC de la sustentabilidad.
¿Cómo se conocieron?
Gracias a una vieja amiga brasileña con la que me reencontré en un festival de cine y me invitó a una feijoada en su casa por su cumpleaños. Ahí apareció Jacques; fue un flechazo cursi y ridículo como estas cosas del amor. Es corresponsal sudamericano de un noticiero en Brasil y vive en la Argentina desde hace diez años.
Cada vez que los veo juntos, los veo entretenerse. Ustedes se miran y siempre hay algo.
Nos divertimos, tenemos mucha complicidad, nos conocemos y nos respetamos un montón. Jacques respeta mucho todo mi delirio, porque hay que estar a mi lado con toda esta “flamencura” que tengo.
¿Cómo empezaste con el flamenco?
Arranqué en el 98, cuando estábamos grabando Campeones de la vida, en Pol-ka. Venía de una experiencia del tap, en donde todo era demasiado lindo, y siempre me atrapó el flamenco que tiene teatralidad y música. Me cautivó.
Tenés brazos largos y manos grandes, ideales para el flamenco.
Siempre recuerdo a Lola Flores que para ella era sacar una manzana del árbol, torcer y tirarla para abajo… Trabajé bastante el trauma de los brazos largos. Todos miramos a una bailadora que se llama Eva Yerbabuena y que mide un metro y medio. Todos los movimientos que son chiquitos y cortitos que ella hace yo tardo dos tiempos en llegar con mis brazos. Estoy en búsqueda de mi flamenco, que no pretende copiar a nadie ni tampoco ser ciento por ciento español, porque estamos en Buenos Aires.
En medio del exitazo de Toc Toc, ¿descubriste cuál es tu TOC?
Sí, descubrí mi TOC por la jardinería. Necesito que las plantas estén prolijas y sanas. Cuando voy a la casa de mis amigas, me ven entrar y me dicen: “Lauri, pará, pará”, porque entro directo en el balcón para mejorarles las plantas. Otra cosa que me gusta es guardar y organizar las cositas chiquitas en cajitas. Mi costurero tiene la cajita chiquita de los botones chiquitos, otra cajita redonda para otra cosa. ¡No sabés lo que es!
Siempre me quedó grabado ese programa en el que tomabas cócteles por el mundo.
Era un programa en Discovery Channel. Viajé por toda América Latina degustando bebidas autóctonas de cada lugar, contando su historia, su tradición y por qué se bebía. Generalmente, teníamos uno o dos anfitriones. Fue una maravilla porque yo no bebo alcohol, me pongo muy exquisita cuando bebo, puedo tomar un vino fino en copa y no terminarlo.
¿Tenés algo en vista?
Ahora está al aire, en el Canal de la Ciudad, Experiencia Buenos Aires; un proyecto que grabamos en el verano.
¡Sí! Te vi: ¡es fabuloso!
Es un programa en el que, el año pasado, se llamó a concurso para elegir a ocho estudiantes de todo el país. Narra la experiencia de ellos como estudiantes jóvenes que vienen a vivir a Buenos Aires durante tres meses y, de paso, tienen un trabajo de lo que estudian en sus provincias. Yo soy una especie de anfitriona y me encanta, porque soy muy porteña.
¿Y cuáles son esos lugares que te hacen tan porteña?
Soy fan de Buenos Aires. Me gusta mucho la avenida Del Libertador, sobre todo en octubre, cuando florecen las jacarandás. Hace poco redescubrí la Reserva Ecológica, y me encontré con un espacio que no podés creer que esté en medio de Puerto Madero. Es maravilloso. También disfruto mucho de la calle Corrientes, siempre hay un momento en el que me emociono.
¡Y cómo no! Si ves tu foto en la cartelera de un teatro.
Y por lo que significa el teatro para los porteños, y que exista esta oferta para un actor. Alucino por las obras que puedo ver, en las que puedo trabajar, con la cantidad de talento que hay. Para los que amamos el teatro, vivir en Buenos Aires es una aventura impresionante. Soy totalmente porteña, nací en Villa Crespo. A donde vaya, siempre me encuentro con alguna persona conocida. Buenos Aires es como un pueblo para mí.

Fuente Especial para Diario Z
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