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La primera casa racionalista

La construyó el arquitecto Bustillo por encargo de Victoria Ocampo.

Por Valentina Herraz Viglieca
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En el corazón de Barrio Parque hay un edificio moderno, liso y ente­ramente blanco, que rompe con el diseño de la zona y se impo­ne. Tal vez fue pensado como un desafío de estilo racionalista a una zona de diseño y arquitectura franceses. Fue construida por el arqui­tecto Alejandro Bustillo en 1928, por encargo. Bustillo, uno de los más importantes arquitec­tos, escultores y dise­ñadores argentinos, construyó también el Casino de Mar del Pla­ta y la sede del Banco de la Nación. Algunos di­cen que se negó a firmar la casa de Rufino de Elizalde al 2800 porque le disgustó su trabajo: la primera casa racio­nalista porteña, propiedad de la aristócra­ta y, se diría hoy, gestora cultural, Victoria Ocampo (1890-1979). La casa se asemeja a un cubo. Es de líneas limpias y de un infinito color blanco, con espectaculares ventana­les que iluminan el interior en cada rincón, nada comunes en la década del 30.

El edificio de tres plantas no sólo fue rechazado por su arquitecto: indignó a los veci­nos de Barrio Parque que tan cuidadosamente habían man­tenido -y mantienen- el estilo de la zona. El diseño se atribu­yó a Le Corbusier por las líneas racionalistas que eligió Ocam­po y dibujó Bustillo. Pero el ur­banista suizo no conoció la casa hasta 1929, cuando la describió como «una casa que hace escándalo».

En ella funcionó la re­dacción de la revista literaria Sur, que agrupó a Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, Eduardo Mallea, Ramón Gó­mez de la Serna, Pedro Hen­ríquez Ureña, Norah Borges, Oliverio Girondo y María Rosa Oliver, entre otros. Y la visitaron extranjeros de la ta­lla de Federico García Lorca, André Malraux, Bernard Shaw, Rabindranath Tagore y Virgi­nia Wolf, y compositores como Ígor Stravin­ski y Maurice Ravel.

«Adoré esa casa como a ninguna. Me gustaban los espacios y quería colmarla de objetos bellos, pero escasos. Nada super­fluo o sin sentido. La arquitectura moderna me fascinaba. Tenía hambre de pa­redes blancas y vacías. Era una nueva manera de vivir», dijo alguna vez Ocampo que la vendió en los 40. Josefina Díaz Vélez de Madariaga afrancesó los interiores con molduras, herrajes y marqueterías Luis XV. En 1986 la compraron el publicista «Nono» Pu­gliese y la modelo Clau­dia Sánchez que hicieron otros cambios. Mauricio Ma­cri la alquiló cuando fue por pri­mera vez candidato a jefe de Gobierno de la Ciudad.

En 2001 la casa fue comprada en tres millones de dólares por el Fondo Nacional de las Artes (FNA) y se convirtió en un es­pacio para la difusión de la cultura. Luis Be­nedit y Alejandro Corres le devolvieron la fachada original. Tampoco se tocaron los hogares de leña art déco ni los artefactos de iluminación. La sala de estar del primer piso fue adaptada como auditorio con ca­pacidad para 110 personas. La planta baja, antes habitaciones de servicio y cochera, hoy es una sala de exposición. En el tercer piso se encuentra la biblioteca, que perte­neció al crítico teatral Raúl Castagnino. Los baños conservan los pisos dameros y mesa­das de mármol, y los del tercer piso tienen las bañaderas originales.

La Casa de la Cultura abre al público de martes a domingos de 15 a 20. La escale­ra que lleva al primer piso fue escenario de dos fotos: la original y la farsesca. En la pri­mera (1931) se ve a Victoria Ocampo, Bor­ges, Girondo y otros escritores de Sur. la segunda, 72 años más tarde (2003), Amalia de Fortabat reprodujo la escena con otras autoridades del FNA.

 

Fuente Redacción Z
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