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TEMAS DE LA SEMANA

La lucha entre la exigencia y el conformismo

El análisis del Mundial Brasil 2014 por Alejandro Fabbri.

 

Por Alejandro Fabbri
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Es bien sabido que los argentinos somos muy apasionados con el fútbol. Está claro que no hay espacio para un comentario menor sobre el rendimiento de un equipo que nos gusta o que detestamos. Y si se trata del seleccionado, mucho más. Somos todólogos y lo manifestamos a cada rato. Da lo mismo pontificar, decir alguna pavada, tener sentido en nuestras afirmaciones o apenas compartir opiniones extremas.

Eso sí: creemos que la vara tiene que estar bien alta. No ha sido lo mismo en otros casos. No somos tan exigentes con situaciones de la vida diaria, con cómo nos tratan en una oficina pública o en una empresa privada, en viajar en subtes atestados y sucios o comer en un bar donde la comida no huele bien y encima está recalentada.

En el fútbol, vamos a lo máximo. Creemos que por algún designio divino tenemos que ganar la Copa del Mundo y punto.

¿Segundos? ¿Jugar por el tercer puesto? Nooo, papá, si somos Messi dependientes pero es el mejor de todos. Nooo papá, si somos los más grandes, alentamos y llenamos las canchas, gritamos hasta el cansancio y coreamos el himno. Nosotros también somos tan importantes como los jugadores.

Esa fanfarronería, esa emoción rayana en la locura que nos envuelve con el himno o cuando el crack rosarino barcelonés la clava en un ángulo, son nuestras cartas de presentación. Nos miran con curiosidad, algunos se divierten, otros sencillamente nos detestan. Somos así y no parece haber manera de cambiarnos el chip. En cambio, le pedimos todo a este equipo. Le damos aliento y nos tienen que devolver goles y triunfos. Nunca menos.

La Argentina ya se ha clasificado para los octavos de final, tal como estaba previsto. Costó más de la cuenta superar a Bosnia y se sufrió hasta el último minuto para vencer la terca resistencia iraní. No se jugó bien, se esperaba mucho y el equipo entregó fútbol en cuentagotas, sin un rendimiento sólido en ningún momento. Messi apareció dos veces y las mandó a guardar. No dejó de sorprendernos que el arquero Sergio Romero y el lateral izquierdo Marcos Rojo, dos de los jugadores más cuestionados en la previa, hayan sido los mejores en la suma de partidos.

Hoy se especula con el posible rival, pasado el obstáculo nigeriano. Que Suiza, que Ecuador, que Francia, que Honduras. Se supone que quedará entre suizos o ecuatorianos y casi es unánime la preferencia por Suiza, un cuadro débil defensivamente y sin mística. La tendrán en los Alpes, en atesorar el dinero de los malos del mundo, pero no en una cancha.

Después empezará otra competencia. No solamente porque la calidad de los rivales sube, sino porque serán partidos eliminatorias. Y la historia tendrá otro tipo de definiciones. Será una pelea dura en un rival sin favoritos. Brasil ha mostrado muy poco, lo mismo que Argentina y no es “El Candidato” salvo por su localía y alguna ayuda arbitral. Francia luce bien lo mismo que Alemania, pero deberán salvar rivales más duros. Holanda viene dulce, tanto como Chile y Costa Rica es la real sorpresa del torneo.

Todavía son pocos los puestos definidos y un resultado puede cambiar toda una llave de posibles rivales. El final de esta semana traerá definiciones y nos ubicará con el cuadro a la vista. Con rivales accesibles pero con exigencias difíciles de cumplir para nuestro equipo. Se lo critica a Sabella si cambia el planteo, se lo critica si no lo hace. Es débil si admite sus errores, es terco si no lo dice. Para Messi hay palos cuando declara que está cómodo con dos compañeros de ataque y se escribe en los diarios que se mete en el trabajo de Sabella. Si no dice nada se le pregunta para qué es el capitán y el gran referente.

Somos así. Sin filtro. Exagerados. Tendenciosos. ¿Podremos ser lo más subjetivamente objetivos que nos dejen ser? Dejar de lado críticas durísimas y esperanzas voluntaristas. Hay tiempo para darnos cuenta.

DZ/sc

Fuente Especial para Diario Z
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