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Actualizado: 20/09/2016 09:27:39
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TEMAS DE LA SEMANA

La higiene urbana es un eje central

Por Laura Rocha.

Por Laura Rocha
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Estamos invadidos. Ratas, palomas, cucarachas y murciélagos ya forman parte de la fauna urbana de la ciudad de Buenos Aires. Si bien puede pensarse que existen y son un problema en muchas de las grandes urbes del mundo, lo más alarmante en el ambiente porteño es la multiplicación en los últimos tiempos.

Aunque los expertos aseguran que es un mito urbano que haya siete ratas por habitante, nadie descarta que esto sea cierto. Pero claro, la suciedad y la abundancia de alimentos colaboran enormemente con la diseminación. Palermo, Villa Crespo y Puer­to Madero son los barrios en donde se han recibido las últimas denuncias, según los propios registros del gobierno porteño.

Claudio Bertonatti, museólogo y director del Zoo de Buenos Aires explica que el sistema de desagües pluviales y cloacales son las «cuevas» o «cavernas» perfectas para estos roedores. Esto, por supuesto, sin mencionar la enormidad de desperdicios que se ven en nuestras calles (los últimos días fueron un sobrado ejemplo).

Respecto de la paloma torcaza, el problema es doble. Si bien los especialistas niegan que se trate de una plaga, se ha com­probado que hallaron en los pulmones de manzana, aquellos que tienen vegetación y cuentan con espacios para anidar, como «espejos» de su hábitat natural. El reducto se asemeja al lugar del monte en donde se reproducen y es desde allí donde vuelven locos a los vecinos. La zona norte de la ciudad y San Telmo están entre las más afectadas. La explicación de la superpoblación está en el otro componente del problema: al no ser nativas, estas aves no tienen predador. Y la abundancia de alimento -podría decirse que son omnívoras- permite un crecimiento geométrico de su población.

El murciélago meloso es otro ejemplo. Ha encontrado en los taparrollos de las cortinas el lugar ideal para vivir: buena tempe­ratura, oscuridad y protección.

Las cucarachas, famosas por soportar hasta la radiación se­gún la fábula urbana, también son parte cotidiana de nuestra vida. De a poco y combatiéndolas como se pueda, los vecinos gastan miles y miles de pesos en trampas, venenos y espanta­dores. Sin embargo, un dato no menor debe tenerse en cuenta: la higiene urbana es un eje central en esta problemática. Ni los vecinos ni el Gobierno debieran olvidarlo.

DZ/km

Fuente Especial para Diario Z
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