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TEMAS DE LA SEMANA

Las dietas mágicas

En verano son furor. Por qué no resultan, los riesgos que esconden y qué aconsejan los expertos.

Por Cecilia Alemano
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Llegan con cada verano, sin excepción. Tienen nombres extraños, y prometen hacer perder kilos en menos de lo que canta un gallo, o en un abrir y cerrar de boca, que es casi lo mismo. Así, en revistas y sitios web dirigidos sobre todo al público femenino, los gurús de turno anuncian «la dieta paleontológica», la «South Beach», la de la sopa, la de los «asteriscos», la del yogur, la de la manzana o -de moda esta temporada-, la de la actriz Kate Hudson, quien después del parto perdió 10 kilos en 10 días. Lo cierto es que muchas veces, para bajar de peso, se incurre en errores muy graves.

«Las dietas exprés o heterodoxas son una ilusión», sostiene la doctora Mónica Katz, directora de la carrera de médico especialista en Nutrición con orientación en Obesidad
en la Universidad Favaloro. «Son promesas, pero no tratamientos
profesionales científicamente apoyados. Son una tortura. No se pueden sostener por lo espartano
de su propuesta. Lo paradójico es que a la gente, cuanto más pintoresca
o extrema las encuentran, más atractiva le resultan.»

Muy al tanto del furor e inminente desencanto que producen las dietas mágicas, la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN), difundió recientemente un informe donde alerta sobre los riesgos de abordar un plan de alimentación bajo la perspectiva de lo «rápido y efectivo»: «Las dietas ‘mágicas’ o de moda, no sólo son riesgosas, sino que fracasan en mantener la pérdida de peso en el mediano y largo plazo, y predisponen a ganar más peso en el futuro», aseguran los especialistas de la institución.

Derribando mitos

La mayoría de estos planes milagrosos para perder kilos aseguran que ante todo, hay que eliminar las harinas. La «dieta disociada», también conocida como «dieta de la sopa», es quizá la más famosa. Restringe las harinas y cereales al mínimo -sólo un día a la semana permite comer arroz- y propone en cambio separar los grupos alimenticios según los días de la semana, siempre regados con abundantes platos de sopa de verduras. Lunes, vegetales; martes, frutas; miércoles, arroz y jugo; jueves, carne
con tomate, etcétera. Lo que se consigue al finalizar los 7 días es una fabulosa pérdida de líquido corporal, un rechazo absoluto por la sopa y un deseo enorme de atacar
la heladera.

Ya las principales entidades científicas mundiales se han pronunciado acerca del mito de las «no flour diets» (dietas sin harina), señalando que debe existir un mínimo de 45 a 50 por ciento de hidratos de carbono en la alimentación diaria. Según las recomendaciones de la OMS, se debe consumir unos 250 gramos por día de pan y cereales.

Los hidratos también están, en menores cantidades, en legumbres y algunas frutas y verduras. Este grupo debe ser la mitad de nuestra comida diaria. Lass harinas blancas produce energía casi instantánea, por lo que se quema más rápidamente. Para una opción más saludable, conviene optar por harina integral de trigo que se digiere más lentamente y satisface más.

También, algunos gurús proponen alcanzar la llamada «acidosis» (cuando se eliminan los hidratos y se extrae la energía de la grasa corporal). «La acidosis es un estado parecido al de un paciente diabético descompensado», afirma Katz. «Se genera una sustancia tóxica y neurotóxica para las arterias llamada metiglioxal. Además, el cerebro y los glóbulos rojos dependen de los hidratos para funcionar.»

Por eso, para los expertos, los objetivos deben ir más allá de los números de la balanza. El bajar de peso es sólo una etapa del tratamiento, porque a su vez hay que incluir acciones preventivas para no volver a aumentar.

Un programa saludable para el tratamiento del sobrepeso y la obesidad requiere, según el informe de la SAN, «conductas saludables relacionadas con un plan de alimentación personalizado, balanceado, placentero, seguro, sostenible en el largo plazo y con actividad física habitual.
Prevenir la ganancia de peso, mejorar la salud física y/o mejorar las enfermedades relacionadas (diabetes, cardiovasculares y cáncer), y mejorar la salud  emocional y psicológica de las personas».

Una persona, un plan
Entre el mar de personas con sobrepeso, las dietas mágicas son como grandes redes que intentan atrapar a la mayor cantidad de crédulos posible. Sin embargo, los nutricionistas pescan con caña. Basándose en algunos principios básicos -como no reducir las calorías a menos de 1.200 por día- insisten en la necesidad de impulsar dietas individualizadas, acordes con la situación física, psicológica y social de cada persona. La idea, encontrar un patrón de comidas que prevenga el aumento de ingesta en una sociedad donde existen ofertas de comidas apetecibles, altas en calorías y con porciones grandes.

Un tema imprescindible para la SAN es el del tamaño de las porciones de los alimentos, puesto que tanto los envases como los utensilios fueron incrementando su volumen, trayendo como consecuencia el aumento de la ingesta calórica. De ahí la importancia de poder chequear la información acerca de cantidad de calorías, el tamaño de las porciones, e incentivar el reemplazo por versiones más light, y el incremento del consumo de vegetales y frutas.

Otro factor crucial es el ejercicio físico. Para perder peso se requiere lograr un balance negativo de calorías: que ingrese menos de lo que se gasta.
Por ello, para bajar kilos saludablemente debemos comer menos que lo que comíamos y hacer actividad física cotidianamente.

De acuerdo con Katz, «la presión social por la delgadez es enorme. La obesofobia está llegando a niveles inusitados: y en los medios de comunicación
sólo se muestra gente flaca. Ni siquiera quedan gordos capocómicos, payasos o cantantes. Esa tiranía de la imagen es un factor crucial al momento de soportar
cualquier propuesta que otorgue la ilusión de alcanzar el objetivo rápidamente. En una sociedad líquida y fijada en un eterno presente, las personas quieren resultados. Las consecuencias, la seriedad, la fundamentación científica, la duración de los resultados y el profesional que lo propone, se convierten así en elementos insignificantes».

 

Fuente Redacción Z
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