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TEMAS DE LA SEMANA

Las peleas ocultas en la oposición tras no dar quórum ante Montenegro

Cómo se gestó la decisión de no bajar al recinto y la cumbre previa en un despacho del cuarto piso.

Por Paula Mendoza
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El jueves no fue un día más en la Legislatura porteña. Lejos de los días de sesión con temas menores, se puso en juego el caso de espionaje y, en especial, la visita del ministro de Seguridad, Guillermo Montenegro ante los diputados.

La visita espontánea del funcionario, ante una inminente interpelación, terminó con la oposición unida y sin dar quórum para realizarle preguntas al ministro.

Atrás de esta movida opositora, hubo un duro debate interno en el que, a pesar de que se mostraron juntos en una conferencia de prensa, hubo cruces y desacuerdos manifiestos.

Temprano, el PRO analizaba que la oposición (con 34 voluntades de 60) no llegaría ayer a los 31 votos necesarios para votar que el 13 de mayo sea interpelado Montenegro. La idea flotaba ya que Diana Maffia y Juan Pablo Arenaza (de la Coalición Cívica), y Diego Kravetz (peronista), se encontraban de viaje

A eso se sumaba el rumor de que el único socialista, Julián D´Àngelo, no llegaría a la sesión porque era el cumpleaños de su hija.

Así al mediodía en Labor Parlamentaria (donde se decide qué proyectos se tratan en la sesión) los macristas se percataron que la oposición conseguiría el quórum, con lo cual optaron por llevar a Montenegro a la Legislatura en sólo algunas horas para minimizar el costo político de perder las votaciones.

¿Qué había acordado hasta ese momento la oposición? Bajar al recinto, votar la preferencia para interpelar el 13 de mayo, leer un texto de Martín Hourest (vinculado a Proyecto Sur) e irse de la sesión.

Sin embargo este esquema cambió cuando el presidente del bloque del PRO, Cristian Ritondo, les comunicó que el ministro de Seguridad estaría sentado en la Legislatura para contestar todas las preguntas que quisieran hacerle.

Reuniones de urgencia

Ante este escenario, un grupo pequeño de legisladores decidió reunirse de urgencia a las 15 horas en el despacho de Raúl Fernández, quien tiene un monobloque.

Instalados en el cuarto piso, estaban también D´Angelo, los radicales Rubén Campos y Claudio Presman, la peronista Silvina Pedreira, Gonzalo Ruanova (Nuevo Encuentro) y el kirchnerista puro Juan Cabandié.

En ese cónclave llegaron a la conclusión de que lo mejor era ir al recinto, votar la preferencia y solicitar que Montenegro concurra hoy a las 16 a dar explicaciones.

Minutos más tarde llegó Fernando Sánchez, jefe de la bancada de la Coalición, quien no parecía haber tomado una decisión. Cuando escuchó la idea, en principio le pareció correcta. «Es una pésima señal dar el quórum e irse», les dijo.

Para las 16 el despacho de Fernández era un bar: habían llegado 10 legisladores más de todos los bloques. Allí comenzó un arduo debate. Mientras los canales de televisión resaltaban que Montenegro esperaba en la Legislatura para responder preguntas, no había una decisión tomada aún.

Hourest planteó que lo mejor era dar quórum, votar la interpelación para la semana que viene e irse plantando al ministro de Seguridad. «Este es el acuerdo de la oposición», dijo, y agregó que «con 34 votos ganamos seguro».

Rápidamente, salieron a contestarle desde el grupo que había arrancado una hora antes el debate: «No es así Martín, no podemos regalar el escenario, no hay que abandonar las bancas».

D`Angelo pidió en ese momento: «tenemos que bajar hoy al recinto». Sus palabras fueron seguidas por el vilmista Ruanova: «Es una locura dejar sin quórum esta sesión».

Ya habían ingresado los «pinito» (de Pino Solanas) Fabio Basteiro, Rafael Gentili, Delia Bisutti. Más tarde llegó María América González.

Por lo bajo, Julio Raffo (Proyecto Sur), no parecía estar de acuerdo con lo que expresaban en su bloque y expresaba que no podían irse de la sesión. «No se le puede responder a una jugada política con el reglamento o la Constitución, sino con más política», se lo escuchó decir al oído de varios legisladores. «Yo voy a acompañar lo que decida la mayoría», se animó a decir su compañero de bloque, Rafael Gentili.

Cabandié tomó la palabra y opinó que había que tener cuidado para que Montenegro no salga fortalecido. «Sino esto va a terminar como lo de Marco del Pont en el Congreso», planteó, comparando la sesión en la que la titular del Banco Central se plantó frente a senadores y diputados.

Por su parte, Eduardo Epszteyn (presidente del ibarrista Diálogo por Buenos Aires) también apeló a las comparaciones para trazar una estrategia: «Hay que decir que esta es la Gran Flamarique, que viene para no decir nada», apuntó en referencia a cuando el ministro de la Alianza, acusado de repartir coimas con una Banelco, fue al Senado y no respondió lo cuestionamientos.

A todo esto, el radical Campos no paraba de leer la Constitución de la ciudad buscando artículos vinculados a la visita de ministros.

Mientras tanto, los teléfonos celulares comenzaban a sonar indistintamente con un solo remitente: María José Lubertino, quien no había sido invitada al encuentro. «Decile que ya bajamos», contestó socarronamente uno de los legisladores opositores.

Pero otros llamados se repetían: en este caso eran los voceros de los legisladores que avisaban a sus jefes que Aníbal Ibarra, por su cuenta, estaba dando notas en la televisión.

«Epszteyn decile a tu diputado que deje de hablar», le espetó el «Lilito» Sánchez. «No, no, solo esta explicando que estamos en reunión para tomar una decisión», le respondió el titular del bloque ibarrista.

Sobre el final del debate interno, que ya llevaba una hora y media, el propio Epszteyn, apoyado por Proyecto Sur, pidió no bajar al recinto «porque ahí perdemos el control de la situación».

A regañadientes, y pesar de varias opiniones en contra, la oposición decidió no quebrarse y no dar quórum para armar una conferencia de prensa donde ratificaron que irán por la interpelación la semana que viene.

A pesar de ellos en el ambiente flotaban las internas. Un grupo no quería sumarse a las movidas de Ibarra, quien todavía recuerda el juicio político que lo dejó afuera del gobierno. Otros más moderados no querían subirse a las ideas de Proyecto Sur por considerarlas radicalizadas.

En medio, la tensión no se hizo explícita pero dañó a los bloques opositores que vieron en Montenegro una gran sonrisa cuando terminaba de dar su última entrevista televisiva.

 

Fuente Redacción Z
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