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TEMAS DE LA SEMANA

La salud porteña empieza por el barrio

La mayor parte de los Centros de Salud y Atención Comunitaria enfrentan carencias de insumos.

Por helena-segat
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Pensados como una pri­mera línea de atención para evitar consultas in­necesarias en los hospita­les, los Centros de Salud y Atención Comunitaria (Cesac), distribuidos por toda la Ciudad, se esfuerzan por brindar un servicio de atención eficiente y de calidad. Pero una red de falencias que van desde las ca­rencias edilicias y de suministros médicos, hasta los reclamos de se­guridad por parte de empleados y vecinos, se interpone para lograr ese cometido.

Durante 2010, del presupuesto de 3.970 millones de pesos desti­nados al Ministerio de Salud porte­ño, alrededor de 198 millones se in­virtieron en infraestructura para los Cesac, que en su mayoría funcio­nan en propiedades viejas del go­bierno de la ciudad. En la actuali­dad, funcionan 42, que ofrecen servicios de enfermería, pediatría, vacunación, planificación familiar, psicología y odontología -entre otros-, y también talleres recreati­vos para jóvenes y adultos. Su va­lor social allí donde muchas veces la atención hospitalaria demandaría tiempos y distancias inaccesibles es evidente. Pero distintos profesiona­les de la salud y legisladores advier­ten que, a la hora de evaluar resul­tados, la lógica PRO de considerar la salud pública un «gasto» antes que una «inversión» repercute en la gestión de los Cesac.

«El macrismo sigue sin solucio­nar la falta de personal y la esca­sez de insumos. Centros que fue­ron pensados como lugares de atención destinados a los vecinos del barrio, hoy sólo subsisten gra­cias al coraje y la labor épica de los trabajadores de la salud y las co­munidades que resisten la desidia del PRO», dice el legislador Francis­co «Tito» Nenna (Encuentro Popu­lar para la Victoria), habituado a re­correr los centros donde se suman más reclamos.

Caso por caso

Ubicado en el Barrio Piedrabue­na, el Cesac 7 funciona como cen­tro de referencia para las 2.100 fa­milias del complejo habitacional de ese barrio y también para los habi­tantes de Ciudad Oculta, Matade­ros y Lugano. Ante la insuficiencia del espacio, en 2006 se dispuso la ampliación de un nuevo Cesac so­bre el número 4061 de la calle Montiel. Las demoras en la reubi­cación de este Cesac, sin embar­go, preocupan a los vecinos hasta el día de hoy, mientras permane­cen sin respuesta y la demanda de atención médica crece. Durante di­ciembre estuvo más de veinte días cerrado. La decisión la tomó la di­rección del establecimiento luego de que un grupo de personas agre­diera al personal y destrozara el lu­gar. Fue necesario que vecinos y las legisladoras María América Gonzá­lez y Laura García Tuñón, de Pro­yecto Sur, presentaran una acción de amparo ante la Justicia para que el gobierno porteño interviniera en el tema y garantizara el funciona­miento del centro.

El Cesac 20 (que trabaja con pacientes de la Villa 1.11.14 en Flo­res) carece de servicio de fonoau­diología desde el año pasado. Por su parte, el Cesac 8, que se ubica en el área de las villas 21 y 24 en el barrio de Barracas, sufre de falen­cias edilicias y falta de insumos, en especial de materiales odontológi­cos. Además, según los trabajado­res del centro, las tareas vinculadas a la farmacia del lugar recaen sobre uno de los médicos, dificultando su trabajo en el consultorio.

Los centros de la zona norte, por su parte, también enfrentan di­ficultades. Los profesionales del Ce­sac 33 de Palermo, acompañados por vecinos, hicieron en diciembre varios abrazos al edificio para pro­testar por la falta de reactivos para algunos análisis y medicamentos para enfermedades crónicas, y aún no recibieron una respuesta de la gestión macrista.

La cuestión de los fármacos es una de las que más se repite en el catálogo de falencias. el Cesac 30, por ejemplo, hay denuncias in­formales sobre el modo en que és­tos son controlados por el personal administrativo del lugar, tarea para la cual no está autorizado. Por otro lado, parte de los empleados des­tinados a tareas sanitarias estarían realizando, en cambio, tareas admi­nistrativas.

Casos como el del Cesac 37 en Mataderos ponen de manifies­to lo peor de la desidia sanitaria. Alas denuncias de los vecinos releva­das en los últimos meses desde la Legislatura porteña por falta de ca­bles de teléfono, mobiliario, venti­lación natural y control sobre ma­tafuegos, tableros eléctricos y aun sobre los espacios verdes circun­dantes, se añade además la falta de designación de personal médi­co. Sobre esto último el gobierno de Macri comenzó a dar respuestas positivas. «En 2009 hubo nombra­mientos, todos ellos debidamente rentados», cuenta la médica Betina De Filipo, que hasta hace unos me­ses se desempeñaba en el Cesac 9 en el barrio de la Boca, bajo el área programática del hospital Cosme Argerich.

A las desprolijidades operati­vas, se les añade otro reclamo re­petido: el deterioro de veredas y rampas por donde transitan los pa­cientes. «El mayor problema de los Cesac es que no están integrados al resto del sistema de salud y éste en sí tampoco funciona como de­bería», explica el médico sanitaris­ta Claudio Capuano. «La política sanitaria del macrismo parece in­sistir en un esquema neoliberal en el que no hay un adecuado siste­ma de prevención. Entre un presu­puesto hospitalario subejecutado, el atraso quirúrgico y la falta de nombramientos de personal, esa lógica hace que el sistema hospi­talario sólo termine haciendo foco en el sector más pobre de la pobla­ción», dice el especialista.

También el Cesac 16 cobró re­levancia pública cuando en 2008 la Defensoría del Pueblo porteña re­comendó al gobierno de Macri su cierre inmediato tras comprobar el grave estado de las filtraciones, ro­turas, suciedad y demás problemas vinculados al espacio de atención de pacientes. La situación de emer­gencia comprobada fue tal -ni si­quiera las historias clínicas estaban a resguardo- que llegó a evaluarse el traslado del Cesac 16 a un edifi­cio donde hasta 2007 había funcio­nado un hospital veterinario.

Una lucha por sobrevivir

El Cesac 38, ubicado en Medra­no 350, Almagro, defiende con re­clamos y cortes de calles el uso sani­tario de los tres pisos superiores del edificio donde funciona. Inaugura­do en 2006 con apenas un consul­torio en su planta baja, el Cesac hoy ya tiene ocho. Un valor que a los ojos del gobierno porteño no es demasiado. «La gestión de Macri quiso cerrarlo para hacer un Centro de Gestión y Participación primero y luego para instalar oficinas de la Po­licía Metropolitana», dice Leonardo Chazanowski, colaborador del Ce­sac 38. «Hasta diciembre de 2010 había dependencias del Ministerio de Salud, pero luego fueron mu­dadas al Ministerio. Después qui­sieron instalar oficinas administrati­vas y una fiscalía. Ahora en los tres pisos superiores no hay nada, pero cuando se fueron se llevaron hasta los inodoros», cuenta.

La batalla del Cesac 38, donde según Chazanowski el 45% de la asistencia directa es pediátrica, tie­ne como objetivo que en esos tres pisos hoy vacíos al menos funcio­nen sectores vinculados con la sa­lud. A tal fin, ya hay de por medio un amparo cautelar. «La ley 1.220 de 2003 establece que los pisos del edificio sólo se utilicen para salud. Mientras sigan siendo tierra de na­die, la falta de mantenimiento y la suciedad afecta el funcionamien­to del Cesac», explica. «El modo en que el Cesac 38 es tratado por el Gobierno parece indicar que la in­tención es cerrarlo. Tratándose de un predio de 4.500 metros cuadra­dos en una zona tan rentable, es obvio que no les sirve que eso esté al servicio de los pobres», cuenta el empleado.

Desde este Centro también de­nuncian la falta de vigilancia los fi­nes de semana, mientras que otros lugares cerrados, como el Cesac 23, tiene seguridad las 24 horas. «Por un problema de expropiación con los titulares de la fábrica IMPA, en Boedo, el Cesac 23 está cerrado desde el año pasado. El propio Ho­racio Rodríguez Larreta inauguró ahí una rampa eléctrica que nunca iba a usarse», cuenta el colaborador del Cesac de Almagro.

Respuesta oficial

Si bien el presupuesto solicita­do por el ministro de Salud porte­ño Jorge Lemus para 2011 es de $ 4.982.397.237 -alrededor de mil millones más que el presupues­to 2009 -, algunos Cesac parecen el ejemplo concreto de que bue­na parte del sistema sanitario de la Ciudad subsiste más por la férrea voluntad y convicción de sus acto­res que por las asignaciones presu­puestarias de la gestión del PRO.

Mientras en la Legislatura, hace menos de un mes, el subsecreta­rio de Planificación Sanitaria, Ga­briel Novick, explicó que «el 50% de los Cesac están en la zona sur de la ciudad, donde la mortalidad infantil es mayor». Centros de Sa­lud y Atención Comunitaria como el 16 (en Barracas) o el 38 (en Alma­gro), luchan cada día por sus pro­pios medios para sostener su servi­cio. «Al depender de los hospitales, los Cesac reciben recursos por de­rrame», sintetiza el problema de la carencia general de la atención primaria porteña el legislador Jor­ge Selser, que, además de ser mé­dico, preside la Comisión de Salud de la Ciudad. «La atención prima­ria no tiene la importancia debida ni recibe de manera directa lo que requiere. Los Cesac deberían tener un presupuesto propio, pero no es interés de la gestión macrista que esto ocurra. Si en casi cuatro años de gobierno los 14 hospitales por­teños están judicializados y todavía no pasó nada, ¿por qué debería­mos pensar que va a pasar ahora?», se pregunta.

La nota positiva se da en el Ce­sac 9, donde se puso en funcio­namiento el sistema de aire acon­dicionado y un muy buen servicio de obstetricia en el que incluso se hacen ecografías. En sintonía con otros Cesac como el 41 (también en la Boca) y el 15 (San Telmo), entre otros, el buen funcionamiento del Cesac 9 demuestra las virtudes de la atención primaria cuando ésta se administra en tiempo y forma.

Como ya es un clásico argenti­no, mientras aguardan que los res­tantes centros adecuen su funcio­namiento a sus necesidades, miles de pacientes valoran los esfuerzos de aquellos hombres y mujeres que los atienden en sus barrios.

DZ/km

 

Fuente Redacción Z
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