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TEMAS DE LA SEMANA

La única verdad es la realidad

Un análisis de Roberto Bacman, Director Ejecutivo de CEOP, de las PASO.

Por Roberto Bacman
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No existía duda alguna, en ningún sector social o político de la Argentina que Cristina Fernández se iba a imponer las Primarias del domingo pasado. La sorpresa fue el resultado y la abultada diferencia: ni el más arriesgado de los dirigentes del oficialismo hubiera afirmado, y sin temor a equivocarse, que la Presidenta iba a lograr aunar el 50% de las voluntades de los argentinos con una distancia de alrededor de treinta y ocho puntos porcentuales con respecto a los segundos.

Ganó en todas las provincias (con excepción de San Luis, un feudo hasta el momento inexpugnable de los Rodríguez Saá), en las grandes ciudades (excluyendo a Rosario) y su voto atravesó la totalidad de los segmentos etáreos y socioeconómicos, aunque los jóvenes, las mujeres y los pertenecientes al nivel socioeconómico bajo fueron los universos objetivos que en mayor medida superaron la media de sus votantes.

Es más: llegó a obtener en los centros urbanos más poblados de nuestro país una cantidad de votos superior a los que logró cuando se consagró presidenta en 2007, incluso imponiéndose en la esquiva Capital Federal, un distrito que parecía imposible de superar para los Kirchner desde 2003.

Sin embargo, Cristina debió atravesar un largo y sinuoso camino para llegar a este momento. Fueron dos años muy difíciles: no había cumplido sus primeros cien días de gestión, cuando estalló el conflicto con el campo por la controvertida circular 125, el voto «no positivo» de Julio Cobos (que la dejó sin vicepresidente), el duro mensaje de las urnas en las elecciones de medio término de 2009, la percepción de probables crisis económicas y riesgo inflacionario y hasta la falta de credibilidad en las estadísticas oficiales.

Entre 2009 y 2010, el gobierno nacional retomó el centro de la escena y generó una serie de hechos políticos que lograron un alto impacto y decantaron en el aumento de la imagen de la presidenta y del gobierno nacional: la reestatización del sistema jubilatorio, la asignación universal por hijo, la actualización permanente de los haberes jubilatorios, el plan Conectar Igualdad, la ruptura con Redrado por el pago de deuda con reservas del Banco Central, los festejos del bicentenario, la sanción del matrimonio igualitario.

La sorpresiva muerte de Néstor Kirchner en el mes de octubre del año pasado generó un salto cualitativo, tanto en la imagen de la Presidenta, como en el índice de aprobación de su gestión. Fue como si el árbol se corriera y dejara ver al bosque: la gente comenzó a reconocer y ponderar un modelo de gobierno.
Se comenzó a percibir que la Argentina atravesaba un período de crecimiento económico, marcada contención social y un gobierno que le demostraba a la opinión pública que tuvo la capacidad suficiente para evitar los efectos indeseados de una crisis que económica que azotaba a los países más desarrollados del planeta.

En el actual contexto, vale la pena entonces bucear en los motivos que justifican el resultado obtenido en las primarias por el Frente para la Victoria.

Es necesario partir de un concepto básico: para ganar una elección a cargos ejecutivos (presidente, en este caso) es fundamental instalar como consigna de referencia dominante que se posee un proyecto de gobernabilidad concreto y contundente.
Cuando los tiempos económicos navegan por aguas tranquilas, los oficialismos poseen ventaja comparativa. En tal sentido, Cristina Fernández y el Frente para la Victoria lograron posicionar que hoy por hoy en nuestro país la gente percibe un solo proyecto concreto y contundente que asegura la gobernabilidad para los próximos cuatro años: el que encarna la actual gestión.

¿Y la oposición? Que nadie haya superado el 13% de los votos es un dato más que significativo: un indicador elocuente que no lograron convencer a los electores que poseían un proyecto alternativo de gobernabilidad. Sólo intereses electoralistas; apenas la búsqueda de una ingeniería electoral que brinde mejores réditos en materia de votos, pero eso no alcanza. Si se observan con detenimiento los valores obtenidos por la mayor parte de los partidos políticos de la oposición, todo es pérdida y falta de posicionamiento, incluso, en algunos casos, hasta dilapidando un capital político trabajosamente construido.

Una sola excepción: el Frente Amplio Progresista de Hermes Binner. En muy poco tiempo logró crecer y alcanzar un 10% impensado un par de meses atrás. Tuvieron la capacidad de expresar un proyecto, un concepto y una idea más allá de alianzas y conveniencias.

La gente priorizó la actual situación económica y social que vive nuestro país. Por estos días se vive una percepción generalizada y un clima de época que decanta en el convencimiento de que se está pasando por un buen momento económico, que nuestro país es capaz de resistir los embates del recrudecimiento de la crisis económica de los países centrales y que la actual gestión está preocupada por la recuperación del rol social del Estado, de modo tal de atender las necesidades de los sectores más vulnerables de la sociedad.

Los últimos meses fueron difíciles. Aunque el arco opositor no lograba hacer pie en las encuestas, algunos medios de comunicación trataron de instalar que existía un clima de época diferente al que la gente apreciaba. Muchas operaciones, demasiadas tapas, notas, artículos, columnas de opinión, programas televisivos y radiales que, en definitiva, muy poco pudieron hacer.

Por los resultados del domingo pasado, por la contundencia del triunfo de Cristina, parece que tuvieron poca influencia. De algo podemos estar seguros: no es para nada sencillo torcer la voluntad popular. Tal como solía afirmar el General, no se debe perder de vista que la única verdad es la realidad.

DZ/sc

Fuente Especial para Diario Z
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