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TEMAS DE LA SEMANA

La pasión según Néstor, especial DIARIO Z

Un apasionado que volvió a instalar el debate político en el centro de la escena.

Por patricia-carini-jefa-de-redaccion
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Nunca la muerte es oportuna. El hombre que murió este miércoles vivió ignorándola: a las pocas de horas de ser sometido a una operación de corazón apareció en un acto político cumpliendo el rol que había tomado en estos tiempos. Ser el bordador de la Presidenta, Cristina Fernández, su mujer, con quien construyó un sólido matrimonio en el amor y en la política. Murió Néstor Kirchner, lo escribo y me cuesta creerlo.

Tenía 60 años, era un típico NYC, nacido y criado, de Río Gallegos, provincia de Santa Cruz. Allí construyó su pequeño poder territorial como intendente y luego como gobernador. Desde ese sur comenzó a subir los peldaños nacionales, lo empujó sí, Eduardo Duhalde, y llegó a la presidencia luego de la crisis de 2001, en 2003. Asumió un 25 de mayo luego de haber conseguido sólo el 21,82% de los votos. Lo llamaron «Chirolita» de Duhalde.

La mayoría de los medios y los analistas afirmaban que sería un títere del cacique bonaerense. «No me conocen», repitió a sus íntimos y ese comentario recorrió otros despachos. Al poco tiempo se supo de qué estaba hablando este político desgarbado, desprolijo, apasionado, implacable, peleador, afectuoso, atípico en las ceremonias formales. Kirchner impulsó una ley para modificar la composición de la Corte Suprema de Justicia que arrastraba una pésima fama, elevó la política de derechos humanos a cuestión de Estado, puso presos a militares impunes y decidió que tenía que tener las manos libres para poner en marcha la economía, pagó a los organismos internacionales de crédito y se desmarcó de ordenes foráneas. Fortaleció vínculos especiales con Brasil, con Venezuela y dio aire al Mercosur. La impronta sudamericana, sin embargo, jamás lo sacó de la mirada de una Argentina integrada al mundo, al capitalismo. Del que era impulsor y tributario.

¿Que su estilo avasallador le generó problemas? Sí, claro. Había cuestiones que no estaban en la agenda cotidiana y que muchos preferían omitir. Palabras y frases como soberanía, industria nacional, patria latinoamericana, paritarias, aumento a jubilados, derecha, izquierda, monopolios, distribución de la riqueza, derechos sindicales, rentabilidad, volvieron al debate porque regresó el espacio del debate político. Cuando asumió Néstor Carlos Kirchner el índice de pobreza era del 47% y cuando dejó el cargo del 23%. Otro número para apuntar es el de la indigencia, en 2003 era de 27% y en 2007, bajó a 8,7%. Desde los primeros gestos transmitidos por la televisión cuando asumió la presidencia de la Nación supimos que no era un dirigente tradicional, por esas horas sus torpes juegos con el bastón de mando daban ternura, su decisión de abandonar la custodia y lanzarse a los brazos de la gente fue señalado con admiración, esos mocasines gastados y el saco desprendido eran motivo de comentarios en las páginas de moda de las revistas del corazón y de algunos diarios. Lo interesante vino después. Cuando todos esos detalles que hacen a una persona se integran a un gobernante, lo interesante llegó cuando todos vinieron a enterarse de que el flaco, el «Pingüino» llegado de la inhóspita Santa Cruz construía poder a pasos agigantados. Y que ese hombre elegido por sólo el 21,82% de los votos, trepaba a índices de aceptación de 60%.

Cristina Fernández se casó con Néstor Kirchner el 9 de mayo de 1975. Tienen dos hijos, Máximo y Florencia. Dicen que algunas de las peleas que protagonizaron son memorables. Nadie lo duda. Él nunca pareció un marido que le diera fácilmente la razón y ella tampoco parece la doña que dice «sí querido». En estas horas, la muerte del ex presidente, deja a la Presidenta, sola no solamente de su compañero en la vida sino de su compañero en la militancia. Esa sociedad integral puso a la Argentina en órbita. Con sus más y sus menos. El crecimiento económico era un desvelo de Kirchner, así apuró, controló, abrazó, expulsó, cuidó y cobijó a varios ministros de Economía, Roberto Lavagna fue el primero, lo heredó de Duhalde, no bien quiso hacer carrera sólo lo puso contra la pared y tuvo que renunciar. Felisa Miceli fue la segunda, dimitió luego de un episodio confuso. Miguel Peirano terminó su ciclo junto al período de Kirchner.
Pero lo cierto es que todos fueron monitoreados por él, nunca le gustó dejar en manos ajenas los asuntos económicos. En los fuertes cruces que mantuvo con las empresas que manejaban servicios públicos se recuerda uno: «Minga les vamos a aumentar las tarifas», les dijo. Su estilo frontal y haberse atrevido a tocar intereses profundos le granjearon muchas antipatías y enemigos de fuste, el poco discreto rol que se adjudicó siendo «primer caballero», trajinó la mayoría de las intendencias de la provincia de Buenos Aires, hizo giras por el interior buscando reunir al peronismo lo transformó en una polea visible del Gobierno de Cristina.

Néstor Kirchner se fue de la presidencia gozando de una alta consideración popular, eligió a Cristina como su sucesora «éste es tu tiempo» afirmó en 2007, y en 2008, soltó: «Soy un soldado de Cristina».

Por estas horas se despide a un luchador, a un militante, quizá lo más notable por estas horas son los jóvenes que se acercan a despedirlo, y los otros miles de jóvenes que volvieron a la política impulsados por el peronismo o para hacerle frente al peronismo. No importa la trinchera dentro del marco democrático, importa la pasión por militar, por transformar.

A la hora de la muerte, y sobre todo cuando la televisión la muestra en continuado, como una película, habrá que respetarla, a la muerte, como respetar a un dirigente que estuvo convencido de que era posible imaginar y realizar un país mejor.

 

Fuente Redacción Z
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