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TEMAS DE LA SEMANA

La tigresa con puños de acero y rosas

Marcela Acuña tiene un apodo que remite a astucia, valentía y fiereza.

Por Leandro Balasini
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A los 19 años empezó a escribir una nueva historia en su vida. Al ver pelear por televisión a la estadounidense Christy Martin, exponente del boxeo femenino en los noventas, Marcela «la Tigresa» Acuña se dio cuenta de que su futuro dependería del poderío de sus puños. Sus anhelos tenían argumentos sólidos. Desde los siete años practicó full contact. A los 12 fue cinturón negro y dos años después, campeona sudamericana. «Siempre tuve en claro lo que quería. Con mucha perseverancia y esperanza es posible lograrlo», asegura. Junto con Ramón, su esposo y compañero, y sus dos hijos, llegó a Buenos Aires para ganarse un lugar en el mundo del boxeo. No le fue nada fácil. «Al principio fue muy duro. Para los hombres era chocante ver a una mujer peleando. No conseguía un sparring para guantear. Pero con el tiempo se fueron acostumbrando. Nos les quedó otra alternativa», recuerda, con una sonrisa, la campeona mundial supergallo.

¿Se considera la pionera del boxeo femenino en el país?
Lamentablemente sí. Lo digo lamentándome porque si hubiese habido alguien antes que yo, todo me hubiera resultado más fácil. De todas maneras, creo que hicimos un buen trabajo. Por un lado, logramos que se aprobara el reglamento y, por el otro, cambiamos la imagen. Demostramos que se podía ser boxeadora sin dejar de ser mujer, madre y esposa.

Habla como ex boxeadora. Aunque le propusieron realizar una última pelea en diciembre en el mítico Luna Park, para la Tigresa el triunfo por nocaut técnico en el décimo asalto ante la brasileña Roiselette Dos Santos, el pasado 20 de agosto en su Formosa natal, significó el final de una brillante carrera. Lejos de los récords de victorias conseguidas, ahora es el momento de dedicarse a su otra pasión: la política. «Me gustaría cumplir bien mi rol; aprender y crecer. Soy una mujer que no me conformo con lo ya logrado. Nadie me regaló nada en la vida y este espacio quiero ganármelo con trabajo», explica quien, desde el año pasado, es concejal del partido de Tres de Febrero por el Frente para la Victoria. Su pequeño despacho está decorado con fotografías en las que se la ve abrazada con la presidenta Cristina Fernández, con el ex presidente, Néstor Kirchner y con el primer mandatario de Venezuela, Hugo Chávez; dos retratos, uno de Juan Domingo Perón y otro de Evita, completan el ambiente.

¿Imaginó alguna vez que iba a participar en política?
Tengo una historia familiar que me respalda. Soy peronista desde la cuna. Mi abuelo fue el primer presidente del PJ de Formosa y mis padres fueron militantes. La parte política en mi vida empezó desde muy joven, sólo que tuve que relegarla por el boxeo. De hecho, siento que todo lo que hice en mi carrera fue para que otras chicas pudieran practicarlo. Hay algunos que dicen que me pusieron a dedo.

¿Y usted qué les responde?
Hace más de cuatro años venimos trabajando socialmente. Organizamos talleres en escuelas y municipios sobre prevención de adicciones, delincuencia juvenil… enseñamos boxeo recreativo en unidades carcelarias para que aprendan lo importante que es el trabajo en equipo.

¿Qué vínculo encuentra entre el deporte y la política?
El deporte es un instrumento fundamental para ganarle la batalla a las drogas. El Estado debe incentivar a los chicos porque es un entretenimiento que te hace tener objetivos y seguir adelante. Hoy, muchos jóvenes no tienen sueños. Se los han arrebatado.

Hace mucho hincapié en el trabajo con los adolescentes.
Porque son el futuro del país. Me gusta escucharlos, saber cómo piensan, qué imagen tienen de nosotros. Hemos formado una agrupación (Jóvenes Militantes), con la que impulsamos mesas de debates, charlas y seminarios.

¿Se siente identificada con la presidenta?
Mucho. Ella, para llegar al máximo lugar que aspira un político, tuvo que sufrir demasiado. Lo mismo me ocurrió a mí con el boxeo. Para ser campeona tuve que superar miles de obstáculos. Lo importante es no claudicar y seguir trabajando para alcanzar los objetivos.

Fuente Redacción Z
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