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Actualizado: 20/09/2016 09:27:39
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TEMAS DE LA SEMANA

Las secuelas del 8N

Análisis político por Eduardo Blaustein.

Por Eduardo Blaustein
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El 8N pasó y no dejó novedades que no se conocieran incluso an­tes de que se produjera: un nú­mero notoriamente mayor de manifestantes, el apoyo convocante de los medios opositores y la posterior exacerba­ción, nuevos recortes engañosos sobre las características de la protesta, las mismas difi­cultades de los partidos políticos para parar­se ante ella o intentar capitalizarla, respues­tas algo anodinas de parte del oficialismo. La foto del día 8 es similar a la del 7. Sin em­bargo el Gobierno debe hacer un esfuerzo importante para llevar a la realidad la con­signa de la sintonía fina en toda su ges­tión y más aún en asuntos vinculados al reclamo de los caceroleros que ar­ticulan con demandas generaliza­das en la sociedad: inseguridad, inflación, transporte público, en­tre otras. También sería oportuno evitar confrontaciones innecesa­rias, mostrarse haciendo, algo que suelen intentar la Presidenta y algunos funcionarios y referentes kirchneristas, a veces a contramano de voceros que siguen empleando discursos de excesiva dureza.
Lo que no puede ni seguramente hará el Gobierno es lo que sucedió con admi­nistraciones más débiles: dejarse atropellar por lo peor del discurso opositor, cambiar el rumbo de las grandes políticas inclusivas, las democratizadoras, las de expansión de derechos. Hay lecturas interesadas y distorsionantes del 8N según las cuales el cacero­lazo fue una movilización de estatura his­tórica. Se ha pretendido compararlo con la marcha de la Multipartidaria a fines de la última dictadura o con el cierre de campaña de Raúl Alfonsín en el Obelisco.
Cuantitati­vamente esas comparaciones son falaces: los caceroleros, aun contando los distintos puntos de confluencia en Capital y el resto del país, fueron muchos pero estuvieron le­jísimos, por ejemplo, de llenar la 9 de Julio desde avenida Independencia hasta Córdo­ba, como sucedió con aquel acto del pre­sidente radical. Hubo marchas mucho más importantes: las movilizaciones de Saúl Ub­aldini y la marcha por los 30 años del golpe de Estado. Cualitativamente, las moviliza­ciones populares mencionadas antes ha­blaban de democracia, de trabajo, de inclu­sión, de demandas colectivas, de derechos humanos. El 8N reflejó más bien una agen­da conservadora, con fuertes contenidos antipolíticos e individualistas y, en sus com­ponentes más regresivos aunque minorita­rios, consignas violentas y destituyentes.
Para los que hablaron del 8N como un mensaje de (toda) «la gente» o del «sobe­rano», escuchar significaría dejar de lado el sentido de la votación de octubre pasado y cambiar drásticamente los rumbos centrales del Gobierno, lo que es sencillamente anti­democrático. No sorprende entonces que digan, especialmente desde los medios do­minantes, «el Gobierno no escucha» cuan­do anticipan como señal negativa o prepotente que esta se­mana se informará la situación de los 25 gru­pos comunicacionales que deben adecuarse a la Ley de Medios. Ala vez, que el Gobierno hable de la adecuación de 25 grupos y no de uno, es un modo prudente de reafirmar que la ley correrá para todos.
Demasiado cacique
La semana anterior se conocieron los resultados de una encuesta, una más de las que muestran la dificultad de las oposicio­nes para articular un proyecto político con­sistente con su correspondiente proyecto de gobierno. Se trata de un estudio realiza­do en Córdoba por Managment & Fit, neta­mente opositora, según la cual el goberna­dor José Manuel de la Sota exhibe buenos números en su provincia (52,3% de apro­bación a su gestión) pero muy débiles en relación a su apuesta, enésima, de candi­datearse a la presidencia (apenas el 5,1% lo percibe como un opositor relevante).
Es un solo caso entre tantos. Dema­siados candidatos con un discurso débil y con baja intención de voto. Algo que a su vez debe relacionarse con los sueños de un frente opositor unido. Hasta hoy todo si­gue igual en esa materia y es perfectamen­te legítimo y entendible que ni buena parte del radicalismo quiera aliarse con el macris­mo ni que, para hablar de la ciudad de Bue­nos Aires, Claudio Lozano o Pino Solanas no quieran ni siquiera negociar un frente en el que figuren el radicalismo, Alfonso Prat Gay o la senadora María Eugenia Estensso­ro. Es que sencillamente se trata de identi­dades y tradiciones distintas, que se supone propondrían políticas muy distintas en caso de que gobernaran.
De Santa Fe al subte
El kirchnerismo sigue teniendo, en rela­ción con ese paisaje de fragmentaciones, la ventaja de constituir hasta hoy un frente só­lido y el manejo del gobierno. Pero se en­cuentra con dificultades importantes: la eco­nomía no termina de remontar, los recursos no son los que fueron, los cuadros financie­ros provinciales son mucho más dificultosos y se encuentra con la relativa novedad de una contraofensiva de los centros financie­ros internacionales y los fondos buitres.
Ante ese escenario de dificultades, en el que asoma también el paro convocado por la central moyanista y la CTAopositora, si­gue necesitando expandir mejores interlo­cuciones. El acto conjunto en Santa Fe de la Presidenta con el gobernador socia­lista Antonio Bonfatti es un ejem­plo entre muchos posibles del tipo de acciones y diálogos que el Go­bierno puede y debe generar.
El anuncio de Mauricio Ma­cri aceptando finalmente hacer­se cargo de los subtes es una no­ticia que también parece ir en ese camino, si se toma como an­tecedente el paquete de leyes apro­bado días atrás en un vasto acuerdo entre el PROy el kirchnerismo, donde el oficialis­mo nacional apuesta a más inversión pú­blica y movimiento económico. Macri com­pensó el hecho de mostrarse cediendo a la presión nacional victimizándose y echando culpas. También dijo, sin precisiones, que su gobierno no dejará de plantear sus re­clamos al gobierno nacional. Que el anun­cio de Macri se convierta en buena noticia para millones de usuarios del subterráneo dependerá de la capacidad de gestión y de la sensibilidad del PRO(tarifas) y del even­tual acuerdo que vaya a hacer con las auto­ridades nacionales.
DZ/km

Fuente Especial para Diario Z
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