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TEMAS DE LA SEMANA

La llamada

Frente al incesante crecimiento de las líneas móviles, el teléfono hogareño se reinventa.

Por Ignacio Guebara
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Interior, casa de la protagonista, noche. Teléfono que suena en las penumbras. La chica atiende la llamada; del otro lado de la línea, el asesino le anuncia que ha llegado su turno. A grandes rasgos, este es uno de los grandes tópicos del cine de terror: el teléfono como elemento de suspenso. El género ha hecho uso y abuso del popular aparato, convirtiéndolo en un elemento central del argumento de decenas de películas, desde La llamada fatal de Alfred Hitchcock, hasta Scream, que obtuvo récords de taquilla tras su estreno en 1997.

El resto de Hollywood también integró al noble dispositivo a sus historias. Strassa, el jefe de la Gestapo en Casablanca, muere con el tubo en su mano tras un disparo de Rick, el personaje encarnado por Humphrey Bogart. Más cerca en el tiempo, Enlace mortal (2002) trascurre casi en su totalidad en una cabina telefónica. El cine argentino no es la excepción. Su época de oro coincide, al igual que en Italia, con el auge de las comedias de «teléfonos blancos», con historias pasatistas y un star system vernáculo que garantizaba el éxito inmediato.

Los teléfonos también fueron motivo de disputa y polémica. El mejor ejemplo es el famoso video del «caso Roswell», un registro fílmico de una supuesta autopsia a un extraterrestre que «Chiche» Gelblung se encargó de popularizar en nuestro país en los 90. Quienes refutaban la veracidad de ese material se aferraban a una prueba clave: en la imagen se veía un teléfono con cable en espiral, un aparato que -juraban- no existía en 1947, la fecha en la que se habría grabado la secuencia. La empresa AT&T, fabricante del equipo que aparecía en pantalla, terminó con las conjeturas al indicar que ese tipo de cable existía desde 1938.

En un aviso publicitario argentino de la década del 80, una jovencita le anotaba su número a un muchacho en un pequeño papel. Los creativos no tuvieron mejor idea que poner un teléfono real en ese papel: el conmutador de la agencia en la que trabajaban. El resultado fue indeseado aunque esperable: cientos de llamadas diarias preguntando por la chica del comercial. Para evitar esos inconvenientes, desde hace varias décadas las compañías telefónicas norteamericanas reservan una característica completa -la 555- para uso exclusivo de la ficción. Hay fanáticos, incluso, que mantienen sitios de internet con verdaderas guías telefónicas de esos falsos abonados.

¿Cuántas historias del cine y la televisión hubieran cambiado rotundamente si los celulares existieran desde siempre? Un sitio web, College Humor, produjo un sketch en el que desarrollan ucronías varias. «Kevin, vete a la casa de un amigo», aseguran que le hubiera indicado su madre al protagonista de Mi pobre angelito, entre otras situaciones. ¿Hubieran encontrado más rápido a Mamá Cora en Esperando la carroza? ¿Cuánto se hubiera reducido el derrotero de los personajes de Los tres berretines? Por suerte, tal vez, nunca lo sabremos.

DZ/sc

 

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