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TEMAS DE LA SEMANA

«La mujer cama»: delicias de la vida familiar

Una obra sobre los mandatos y la violencia, retorcidos bajo las sábanas.

Por Paula Sabates
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La Mujer Cama

Una cama, un velador, un televisor de tubo, un ventilador, y una mujer, la madre, que dice Shhhhh, que reza, que recita fragmentos de memoria de Lola Flores. Y una hija que recuerda esas escenas. Y un hijo que es mudo, pero toca el violín. Y un padre que escucha el Himno Nacional todas las mañanas antes de salir de su casa. Las sábanas de la cama de dos plazas en las que la madre se amotina y de la que decide no volver a levantarse tienen varias capas, tienen mucho que no vemos, como en cualquier lecho matrimonial, como en cualquier familia. Con esos hilos se teje La mujer cama, de Diego Casado Rubio.

Un texto vertiginoso y crudo con diálogos como lanzas. ¿Qué pasa en esa familia argentina? ¿Qué tensiones se retuercen en esas sábanas matrimoniales? ¿Por qué esa mujer no quiere salir del lecho? Son preguntas que empiezan a abrirse en los primeros minutos de la obra, que toma el punto de vista de la chica que recuerda esa historia, esa madre rota, ese padre tosco que sólo quiere una mujer que le sirva.

Las actuaciones van a la par de la intensidad: los cuerpos son protagonistas y encarnan los gritos, las emociones, los pegajosos silencios. Leticia Torres es la hija que revive esos años. Su actuación logra exquisitos claroscuros. María Rosa Frega es la madre. José Márquez el padre, el hombre de la casa que exige una esposa que cumpla con “sus deberes”. Encarna la amenaza y lo logra con un registro justo. Manuel Katz es el hermano del violín, el testigo que, impedido de hablar, sólo hace música. Lorena Viterbo es el espejo de Torres, la niña que fue, cuando recordar se vuelve demasiado violento.

Con pulso cinematográfico, elegancia y un uso inteligente del espacio, la obra tiene varias capas. Casado Rubio ya viene de explorar las posibilidades del video y el lenguaje audiovisual con Es inevitable y Se alquila, con una condición. Aquí vuelve a hacerlo, pero con el contraste y la potencia del pasado: con un televisor de tubo que de a ratos dispara fragmentos de las películas en blanco y negro de Lola Flores. En sus obras, se trabaja con el secreto doméstico, ese que funciona a veces como un parásito, y hay que enfrentar si se quiere la liberación. Aquí, en La mujer cama, los temas son: la relación madre-hija, el lugar de la mujer, la violencia de género, el precio para satisfacer el mandato social. Las apariencias, las apariencias, las apariencias.

Al finalizar la obra, en el aire flota una tensión extraña, como si invitara a pensar en la propia herencia.

La mujer cama. El Estepario Teatro. Medrano 484. Viernes a las 21.

 

DZ/nr

 

Fuente Redacción Z
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