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TEMAS DE LA SEMANA

Las primeras batallas rumbo a 2011. Por Reynaldo Sietecase

Comenzaron las internas por la sucesión. Michetti vs. Rodríguez Larreta. Las dudas de Macri.

Por Reynaldo Sietecase
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A un año del recambio institucional en la Argentina las peleas internas están a la orden del día. El PRO reveló, esta semana, lo que todos intuían: detrás de las formas cuidadas y el color amarillo, hay un partido político como cualquier otro. Con militantes y arribistas, con soñadores y políticos profesionales,con eficientes y vagos, con miserias y virtudes. Y, fundamentalmente, con fuertes disputas por el poder. El lunes pasado, Mauricio Macri tuvo que pedirles a la ex vicejefa de Gobierno y actual diputada, Gabriela Michetti, y a su jefe de Gabinete, Horacio Rodríguez Larreta, que acallaran la pelea que mantienen por su sucesión en el gobierno porteño. El ex presidente de Boca está convencido de que las disputas explícitas, que incluyeron la versión del alejamiento de Michetti del partido, los afectan a todos.

La confrontación tiene historia pero nunca había perforado la superficie del PRO. La diputada hace tiempo que se queja por lo que considera manejos del jefe de Gabinete para ganar visibilidad pública «de cualquier manera». Para los michettistas, Rodríguez Larreta maneja los Centros de Gestión y Participación
y desde allí hace política en beneficio propio. Como un ejemplo exhiben los folletos que emiten los CGP donde se cuentan lo avances y obras en los barrios rubricados por las fotos y las firmas de Macri, el director del CGP correspondiente y el jefe de Gabinete. Cerca de Rodríguez Larreta cuestionan
el manejo de la estructura partidaria que hacen los colaboradores de la ex vicejefa de Gobierno. La diputada es la presidenta del en la Capital Federal.

El último round tuvo origen en el proyecto macrista para limitar a los motochorros (uso de chaleco, prohibición de dos personas por moto en zonas bancarias y las sanciones). Rodríguez Larreta pretendía juntar firmas vía los CGP para apoyar la consulta popular propuesta por el rabino Sergio Bergman. Michetti, entonces, exigió que el acompañamiento fuese del partido y armó una conferencia de prensa el viernes
pasado junto a Bergman. «Estoy cansada de que me jodan desde adentro», se quejó, al tiempo, que prometía salir al cruce
de cualquier operación que pueda perjudicarla.

En ese plano ubican los colaboradores de Michetti a la versión de una pelea con Macri y su eventual alejamiento del PRO. «Que Michetti se vaya del partido es la única posibilidad
que tiene Horacio de que Gabriela no sea la candidata elegida por Mauricio -señalan cerca de la diputada-. trata
de una mentira y un absurdo.»

Un párrafo aparte merece Sergio Bergman, el rabino más mediático del país. El religioso silba bajito pero ya se calzó el traje de candidato y, seguramente, integrará la fórmula del en la Ciudad. Por lo menos dos ex ministros de Carlos Menem le brindan sus consejos. Una católica ferviente y un rabino son una combinación PRO.

Macri aprovechó una reunión de la mesa chica para reconvenir a sus colaboradores. Les pidió una tregua hasta marzo, momento en el que se definirá también su propia candidatura.
Macri será candidato a Presidente de la Nación si es que no avanza un acuerdo con el Peronismo Federal ni aparece «el candidato de todos» como llaman los disidentes del PJ a opciones diferentes que van desde Carlos Reutemann hasta Daniel Scioli, si es que este último pega «el salto» del kirchnerismo. Macri como candidato «natural» de ese espacio parece haberse diluido.

Mientras tanto, fiel a su estilo de conducción radial alienta a todos a que sigan trabajando. La zanahoria en este caso es el Gobierno de la Ciudad. Se trata de un método que heredó
de Franco, su padre, en la conducción de sus empresas y admiró en su referente político, Carlos Menem. Si bien sabe que la intención de voto acompaña claramente a Michetti no deja de auspiciar las aspiraciones del principal espadachín de su gestión, quien trabaja denodadamente por instalarse.
«No es malo tener más de un candidato en la Ciudad», escribió Macri en Twitter. Quedan cuatro o cinco meses para decidir y, está claro, que se tomará su tiempo.

SCIOLI Y MOYANO
¿Cuánto vale una foto con Scioli? La nota publicada con ese título en la edición anterior de Diario Z llegó al escritorio de todos los miembros del gabinete de la provincia de Buenos Aires. El gobernador ratificó así el meollo del artículo: su autonomía irá en aumento pero, a la vez, está lejos de romper con el kirchnerismo. Seguirá alternando apariciones públicas junto a la Presidenta con reuniones con intendentes díscolos o empresarios y políticos críticos del gobierno nacional.

«Siempre hizo lo mismo, es un hombre de consenso.» Para los hombres que acompañan al gobernador hay una movida en la que coinciden los peronistas disidentes y el fundamentalismo kirchnerista: quieren que rompa lanzas con el gobierno nacional. En el primer caso por necesidad: no tienen ningún candidato fuerte para enfrentar al oficialismo y, en el segundo caso: piensan que Scioli, como candidato en la provincia o como eventual alternativa oficialista en la Nación, «contamina» el proyecto kirchnerista. Lo lleva hacia la derecha.

Hugo Moyano, el líder de la CGT, fue el encargado de marcarle la cancha al gobernador: «Está firme en la provincia y no tiene posibilidades de ser candidato a presidente».
Después vino el conflicto con el Ceamse y habló la basura en las calles de la Ciudad y del conurbano.

En el gobierno nacional, los más moderados, advierten sobre los peligros que representaría para las aspiraciones de continuidad en la Casa Rosada, empujar a Scioli a cruzar la frontera del Frente para la Victoria. «Una cosa es que se vaya y otra es que lo rajemos», graficó un operador bonaerense.

Los memoriosos que trabajan con el gobernador recuerdan que nunca abandonó un proyecto a mitad del río: estuvo hasta el final con Menem, hasta el final con Duhalde
y hasta el final con Kirchner. Incluso llegó a acompañar las insólitas candidaturas testimoniales. «¿Por qué habría de cambiar ahora con Cristina?», se preguntan. Pero si el fútbol es la dinámica de lo impensado, la política es la dinámica de la conveniencia.

El gobernador, por ahora, calla o dice sin decir nada.

Fuente Especial para Diario Z
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